
A los pobres se les permitió jugar,

RECOJAMOS LA COSECHA DE LOS ULTIMOS TIEMPOS
¡Vuelve a edificar y verás la bendición de Dios!
LECTURA BÍBLICA (Salmo 27)
VERSÍCULO DE LA SEMANA ANTERIOR: “Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios” (Eclesiastés 5:19).
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Proverbios 23:26)
PREGUNTAS INTRODUCTORIAS
- Según (1 Corintios 14:32) ¿A quiénes se sujetan los espíritus de los profetas?
R/ A LOS PROFETAS
- ¿Qué no es Dios? (1 Corintios 14:33)
R/ DIOS NO ES DIOS DE CONFUSION
- Según (1 Corintios 14:33) ¿Qué es Dios?
R/ DIOS ES DIOS DE PAZ
- ¿Cómo deben estar las mujeres según la ley? (1 Corintios 14:34)
R/ SUJETAS
- Por causa del orden en las reuniones de la iglesia, si una mujer quiere aprender algo, ¿Qué debe hacer? (1 Corintios 14:35)
R/ PREGUNTAR EN CASA
¡VUELVE A EDIFICAR Y VERÁS LA BENDICIÓN DE DIOS!
Introducción: Hageo 2:19: ¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde este día os bendeciré. Hay momentos en los que el ritmo de la vida nos arrastra. Corremos de un lado a otro: buscando el sustento, cumpliendo deberes, alcanzando metas pero en medio del agite, descuidamos la comunión con el Espíritu Santo.
Nos levantamos, trabajamos, servimos, ayudamos, pero el fuego del altar interior se apaga lentamente. Así estaba Israel en tiempos del profeta Hageo, habían vuelto del exilio con sueños de reconstrucción. Pero llegaron las críticas y el desánimo, llevándolos al estancamiento. Dejaron a medias la reconstrucción del templo y empezaron a concentrarse en levantar sus propias casas. Y Dios les habló: Hageo 1:7: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.”. Debemos mirar en donde está nuestro enfoque, en que invertimos nuestro tiempo, si perdemos el enfoque las distracciones rompen nuestra comunión con el Señor.
Pero el Señor no dejó a su pueblo abandonado, hoy nos dice: “¡Vuelve a edificar, y verás mi favor en tu vida!” Hageo 1:2-8 NTV: 2 «Esto es lo que dice el Señor de los Ejércitos Celestiales: el pueblo alega: “Todavía no ha llegado el momento para reconstruir la casa del Señor”». 3 Entonces el Señor envió el siguiente mensaje por medio del profeta Hageo: 4 «¿Por qué viven ustedes en casas lujosas mientras mi casa permanece en ruinas?». 5 Esto es lo que dice el Señor de los Ejércitos Celestiales: «¡Miren lo que les está pasando! 6 Han sembrado mucho pero cosechado poco; comen pero no quedan satisfechos; beben pero aún tienen sed; se abrigan pero todavía tienen frío. Sus salarios desaparecen, ¡como si los echaran en bolsillos llenos de agujeros!». 7 Esto es lo que dice el Señor de los Ejércitos Celestiales: «¡Miren lo que les está pasando! 8 Vayan ahora a los montes, traigan madera y reconstruyan mi casa. Entonces me complaceré en ella y me sentiré honrado, dice el Señor.
Hageo 2:19: Ahora les doy una promesa cuando la semilla aún está en el granero.[a] Todavía no han cosechado su grano, ni las vides ni las higueras ni los granados ni los olivos han dado sus frutos. Sin embargo, de hoy en adelante, yo los bendeciré.
- CUANDO DEJAMOS DE EDIFICAR, DESCUIDAMOS EL ALTAR.
El Señor les estaba mostrando a Israel una realidad espiritual les faltaba dirección. No era que no trabajaran duro, sino que habían puesto la prioridad equivocada. El corazón humano tiene la tendencia a construir su propia “casa” antes que la del Señor, edificamos nuestros planes, proyectos y metas sin invitar a Dios.
