
“LO QUE MERECÍA YO… LO LLEVÓ ÉL: LA CRUZ QUE ME LIBERÓ”

TENGA LA PERSPECTIVA DE UN FUTURO
EL GRAN DÍA DE LA EXPIACIÓN Y EL AÑO AGRADABLE DEL SEÑOR
Texto Principal: Isaías 61:1-2; Lucas 4:18-19; Levítico 25:8-17
Introducción: El Señor Jesucristo, en la sinagoga de Nazaret, proclamó (Isaías 61:1-2):
“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados”.
(Lucas 4:18-19): “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”.
El Señor omitió la frase “día de venganza” porque el propósito de Su primera venida a la tierra fue la redención de la humanidad y darnos la vida eterna, la salvación, la sanidad y la prosperidad. El día de venganza corresponde a la segunda venida de Cristo.
I. EL AÑO DE JUBILEO
El Señor Jesucristo vino a predicar el Año Agradable del Señor (el Año del Jubileo). Este año es una figura de las bendiciones redentoras. Jesucristo lo relacionó con la dispensación de la gracia, que comenzó con Su muerte y resurrección y terminará con el rapto de la Iglesia.
- El Año de Jubileo:
Cada quincuagésimo año era un Año de Jubileo, durante el cual no había siembra ni siega; toda la tierra era restituida a su propietario original, y los esclavos eran devueltos a sus familias. - El orden del Año de Jubileo:
a. El Gran Día de la Expiación (Levítico 16:29-30): “Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”.
- La expiación: la palabra “expiación” significa cubrir. El sumo sacerdote sacrificaba una vez al año un macho cabrío para cubrir el pecado de Israel.
- Los dos machos cabríos (Levítico 16:7-8): “Después tomará los dos machos cabríos, y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos: una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel”.
- El pueblo quedaba libre de sus pecados el Día de la Expiación. Los pecados eran puestos sobre la cabeza del macho cabrío vivo que era enviado al desierto, luego de que el sumo sacerdote confesaba las iniquidades y rebeliones del pueblo (Levítico 16:21-22): “Y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir al macho cabrío por el desierto”.
b. El sonido de la trompeta (Levítico 25:8-9): “Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a ser cuarenta y nueve años. Entonces harás tocar fuertemente la trompeta en el mes séptimo, a los diez días del mes; el día de la expiación haréis tocar la trompeta por toda vuestra tierra”.
II. EL SEÑOR JESUCRISTO ES NUESTRO SUSTITUTO
En el Calvario, el Cordero de Dios fue inmolado para la remisión de nuestros pecados. (Juan 1:29): “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
- Jesucristo llevó nuestros pecados y maldiciones:
- (2 Corintios 5:21): “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
- (Gálatas 3:13): “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)”.
- (Isaías 53:4-5): “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados”.
- Por la muerte y resurrección de Jesucristo fuimos redimidos del reino de las tinieblas.
- El Señor recuperó todo lo que perdimos por el pecado de Adán; ahora podemos volver a nuestras posesiones.
- El sonido de la trompeta es la predicación del Evangelio. El mensaje es que Él llevó nuestros pecados y enfermedades.
(Levítico 25:13): “En este año de jubileo volveréis cada uno a vuestra posesión”.
Conclusión: En el Calvario, el Señor pagó la deuda que teníamos por causa de nuestros pecados. Él nos redimió de las maldiciones de la ley (Gálatas 3:13-14); y ahora, por la fe, podemos disfrutar de todas las bendiciones redentoras.
Todo lo que perdimos por el pecado de Adán, el Señor Jesucristo nos lo devolvió a través de Su muerte y resurrección. Volvamos cada uno a nuestras posesiones. (Levítico 25:10): “Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia”.

