EL ESPÍRITU SANTO EN NOSOTROS

La acción, sigue a nuestra confesión
Errores básicos en su actitud hacia el sexo
Los cristianos tienen la tendencia a caer en dos errores básicos en su actitud hacia el sexo. El primer error es considerarlo como una especie de mal necesario. Eso se deriva de la antigua idea griega de que el cuerpo es esencialmente malo, y que la única manera de ser verdaderamente espiritual es someter y suprimir el cuerpo tanto como sea posible. Esta idea no está del todo ausente del Nuevo Testamento. Al escribir a los Corintios, Pablo aboga firmemente a favor del celibato luego establece que, “si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando” (1 Corintios 7:9).
Tal como sucede con muchas ideas erróneas, hay indudablemente un elemento de verdad en la creencia de que el mal tiene una vinculación especial con el cuerpo. Es conveniente reconocer el poderoso potencial del mal que reside en nuestros apetitos sexuales.
Hablando la verdad con claridad, nuestros cuerpos pueden fácilmente ser incitados a la lujuria. Debemos estar en guardia contra esa tendencia mientras dure nuestra vida. Pero esto no debiera arrojar una sombra sobre la relación sexual entre el esposo y la esposa. Dios creó al hombre y a la mujer con capacidad para el placer sexual, y su intención ha sido que ellos gocen de esto en el matrimonio.
El primer error -que considera al sexo como algo bajo y malo- no encuentra defensores en el día presente. Ni siquiera el más conservador de los clérigos sería cazado sosteniendo un alegato a favor de los escrúpulos victorianos. Sin embargo, merece que se mencione, pues aún ejerce cierta influencia sobre las actitudes inconscientes con relativa facilidad. Lo inconsciente tiende a adherirse a los patrones antiguos con tenacidad.
En su reacción contra este primer error, los cristianos han manifestado tendencias a caer en un segundo error más sutil: Esta es la tendencia a una súper- espiritualización del sexo.

