
¿Qué dice Dios?

LA FE NO ES ESPERANZA NI ASENTIMIENTO MENTAL
LA ORACIÓN DE FE PRECEDE A LA CONFESIÓN DE LA PALABRA DE DIOS
Texto Principal: Santiago 1:6; Mateo 21:22; Hebreos 4:14; Santiago 1:22-25; Santiago 5:15-16
Introducción: La oración es uno de los privilegios que nuestro Padre Dios nos ha dado. La oración es el camino más rápido para resolver cualquier situación en la vida. La oración de fe nos asegura el éxito. Dios responde a todas nuestras peticiones.
I. NO ORES PARA TENER FE
¿Cuántas veces hemos orado pidiendo tener fe? ¡Cuán engañados estábamos! Jamás he oído de alguien que obtenga más fe o que su fe aumente por orar por ella.
- La oración que pide fe es una oración que se basa en la incredulidad. Si la incredulidad no estuviera presente en la vida del creyente, este no tendría necesidad de fe; de modo que orar para tener fe es una prueba absoluta de que no se obtendrá.
- Es lo mismo que si un hijo le dijera a su madre: «Madre, quiero que aumentes mi fe en ti. Toda la mañana he estado tratando de creer lo que dijiste acerca de ese viaje el sábado. ¿Será cierto o no?».
- De modo que, cuando oramos pidiendo tener más fe, estamos ofendiendo al autor de la Palabra. No es nuestra intención hacerlo, pero de hecho lo hacemos.
II. LA ORACIÓN DE FE
La oración de fe se fundamenta en la Palabra de Dios; oramos al Padre en el nombre del Señor Jesucristo con la certeza de que Dios nos concede las peticiones que le hayamos hecho.
- Oremos creyendo (Mateo 21:22; Santiago 1:6).
- Retengamos nuestra confesión. La oración de fe precede a la confesión de la Palabra de Dios (Hebreos 4:14). «Por tanto, teniendo un gran Sumo Sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión». (Hebreos 4:14 Nácar-Colunga) «Teniendo, pues, un Gran Pontífice que penetró en los cielos, Jesús el Hijo de Dios, mantengámonos adheridos a la confesión». (Hebreos 4:14 Biblia Amplificada) «Por tanto, si tenemos un gran Sumo Sacerdote que [ya] subió y traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra confesión [de fe en Él]».
- Muchos creyentes oran, pero no reciben la respuesta porque, al no percibirla inmediatamente a través de los sentidos, comienzan a hacer confesiones erróneas como: «Dios no escuchó mi oración», «Seguramente no es su voluntad concederme lo que le estoy pidiendo», «Dios no me considera digno, por eso no responde a mi oración». Esa clase de confesión anula la oración de fe.
- Sigamos creyendo aunque las circunstancias sean adversas. Ganemos la buena batalla de la fe (1 Timoteo 6:12).
III. LA CONFESIÓN DE FE NO ES UNA CONFESIÓN DE PECADO
La confesión hecha con nuestros labios precede a la salvación (Romanos 10:9). (Siempre que se emplea la palabra «confesión», nosotros inconscientemente la relacionamos con el pecado).
- No es una confesión de pecado. Es una confesión de nuestro conocimiento de que el Hijo de Dios murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, y que al tercer día resucitó de entre los muertos.
- Con nuestra boca confesamos el señorío del Señor Jesucristo resucitado y con nuestro corazón aceptamos nuestra justificación y confesamos nuestra salvación. La salvación sin confesión no existe.
- El Señor Jesucristo es el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra confesión (Hebreos 3:1). «Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús». (Hebreos 3:1 Nácar-Colunga) «Vosotros, pues, hermanos santos, que participáis de la vocación celestial, considerad al Apóstol y Pontífice de nuestra confesión, Jesús».
IV. LO QUE DEBEMOS CONFESAR DESPUÉS DE LA ORACIÓN DE FE
¿Cuál es nuestra confesión? Es una confesión múltiple. Que Dios es nuestro Padre, que nosotros somos sus hijos y que estamos dentro de su familia.
- Confesamos que nuestro Padre sabe cuáles son nuestras necesidades y que ya ha provisto lo necesario para satisfacer cada una de ellas (Filipenses 4:19).
- Confesamos la obra consumada de Cristo, lo que somos en Él, y lo que Él es en nosotros. Es una confesión de que «mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4).
- Es una confesión de que cuando oramos, el Padre oye nuestra oración y la contesta, porque Él dijo en (Salmo 34:15-17; Jeremías 33:3; Juan 16:23-24).
- Confesamos que por «Sus heridas fuimos sanados» (1 Pedro 2:24).
- Confesamos que «Dios es la fortaleza de nuestra vida» (Salmo 27:1).
- Confesamos que «todo lo podemos en Aquel que nos está fortaleciendo con su propia habilidad» (Filipenses 4:13). «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».
- Si es un problema de sabiduría, confesemos que Jesús nos ha sido hecho la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:30).
Conclusión: Nuestro Padre Dios oye y responde a la oración de fe. Nuestra fe está basada en lo que la Palabra de Dios dice y no en lo que perciben nuestros sentidos. Mantengámonos adheridos a la Palabra de Dios, declarémosla constantemente y los milagros sucederán. El Señor Jesús dijo: “… lo que diga será hecho” (Marcos 11:23).

