
La acción, sigue a nuestra confesión

NUESTROS PRIVILEGIOS EN CRISTO
Estoy seguro que Dios quiere nuestra prosperidad
Estoy seguro que Dios quiere nuestra prosperidad. La principal razón que Dios tiene para bendecirnos con la prosperidad es que Él quiere que nosotros funcionemos como sus banqueros. Sabemos por la Palabra de Dios que la miseria no es algo para lo que fuimos predestinados, y que la abundancia nada tiene que ver con que seamos personas con mucha suerte, como algunos enseñan. No es cuestión de suerte o predestinación, sino de conocer y obedecer las leyes divinas que rigen la prosperidad.
Durante muchos años yo prediqué y enseñé acerca del texto “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Por lo general lo apliqué como mensaje evangelístico, diciéndole a los oyentes que Jesús es la verdad, y que si aceptaba a Jesús como su Salvador, sería libre del pecado y la condenación. Pero este versículo de la Biblia, nada tiene que ver con los no creyentes, ni se refiere a la salvación. (Juan 8:31) aclara que el Señor se estaba refiriendo a algunos judíos que ya habían creído en Él. Los primeros que escucharon esas palabras ya eran creyentes, pero sus mentes todavía estaban bloqueadas por algunas mentiras que los ataban y les impedían desarrollar todo el potencial de la nueva vida que Dios tenía planeada para ellos.
Nosotros los creyentes en Cristo, debemos permanecer en la Palabra para ser librados de los pensamientos engañosos que aprendimos de los religiosos. Una de las ideas esclavizantes es la que Dios no se interesa por las cosas materiales, así que nosotros tampoco deberíamos preocuparnos por ellas. Esa es una falsedad.
El 20% de la Biblia está dedicado a hablar de trabajo, de oro, de tierras, de dinero, de ganado y de todo tipo de bienes y posesiones que podamos imaginar. Capítulos enteros y parábolas completas fueron escritos para que aprendamos que Dios si quiere y se preocupa por nuestro bienestar material.
Con frecuencia escuchamos acerca de algún padre de familia desempleado que no puede alimentar a sus hijos, de una madre que no tiene dinero para enviar a su hija a la escuela, de una familia que está a punto de ser arrojada a la calle porque no puede pagar el alquiler de la casa, o de alguien que ve que sus deudas se acumulan cada mes sin esperanza de poder cancelarlas.
Todas estas personas deben saber que Dios se ocupa de sus necesidades, y que Cristo ya hizo la provisión para que ellos salgan de esa condición de miseria y empiecen a prosperar. La pobreza por sí misma, nunca glorifica a Dios; sino que más bien produce desaliento, frustración y rebeldía. Muchos hijos de pastores no son creyentes porque sienten rebeldía contra el Dios de sus padres. Toda su infancia y juventud la tuvieron en la miseria, con poca comida, vistiéndose con ropa desechada por otros hermanos, oyendo las conversaciones angustiadas de sus padres y creyendo que el Dios al que ellos servían era una persona tacaña. Como necesitan nuestras familias e iglesias ser liberadas por la verdadera enseñanza de la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios es viva, eficaz e inmutable. Dios quiere, y Él desea nuestro bienestar. La prosperidad de Dios viene como resultado de nuestra fe, nuestra obediencia a la Palabra de Dios. La prosperidad no consiste simplemente en acumular tesoros en la tierra, la prosperidad es integral, y en ella no hay egoísmo.
Si pensamos los pensamientos de Dios acerca de la prosperidad, no podemos marginarnos del principio fundamental que está en el dar a la obra de Dios ofrendas y diezmos. Esta es la única forma como podemos liberar el poder para hacer las riquezas.
Dios quiere que comamos bien, hasta saciarnos y vistamos espléndidamente (Isaías 23:18); pero no nos olvidemos del Señor, porque Él es quien nos da el poder para hacer las riquezas (Deuteronomio 8:18); recordemos el mandato bíblico de honrar a Dios en (Proverbios 3:9-10) “Honra al Señor con sus bienes, y con las primicias de todos tus frutos”. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO

