
DEL DESIERTO A LA VIDA ETERNA

Tened paciencia…
LA LEY DEL ESPÍRITU DE VIDA
Texto Principal: Romanos 7:15-25; Romanos 8:1-12; Gálatas 5:16-17.
Introducción: La batalla que se libra dentro de nosotros los hijos de Dios abarca todo nuestro ser; la lucha es si nos rendimos a las inclinaciones de la carne y nos sometemos al dominio del pecado, o si cedemos a las exigencias del Espíritu Santo y vivimos bajo el dominio del Señor Jesucristo. Ese conflicto dentro de nosotros continuará durante toda nuestra vida hasta que seamos transformados para reinar con Cristo.
I. LA CRUCIFIXIÓN DEL VIEJO HOMBRE.
El viejo hombre se refiere a nuestra vida antes de la conversión, es decir, lo que éramos antes del nuevo nacimiento. Estábamos bajo el dominio de la carne.
- El cuerpo de pecado se refiere a la naturaleza pecaminosa dentro de nosotros, no al cuerpo humano. El verbo griego traducido como “sea destruido” no significa ser aniquilado, sino derrotado y privado de poder a través del Espíritu Santo que mora en nosotros.
- La crucifixión del viejo hombre. La cruz significa muerte; un muerto no tiene la capacidad de reaccionar. Crucificar el viejo hombres significa quitarle el control sobre nuestra vida y privarlo del poder. (Romanos 6:6) “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado”.
II. LA CARNE.
La ‘carne’ (gr., sarx) describe la naturaleza humana con sus deseos inmorales. Vivir conforme a la carne es complacerse, ocuparse y hallar satisfacción en sus deseos corruptos.
- La carne permanece en nosotros después de nuestra conversión y es uno nuestros enemigos internos. (Romanos 8:6-8) “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”; (Romanos 8:13) “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”.
- Los que practican los deseos de la carne no pueden heredar el reino de Dios (Gálatas 5:19-21) “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredaran el reino de Dios”.
- Debemos resistir a los deseos de la carne y crucificarla dándole muerte en una batalla continua para ser libres mediante la acción del Espíritu Santo que mora en nosotros.
- El Espíritu Santo requiere de nuestra cooperación. ¿Cómo cooperamos con el Espíritu Santo? con nuestra voluntad. Es una decisión personal.
III. LA LEY DEL PECADO.
La ley del pecado se refiere no solo al hombre como un pecador que se rebela constantemente contra la ley de Dios, sino como alguien que no puede por sí mismo ni quiere cambiar la condición en que se encuentra.
- Pablo relata su propia experiencia como cristiano, para explicar que la ley de Moisés no puede librar a quién está luchando contra la ley del pecado; la ley de Moisés ilumina nuestra conciencia, pero no es capaz de producir santidad en la vida del creyente.
- El problema no está en la Ley de Dios, que es espiritual (Romanos 7:14) “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado”.
- El problema está en la ley del pecado inherente a la naturaleza humana (Romanos 7:23) “Pero veo otra ley en mis miembros, que se revela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”.
- La “ley del pecado y de la muerte” es el poder dominante que esclaviza a las personas en el pecado y las reduce a la miseria (Romanos 7:24) “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
IV. LA LEY DEL ESPÍRITU DE VIDA.
Esta ley del Espíritu de vida es el Espíritu Santo que opera en nosotros los creyentes. El Espíritu Santo se amalgamó en nuestro espíritu para vivir en nosotros y librarnos del poder del pecado.
- La ley del Espíritu va obrando en el creyente recién convertido en la medida que éste se compromete a obedecer al Espíritu Santo.
- La ley del Espíritu de vida es el poder del Espíritu Santo en nosotros que quebranta el dominio de la antigua ley del pecado.
Conclusión: La Ley del Espíritu de Vida prevalecerá sobre la ley del pecado y de la muerte si cooperemos con el Espíritu Santo resistiendo a los deseos pecaminosos y decidiendo someternos a Su dominio.

