
SANIDAD DIVINA PARA TODOS
JESUCRISTO EL SANADOR
Texto Principal: Hechos 10:38
Introducción: El Señor Jesucristo es nuestro Sanador, no hay enfermedad que Él no pueda sanar, Él sana gratuitamente. La sanidad es un regalo de Dios lo mismo que la salvación para el alma. En la cruz el Señor Jesús llevó nuestras iniquidades y también nuestras enfermedades.
I. EL ESPIRITU SANTO UNGIO AL SEÑOR JESUS CON PODER
El Señor Jesucristo fue ungido con el Espíritu Santo y con poder. (Hechos 10:38).
- En el río Jordán el Espíritu Santo vino sobre Él y lo llenó con Su poder (Mateo 3:16) “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”; (Juan 1:32) “También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él”.
- Jesús lleno del Espíritu Santo (Lucas 4:1) “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto”; (Lucas 4:14) “Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor”.
- EL Señor Jesús impuso sus manos y declaró la palabra sobre dos ciegos y recibieron la vista (Mateo 9:28-30) “Y llegando a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Si, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa”. El poder sanador del Espiritu Santo fluía a través de las manos del Señor Jesús y los enfermos eran sanados.
II. EL MINISTERIO DE SANIDAD DEL SEÑOR JESUCRISTO
El Señor Jesús recorría los campos, aldeas y ciudades predicando el evangelio del reino y sanando a los enfermos; él iba a las plazas públicas y entraba en las casas a donde los aceptaban con el propósito de bendecir a las multitudes necesitadas sanando las dolencias y supliendo sus diversas necesidades. (Mateo 4:23-24) “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó”.
- El Señor Jesucristo sanó a los enfermos con la Palabra. (Salmos 107:20) “Envió su palabra y los sanó; los libró de su ruina”.
- El centurión romano. Su criado estaba gravemente atormentado. (Mateo 8:8) “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará”.
- La Palabra de Dios es medicina para todo nuestro cuerpo. (Proverbios 4:20-22) “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”.
- El Señor Jesús con la palabra sanó al hombre con la mano seca: “¡Extiende tu mano!” y al paralítico le dijo: “¡Toma tu lecho y vete a tu casa!”.
III. LA PALABRA DE DIOS EN NUESTROS LABIOS NO PIERDE LA EFICACIA
La Palabra de Dios es íntegra y veraz; la palabra de Dios no vuelve vacía (Isaías 55:11) “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”. Dios desea que disfrutemos de buena salud. Él es Jehová Rapha -Nuestro sanador-. (Éxodo 15:26) “… porque yo soy Jehová tu sanador”.
- Declaremos con confianza la palabra de Dios y ella hará lo que Dios dice que hará. El Señor Jesús es nuestro ejemplo (Juan 14:10) “¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras”.
- El apóstol Pablo con la palabra sanó al paralítico de Listra. (Hechos 14:8-10) “Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él los ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo”.
Conclusión: Los milagros de sanidad que el Señor Jesús hizo aquí en la tierra durante su ministerio, los hizo porque el Padre le dijo los que los hiciera. (Juan 5:19) “…De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hacer el Hijo igualmente”. EL Señor Jesucristo no ha cambiado, Él sigue sanando hoy a través nuestras bocas y manos. Él dijo: en (Marcos 16:18) “…Pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán”. Actuemos con fe en Dios y su palabra; Él confirmará su palabra y los milagros y las maravillas sucederán.

