
0782- ROMPA EL YUGO DE LA POBREZA

Dios quiere prosperarnos económicamente
ORANDO CON TODA ORACIÓN Y SÚPLICA EN EL ESPÍRITU
Texto Principal: Efesios 6:10-18 DHH; 2 Corintios 10:3-5)
Introducción: El objeto de la armadura del soldado cristiano es que pueda entrar en el combate de la oración. Un hombre podrá predicar con mucha elocuencia y ser a la vez el más experto ganador de lamas, pero fracasará en su ministerio en ambos casos, si no es respaldado por una vida de oración. El fracaso de todas las empresas cristianas es un fracaso de oración. Solo la oración da el éxito anhelado.
I. ORANDO EN TODO TIEMPO
(Efesios 6:18) “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ellos con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.
Nuestra nación necesita de la oración de los hijos de Dios. La iglesia necesita urgentemente de la oración. No hay nada que pueda tomar el lugar de la oración.
- La oración traspasa nuestros dominios, nuestra esfera y alcanza a otros.
- El Señor Jesucristo está intercediendo por nosotros ante el Padre (8:34) “Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”.
- El Espíritu Santo en nosotros hace intercesión que no puede ser expresada con palabras; él intercede por nosotros con gemidos indecibles (Romanos 8:26) “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismos intercede por nosotros con gemidos indecibles”.
II. DIFERENTES CLASES DE ORACION
Todos los creyentes debemos ingresar en la escuela de la oración con Cristo y aprender el secreto de la súplica y el precioso ministerio de la intercesión. La intersección es la súplica por otros, no por uno mismo. Hay diferentes clases de oración:
- La oración de petición que hacemos en el Nombre de Jesús. (Mateo 7:7-8) “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.
- La oración persistente y tenaz que no cede hasta obtener la respuesta (Lucas 18:1-8) “También les refirió una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar…”.
- La oración que prevalece y vence todo obstáculo y que finalmente nos conduce al puerto seguro.
- La oración de combate, con sus lágrimas y agonías. Jesús en el Huerto de Getsemaní. (Lucas 22:41-44) “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oro, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí está copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”.
- La oración quieta, de fe, cuya voz no se eleva más allá de un simple susurro, pero su persistencia hace estremecer al propio trono celestial.
III. LO QUE HACE LA ORACIÓN
No podemos pasar ningún tiempo en oración sin que nuestro ser se vea afectado por ello.
- La oración nos introduce al compañerismo celestial y nos lleva a un encuentro personal con el Padre, Con el Espíritu Santo y con el Señor Jesús.
- Las tres personas en la Deidad están presentes en la vida de oración.
- Oramos al Padre en el Nombre de Jesús. Oramos por medio del Espíritu Santo.
- La oración se basa en la palabra. Ella pone nuestro corazón en contacto con el Trono celestial.
IV. QUE PASA SI NO PRACTICAMOS LA ORACIÓN
La causa de la irritabilidad, la debilidad y la falta de visión espiritual provienen de no estar en la presencia de Dios a través de la oración.
- Unos momentos con Él nos renueva, y hace que sea fácil el encararnos a los conflictos de la vida.
- La fe nos convierte en triunfadores inteligentes. La fe hace que las montañas y las dificultades tomen su verdadera posición.
- No nos sentamos con El Dios de toda fe y de todo amor por una media hora cada día sin respirar dentro del ambiente de la fe de Dios.
Conclusión: No se puede pasar una hora en comunión consciente con el Padre, con el Hijo, con el Espíritu Santo y con la palabra, sin llevarnos del lugar de la cita la fragancia de la presencia de Dios. Hay una fragancia celestial en torno a Jesús que permanece con las almas que oran.

