
EL PROPÓSITO DE LA UNCIÓN

EL GRAN DÍA DE LA EXPIACIÓN Y EL AÑO AGRADABLE DEL SEÑOR
“LO QUE MERECÍA YO… LO LLEVÓ ÉL: LA CRUZ QUE ME LIBERÓ”
LECTURA BÍBLICA (Habacuc 3:17-19)
VERSÍCULO DE LA SEMANA ANTERIOR: “Y Jehová irá delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides” (Deuteronomio 31:8).
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9)
PREGUNTAS INTRODUCTORIAS
- Según (1 Corintios 10:4-12) ¿Qué debe hacer el que piensa estar firme?
R/ MIRAR PARA NO CAER
- Cuando somos tentados, ¿Qué no dejará nuestro Dios fiel? (1 Corintios 10:13)
R/ SER TENTADOS MAS DE LO QUE PODEMOS RESISTIR
- ¿Qué nos da el Señor cuando somos tentados? (1 Corintios 10:13)
R/ LA SALIDA, PARA QUE PODAMOS SOPRTAR
- ¿De qué debemos huir? (1 Corintios 10:14)
R/ DE LA IDOLATRÍA
- Según (1 Corintios 10:15) ¿Qué somos nosotros los cristianos?
R/ SENSATOS
- Según (1 Corintios 10:16) En la santa cena, ¿Qué representa la copa y el pan que partimos?
R/ LA COPA REPRESENTA LA COMUNIÓN CON LA SANGRE DE CRISTO Y EL PAN REPRESENTA LA COMUNIÓN DEL CUERPO DE CRISTO
“LO QUE MERECÍA YO… LO LLEVÓ ÉL: LA CRUZ QUE ME LIBERÓ”
Introducción: La mayoría de los seres humanos en el mundo cuando escuchan acerca del sacrificio tan cruel de Jesús en el cruz, asumen que fue un martir, otros que fue un acto lleno de vajemenes inhumanos, otros mencionan que fue un ejemplo de amor. El sacrificio del Señor Jesucristo fue más que todo eso, Jesucristo tomó nuestro lugar en la cruz. ¡Él fue nuestro sustituto perfecto!. Cada clavo que perforó sus manos, era una factura que nosotros no podíamos pagar. Cada espina en su corona, una acusación que nosotros merecíamos. Cada azote, una sentencia justa que Él asumió en un acto injusto de amor voluntario.
Isaías 53:4-6: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
I. SU AMOR INMERECIDO ELIMINÓ NUESTRA CULPA PARA SIEMPRE
Isaías 53 nos revela con tanta claridad: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones”. Es decir, no por las rebeliones de Él. No fue una cruz que el merecía. ¡Eran nuestras rebeliones! ¡Era la cruz que merecíamos de manera justa!. La palabra sustitución nos habla de intercambio, de que alguien se colocó voluntariamente en nuestro lugar para pagar lo que nosotros no podíamos pagar. La palabra “sustitución” significa que Jesús no solo murió “por amor”, sino que murió en lugar de alguien, y ese alguien éramos nosotros. Eso lo hizo Jesús.
Romanos 3:23: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Absolutamente nadie se salvaba. Estábamos perdidos. Pero el amor de Dios se manifestó cuando Cristo, sin pecado, tomó nuestro castigo. Todos fallamos, todos pecamos, todos quedamos fuera del alcance de la gloria de Dios, como si hubiéramos sido expulsados de un lugar que ya no podíamos pisar. Pero Dios no nos dejó allí, sino que ideó un plan perfecto: que el justo muriera por los injustos, que el inocente pagara por los culpables, que el Rey tomara el lugar del reo. Ese es el milagro de la sustitución.
II. JESÚS TOMÓ LO QUE TODOS MERECIAMOS
La cruz no fue un accidente, ni un episodio injusto y grotesco de la historia, más bien fue un plan eterno de amor y redención. Desde el Génesis, Dios mostró que el pecado traería muerte, pero también que la sangre de un inocente salvaría al culpable. Génesis 3:21: Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. Cuando Adán y Eva pecaron se escondieron, sin embargo en ese mismo instante Dios mismo sacrificó un animal inocente (implícito por las túnicas de pieles) para cubrir su vergüenza. Es la primera mención de que el pecado trajo la muerte, pero también que la sangre de un inocente cubría la culpa del culpable.
Génesis 4:4-5: Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Dios aceptó la ofrenda de Abel, que era un cordero con sangre derramada, y no la ofrenda de Caín, que era del fruto de la tierra (sin sangre). Esto apunta a que la sangre de un inocente (el cordero) era el camino aprobado para acercarse a Dios. Es una figura temprana del sacrificio de Cristo.
Cuando Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac en obediencia, Dios proveyó un carnero. Génesis 22:13: Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Ese carnero es una sombra de Cristo, nuestro sustituto. Jesús murió en nuestro lugar. No porque nosotros fuésemos buenos, sino porque Dios es bueno. 2 Corintios 5:21: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Eso es sustitución. Él tomó nuestra vergüenza, nuestra culpa, nuestro castigo, para darnos perdón, salvación y vida eterna. No fueron los clavos lo que lo mantuvieron en esas horas de agonía en la cruz, fue su amor. La cruz no es símbolo de derrota, sino de victoria. Ahí se selló nuestra libertad, ahí se escribió nuestro nombre en el libro de la vida.
Hebreos 9:12: y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.
III. VIVAMOS REFLEJANDO EL VALOR DEL SACRIFICIO DE CRISTO
Hay una pregunta que debemos hacernos: ¿Estamos viviendo como personas por las que Cristo tomó el lugar? La obra de Cristo en la cruz no solo nos perdona, nos transforma. Nos llama a vivir en gratitud, en obediencia, en humildad. No se trata de “pagarle” a Dios, porque la salvación es por gracia. Pero sí se trata de honrarlo con la vida que Él nos regaló.
Gálatas 2:20: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. ¿Estamos permitiendo que Cristo viva en nosotros? ¿Estamos dejando que ese sacrificio transforme nuestra manera de amar, servir, perdonar, hablar? La cruz de Cristo rompió cadenas, sanó al enfermo, liberó al cautivo, prosperó al arruinado, levantó al caído, y nos invita a vivir una vida en integridad, guiada por el Espíritu Santo.
CONCLUSIÓN: Hoy debemos entender que la cruz no fue en vano. Jesús murió en nuestro lugar. Fue azotado por nuestras culpas, rechazado por nuestros pecados, y resucitó para darnos vida. Si cree que está lejos, caído, indigno, recuerde: Él ya pagó por usted. No tiene que pagar con culpa lo que ya fue saldado con su misma sangre. Solo crea, reciba, y viva en esa libertad. Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. ¡Acepte ese amor hoy!

