
PROCUREMOS, PUES, ENTRAR EN AQUEL REPOSO

EL BARRO EN LAS MANOS DEL ALFARERO
LA PALABRA VIVIENTE EN NUESTRA BOCA
Texto Principal: Hebreos 4:12, Marcos 11:23, 1 Pedro 1:23, Juan 4:50-54
Introducción: El Señor Jesucristo es la Palabra viviente, EL LOGOS. La Palabra viviente hizo los milagros. La Palabra viviente destruyó la muerte, les dio vida a los muertos.
I. LA FE VS. LA ESPERANZA
Muchos cristianos confunden la fe con la esperanza. Tienen una idea confusa de que si ellos esperan intensamente una cosa podrán obtenerla.
- La fe está en el ahora. La fe es la certeza de lo que se espera. (Hebreos 11:1) «Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Otra traducción dice: «Fe es el título de propiedad de las cosas que se esperan, poniendo a prueba las cosas que no se ven».
- Creer significa actuar. La fe es la causa de la acción. La fe “le da substancia a las cosas que se esperan». La fe trae al tiempo presente las cosas que todavía están en el futuro para nosotros. La esperanza no es del tiempo presente.
- Abraham creyó que las cosas que esperaba ya eran suyas, y resueltamente hizo a un lado la esperanza y reclamó el hijo que Dios le había prometido.
- La fe le da substancia a aquello que esperábamos. No hay esperanza para el que espera, si se mantiene de la esperanza. La oración que se basa en la esperanza es un fracaso seguro. La salvación que se basa en la esperanza jamás llega a madurar. El enfermo que tiene esperanzas de recobrar su salud permanecerá enfermo.
- La esperanza está en el tiempo futuro. El que tiene esperanzas puede ser poseedor en alguna ocasión pero no ahora (Romanos 4:17-18).
- La esperanza que se ve no es esperanza (Romanos 8:24-25).
- Si esperamos la sanidad y sólo abrigamos la esperanza, permaneceremos enfermos.
- La esperanza no tiene bendición para el tiempo presente. El que espera vive de esperanzas. El que abriga esperanza sólo da su aprobación a la Palabra. La admira, sabe que es verdadera, pero no actúa de acuerdo con ella.
- Abraham creyó a pesar de la esperanza y haciendo la esperanza a un lado, se aferró a la Palabra que Dios le había prometido. Cambiemos la esperanza en fe.
II. UN HIJO DE DIOS ES UN POSEEDOR
El creyente es uno que posee. El que sólo tiene esperanza no ha llegado todavía a ser poseedor. El Señor Jesús dijo: (Juan 6:47) «El que cree en mí tiene Vida Eterna».
- Esta es la afirmación de un hecho. Jesús dijo en (Juan 10:10) «…Yo he venido para que tengan vida».
- La vida que el Señor Jesús vino a darnos es la naturaleza de Dios, y esa naturaleza Divina estaba en las Palabras del Señor Jesús. El Señor dijo en (Mateo 24:35) «Mis palabras no pasarán».
III. LA PALABRA VIVIENTE
Jesús era Dios hablando. Dios habla y vigila para que su Palabra haga lo que Él dice que hará cuando la creemos y actuamos de acuerdo con ella. (Jeremías 1:12) “Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra”.
- La Palabra del Señor permanece para siempre (1 Pedro 1:23) «Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre».
- La palabra vivificadora vive en nosotros. La palabra de Dios es el LOGOS viviente. (Colosenses 3:16) «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros». La palabra morará en nosotros en la medida que la practiquemos. Podemos grabarla en la memoria pero si no la practicamos no morará en nosotros.
IV. EL LOGOS DE DIOS EN NUESTROS LABIOS
La palabra griega «LOGOS» es Jesús; somos vencedores sobre satanás y los demonios cuando declaramos el Logos. (Apocalipsis 12:11) «Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos…».
- Cuando hablamos la Palabra viviente, el LOGOS, es como si Él estuviera hablado. Podemos decir Padre: «En el Nombre de Jesús, yo recibo el milagro». «Recibo la salvación de mi familia». La sanidad y la prosperidad en todas las áreas de mi vida, en el Nombre de Jesús.
- Nuestra confesión es el LOGOS viviente, sostengámonos en Él como una afirmación de hecho y Él la confirma porque ¡El LOGOS satisface todas nuestras necesidades! (Filipenses 4:19).
Conclusión: La palabra de Dios es verdadera. No le pedimos a Dios que nos sane, porque «Por cuya herida fuisteis sanados»; simplemente adhirámonos a nuestra confesión de que somos lo que Él dice que somos. Tomemos en serio la Palabra de Dios (1 Pedro 2:24).

