
LA LEY DEL ESPÍRITU DE VIDA

La vara y la corrección dan sabiduría
Tened paciencia…
“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor: Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía” (Santiago 5:7).
Una vez que empezamos a operar en la ley de la fe, en la provisión divina, creyendo que se hará una realidad en nuestra vida, y luego que sembramos una semilla de fe en la obra del Señor, entonces todo lo que tenemos que hacer es esperar con paciencia que el fruto comience a manifestarse.
Las riquezas son nuestra herencia, así como también la cosecha. Tengamos por cierto que cosecharemos lo que hayamos sembrado. Es sólo cuestión de tiempo.
Un minero que junto a otro decidió excavar en las faldas de una montaña, luego de pasar algunos días en ese lugar excavando, se rendía y se movía a otro lugar. Esto hizo varias veces abandonando esos lugares al poco tiempo de haber comenzado a excavar. Otros mineros venían luego y comenzaban sus labores donde él ya se había rendido.
Estos con menos trabajo fueron encontrando vetas de oro que el primero perdió por no tener paciencia de continuar laborando firmemente hacia su meta.
Tengamos paciencia en todo lo que emprendamos. Las riquezas pueden estar más cerca de lo que nos imaginamos.
Ser paciente no significa estarse sin hacer nada. No es ser negligente, perezoso, descuidado. Ser paciente es ser perseverante, firme y determinado.
No permitamos que nadie nos quite nuestros sueños, el entusiasmo y el fervor. Hagamos siempre la oración del hombre paciente. “Yo soy como el labrador que espera con paciencia el fruto de su siembra”.
Dios mismo, siendo Dios y habiendo podido crear el mundo en un instante, tomó su tiempo con paciencia para crearlo todo en seis días.
Aprender a ser pacientes es indispensable para recibir las riquezas que como hijos de Dios nos pertenecen.
Controlemos nuestra mente, para que no caigamos en la impaciencia. No oremos como el que le pide a Dios paciencia diciéndole: “Señor, quiero que me des paciencia, pero que me la des ahora”.
La paciencia es una ley que opera cuando tenemos pensamientos positivos. Ordenando nuestras oraciones, confesiones y comentarios en forma positiva.
Mucha gente vive con la mente ocupada solamente en lo que no quisieran. Por eso la paciencia se pierde. Si alguien le preguntara ¿qué es lo que usted quisiera tener? Responderían: “No quiero ser pobre”, “No quiero pasar necesidad”, “Yo no quisiera tener deudas”. Están en una actitud de negación y esto lo que causa es que se queden en el mismo lugar batallando impacientemente para salir de ahí.
Para que la paciencia tenga su resultado positivo, usted tiene que ponerse positivo. Esa es la ley: Piense en lo que quiere y no en lo que no quiere. Haga oraciones afirmativas y positivas. Diga lo que desea y no lo que no desea. Así verá cómo es más fácil desarrollar la paciencia. La Biblia dice en (Filipenses 4:6-9) “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

