
En vuestro amor os veis solamente a vosotros en el mundo
Dios no es un mendigo
Si usted es pastor o miembro de una iglesia cristiana, es probable que esté acostumbrado a que cada semana haya casi que rogarles a los miembros de la congregación para que traigan sus diezmos y ofrendas al templo; luego, que esas ofrendas mínimas solo alcancen para pagar arriendos, nómina, servicios públicos, impresión de material para la evangelización y para pagar los espacios en la radio, además de los otros gastos fijos.
Entonces, hay que convocar a una reunión de oración u organizar ventas de cosas o comestibles para tratar de conseguir lo que se necesita para cubrir los gastos de operación de la iglesia.
¿Cree usted que esta es la perfecta voluntad del Señor Jesucristo para la iglesia? ¿Será que el Señor nos dio la orden de ir a todas las naciones a predicar el evangelio a toda criatura y luego se le acabaron los fondos a Él para la obra misionera?
Por supuesto que no. Si usted ha estado estudiando estos principios bíblicos que hemos publicado en las ediciones de las semillas pasadas, estará persuadido de que la voluntad de Dios para Su iglesia es que esta viva en el nivel de la abundancia.
Dios no es un mendigo, sino que, por el contrario, según dice Hageo 2:8, Él es el dueño del oro y de la plata: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.” De Él es la tierra y su plenitud, como lo declaró el rey David en el Salmo 24:1: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.”
Mire lo que la Biblia dice que ocurrió cuando el Señor ordenó la construcción del Tabernáculo en Éxodo 35:21-29. La gente trajo ofrendas: toda clase de joyas de oro, plata, bronce, telas preciosas, maderas finas, especias, aceite, incienso y tejidos finísimos.
Era un desfile de personas que ofrendaban continuamente día tras día. La Biblia dice que por fin los capataces se quejaron ante Moisés diciendo: “El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga.” (Éxodo 36:5)
Apreciados, ¿no les gustaría que un día de estos los servidores y el tesorero de la iglesia se quejaran porque la gente está dando demasiado? Mire lo que dice Éxodo 36:6: “Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más obra para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más.” El mismo Moisés tuvo que dar un anuncio y publicarlo por todo el campamento.
Moisés tuvo que prohibirle al pueblo que siguiera ofrendando. ¡Qué cuadro tan diferente del que vemos a diario en nuestras iglesias!
De acuerdo con Éxodo 36:7, la razón por la que Moisés tuvo que impedir que trajeran más ofrendas fue porque “tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.”
En la medida que cada creyente cumple con el principio de dar sus diezmos y ofrendas, no solo habrá lo suficiente para hacer la obra del Señor y evangelizar al mundo que no conoce las Buenas Nuevas, sino que además Dios se manifestará confirmando Su buena Palabra y devolviéndonos cien veces más de lo que hayamos sembrado en Su obra. Dios no se queda con nada de lo que nos pide; Él nos pide la contribución económica no solo con el fin de que haya suficientes recursos para la evangelización, sino porque esa es la única manera como también podemos ser incrementados.
En Lucas 5:1-11 la Biblia nos habla de la pesca milagrosa, de cómo los pescadores, que habían estado echando las redes para pescar toda la noche, no habían pescado nada. Jesús le pidió a Pedro que le prestara la barca para sentarse en ella y predicarles a las multitudes que lo seguían. Pedro le prestó la barca vacía al Señor, y ya conocemos el resultado: “Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.” (Lucas 5:6)
La única manera para llenar el vacío financiero en nuestra familia es dando los diezmos y las ofrendas para la obra del Señor. Si lo hacemos con convicción, Dios nos dará sobreabundantemente. (2 Corintios 9:8) “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.”
¡ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO!

