
CUANDO ÉL ABRA PUERTAS, NADIE PODRÁ CERRARLAS

LA FE QUE SE VE
EL PODER DE NUESTRAS PALABRAS
Texto Principal: Marcos 11:23; Proverbios 4:20-22.
Introducción: Las palabras que salen de nuestra boca crean las cosas que afectan nuestra vida, buenas o malas; todo depende de la naturaleza de las palabras que declaramos. Si hablamos mal el mal nos sobrevendrá; si hablamos la palabra de fe, activamos el poder de Dios en nosotros y los milagros sucederán.
I. LA BIBLIA NACIÓ DE DIOS.
La Biblia nació de Dios. Él la hizo nacer. La Palabra de Dios es vida (Proverbios 4:20-22) “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”.
Dios está en su Palabra. Ella es parte de Él.
Conocemos a Dios por su Palabra. Él se ha expresado a sí mismo en ella. (Isaías 55:11) “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.
II. LIBERANDO EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS EN NOSOTROS.
La Palabra de Dios vive para siempre (1 Pedro 1:23-25) “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Porque: toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; más la Palabra del Señor permanece para siempre. y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”.
- La Palabra de Dios vive en nosotros.
- El Señorío de la Palabra está sobre nosotros.
- Conocemos al Señor Jesús por sus Palabras.
- EL SEÑOR JESUCRISTO NO DUDÓ DE LO QUE LA PALABRA DEL PADRE HARÍA EN SU BOCA.
El Señor Jesús sabía lo que la Palabra del Padre haría en sus labios (Juan 14:10) “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, Él hace las obras”. El Señor declaró la Palabra del Padre y los milagros sucedieron.
El Señor Jesús declaró vida cuando aún el cuerpo de la niña estaba muerto (Marcos 5:39-42) “Y entrando les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente”.
El Señor Jesús le dijo al ciego, ve a lavarte. (Juan 9:7) “y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.”.
El Señor le declaró la sanidad de la lepra (Marcos 1:41-42) “Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquel, y quedó limpio.”
El Señor Jesús declaró la palabra y el dinero vino milagrosamente (Mateo 17:27) “Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.”.
El Señor Jesucristo declaró la palabra y la tempestad se calmó (Marcos 4:39) “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza”.
El Señor les ordenó a los demonios que salieran de los poseídos y los demonios salieron (Marcos 1:25-26) “Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Calla, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él”.
El Señor Jesús sanó a los enfermos con la palabra (Mateo 8:16) “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos”.
III. LA PALABRA DE DIOS EN NUESTRA BOCA HARÁ LO QUE DIOS DICE QUE HARÁ.
El Señor Jesucristo no ha cambiado, Él es Dios inmutable (Hebreos 13:8) “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
- El Señor Jesucristo salva, sana y bendice al mundo a través de Su Palabra en nuestros labios.
- Declaremos la palabra de Dios creyendo que Dios la confirma.
- Dios vive en su Palabra que sale de nuestros labios.
Conclusión: La palabra de Dios que mora en nosotros está viva, es poderosa para hacer todo lo que Dios dice que haga. La palabra de Dios viviente (La Biblia) cuando se implanta en nuestro espíritu recreado, es la fuente del poder creativo en nosotros que se libera cuando la confesamos. Dios está en Su Palabra, él la confirma si la declaramos no dudando nada (Marcos 11:23) “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.