El pueblo de Israel decía: “Aún no es tiempo de reedificar la casa del Señor.” Y el Señor respondió: “¿Y es tiempo de habitar en vuestras casas artesonadas, mientras mi casa está desierta?” Dios no estaba hablando de un edificio de piedra, sino del lugar de su presencia, no es un edificio, somos nosotros. Podemos tener logros, estabilidad, seguridad, pero el alma sigue con hambre de Dios, ninguna bendición sustituye la presencia de Dios. Hageo 1:9: “Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo.” Cuando el altar se descuida: el gozo se vuelve mecánico, la oración se vuelve monótona y el servicio se vuelve pesado. Pero cuando el altar se restaura, el alma vuelve a arder. Por eso, antes de pedirle a Dios que cambie sus circunstancias, pregúntele: “¿Está encendido mi altar?”
- CUANDO VOLVEMOS A EDIFICAR, NUESTRO ESPÍRITU SE ENCIENDE
Hageo 1:14 NTV: 14 Entonces el Señor despertó el entusiasmo de Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y de Jesúa, hijo de Jehosadac, el sumo sacerdote, y de todo el remanente del pueblo de Dios. Comenzaron a trabajar en la casa de su Dios, el Señor de los Ejércitos Celestiales.
Qué poderoso, Dios no los condenó por haber parado, les dijo: “¡Levántense! Todavía hay trabajo por hacer.” Hageo 1:12-13: “Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de Jehová. 13 Entonces Hageo, enviado de Jehová, habló por mandato de Jehová al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Jehová. Cuando primero creemos y obedecemos después vemos los resultados. La presencia de Dios vino desde el momento en que decidieron obedecer, no cuando estuvo terminada la obra.
- LA OBEDIENCIA ES LA LLAVE DE LA BENDICIÓN.
El pueblo había trabajado sin fruto, había sembrado mucho y recogido poco pero cuando decidieron volver a poner a Dios como el número uno, todo cambió. Lo que antes se perdía, empezó a multiplicarse; lo que antes estaba seco, comenzó a florecer. Cuando obedece, aunque no entienda, está declarando: “Señor, confío más en tu palabra que en mi lógica.”Muchos hoy pueden estar comenzando desde cero y piensan que lo perdido no se puede recuperar. La obediencia no solo nos lleva a cumplir un mandato; nos lleva a disfrutar de su presencia.
Hageo 2:19: Ahora les doy una promesa cuando la semilla aún está en el granero.[a] Todavía no han cosechado su grano, ni las vides ni las higueras ni los granados ni los olivos han dado sus frutos. Sin embargo, de hoy en adelante, yo los bendeciré. La bendición de Dios no llega cuando la cosecha madura, sino cuando el corazón se alinea con el corazón de Dios. El pueblo todavía no veía fruto; el terreno seguía seco, las paredes apenas se levantaban pero Dios ya había pronunciado una palabra de bendición.
La obediencia siempre activa la restauración: El Señor restaura la provisión, lo que antes no rendía, empieza a multiplicarse. El Señor restaura la alegría: la carga se vuelve liviana porque sabe que Dios está en usted. El Señor restaura la unción: el Espíritu renueva el fuego que parecía apagado. El Señor restaura el gozo de servir: ya no sirve por deber, sino por amor. Hageo 2:9: “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera.” El altar que El Espíritu Santo reconstruye hoy será más fuerte que el anterior.
Conclusión: Quizás vea solo ruinas de sueños que se apagaron, de cosas que creyó perdidas. Pero hoy el Señor le dice: “No he terminado contigo. Todavía hay un altar que levantar.” Vuelve al monte, al lugar de intimidad con Dios. Vuelve a traer madera que es el material de la obediencia diaria. Vuelve a orar como antes o más. Vuelve a servir con alegría. Vuelve a creer. No tema a sus escombros, porque Dios usa los restos de ayer como base para la gloria de mañana. El mismo que lo vio empezar es el que lo sostiene hasta terminar. Así como despertó el espíritu de Zorobabel, hoy despierta su espíritu, y le dice: “Desde este día te bendeciré.

