NIÉGUESE A SÍ MISMO, TOME SU CRUZ Y SÍGAME
FAMILIAS FUNDAMENTADAS EN LA PALABRA DE DIOS
NUESTRA CONFESIÓN DETERMINA LA FE O LA INCREDULIDAD
Texto Principal: Marcos 11:23; Hebreos 4:14
Introducción: Las palabras que salen de nuestra boca causan un gran efecto en nuestro corazón y en el corazón del adversario. Cuando el enemigo nos oye hacer una confesión de fracaso, de enfermedad, de necesidad, él no lo olvida; y nosotros descendemos al nivel de nuestra confesión.
I. NADIE SE LEVANTA MAS ARRIBA DEL NIVEL DE SU CONFESION
Si confesamos la enfermedad, ésta se desarrolla en nuestros cuerpos. Si confesamos fracaso financiero, hace el dinero dejará de entrar.
- (Hebreos 4:14) “Teniendo, pues, un gran Pontífice que penetró en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengámonos adheridos a la confesión”.
- Nuestra confesión es que la Palabra no puede ser quebrantada, y que lo que el Padre dice es verdadero.
- Cuando dudamos del Padre, dudamos de su Palabra. Cuando dudamos de su Palabra, es porque creemos en otra cosa que es contraria a esa Palabra.
II. ¿EN QUIÉN ESTÁ PUESTA NUESTRA CONFIANZA?
¿En una persona? ¿En la medicina? ¿En el empleador? ¿En su experiencia? Cualquiera que sea la cosa en que esté puesta nuestra confianza, si contradice la Palabra de Dios, destruirá nuestra fe y nos esclavizará de nuevo.
- Toda persona que camine por la fe tendrá pruebas. Estas no vienen del Padre, sino del adversario.
- El adversario se resiste a permitir que nos escapemos de él.
- Nosotros nos convertimos en un enemigo peligroso para el adversario cuando nos hacemos fuertes para resistirlo, cuando aprendemos a confiar en la capacidad del Padre para satisfacer todas nuestras necesidades.
- Cuando esto se convierta en una realidad en nuestra conciencia, el adversario será derrotado.
III. EL ADVERSARIO TRATARA DE CONFUNDIRNOS
Mientras el enemigo pueda confundirnos y mantenernos en un estado de indecisión, estaremos en una posición desventajosa.
- Fortalezcamos nuestra confianza en la Palabra de Dios y tengamos presente “que ninguna Palabra de Dios está desprovista de poder”. (Isaías 55:11) “Así será mi Palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.
- La Palabra de Dios no fallará jamás. En todo el universo no hay poder capaz de anular una sola Palabra de las que Dios ha hablado. ¡Dios hará lo que Él dijo que hará!
- Dios dijo: “Yo vigilo mi Palabra para ejecutarla” (Jeremías 1:12) “Y me dijo Jehová: Bien has visto, porque yo apresuro mi Palabra para ponerla por obra”. (Versión Amplificada) “Entonces el Señor me dijo: Bien has visto, porque estoy alerta y activo, y vigilo Mi palabra para cumplirla.
IV. NO SEREMOS AVERGONZADOS
Si creemos en Él, no seremos avergonzados (Romanos 10:11) “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado”.
- Nuestra confianza debe estar en la Palabra inquebrantable y viviente; mantengámonos adheridos a nuestra confesión ante cada ataque del enemigo.
(Filipenses 1:28) “Y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios”.
(2 Corintios 2:14-15) “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para esto somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden”.
- Tomemos nuestra posición en Cristo; somos más que vencedores. No importa cuán grande sea la prueba, Dios no nos dejará fracasar.
- No dependamos de las evidencias sensoriales. Dependamos de la veracidad de la Palabra de Dios.
- Nuestra confianza no está en las oraciones de otros, sino en la Palabra inmutable e inquebrantable; no permitamos que nuestras palabras destruyan la efectividad de la Palabra de Dios.
- El nombre de Jesús suple toda necesidad. Toda autoridad está en el nombre de Jesús; todo demonio y toda enfermedad y circunstancia deben doblegarse ante el Nombre de Jesús.
(Filipenses 2:9-11) “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
Conclusión: Mantengámonos adheridos a nuestra confesión y nos acobardemos aunque nos parezca que la situación no tiene solución y que la oración jamás ha de ser contestada. Es la confiada seguridad en Su Palabra lo que nos da la supremacía sobre nuestros adversarios.

