
EL JUCIO FINAL
EL JUICIO FINAL – CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA –
Texto principal: Apocalipsis 20:7-9; Apocalipsis 21:1-5
Introducción: La historia de esta tierra terminará con el juicio final o el juicio del gran trono blanco. Satanás será juzgado y lanzado al lago de fuego; todos los seres humanos que rechazaron la gracia de Dios desde el comienzo de la raza humana hasta el establecimiento del gran trono blanco, y los cielos y la tierra serán igualmente juzgados por Dios.
I. EL JUICIO FINAL
El juicio final es el juicio del gran trono blanco. (Apocalipsis 20:11-15): “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante de Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”.
1. El juicio sobre Satanás. El comienzo del pecado en el universo consistió en la ambición y el deseo de Satanás de ser igual o estar por encima de Dios (Isaías 14:9-17).
Satanás, como príncipe de este mundo, gobierna las potencias mundiales de forma real, aunque invisible (Juan 12:31; Juan 14:30).
Al terminar los mil años, Satanás será suelto de su prisión y dirigirá una última rebelión contra el pueblo de Dios y la ciudad amada de Dios; esta rebelión fracasará. (Apocalipsis 20:7-9): “Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para ir a la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió”.
Satanás es lanzado al lago de fuego. (Apocalipsis 20:10): “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos”. El futuro que le espera a Satanás es terrible. El poder de Satanás no será eterno, porque Dios lo arrojará al lago de azufre ardiente. Allí no reinará, sino que será atormentado eternamente.
2. Los muertos son juzgados. El juicio final llega a los que están espiritualmente muertos, no a los santos. El libro de la vida fue abierto para mostrar que los nombres de los muertos no aparecían en él. (Apocalipsis 20:12): “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”.
Como los redimidos fueron resucitados mil años antes y han estado con Cristo durante ese periodo, los muertos hacen referencia a los impíos fallecidos desde el comienzo de la historia humana hasta el establecimiento del gran trono blanco en la inmensidad del espacio.
3. El juicio sobre los cielos y la tierra. Para borrar toda señal de pecado, habrá una destrucción de la tierra, las estrellas y las galaxias. Serán sacudidos el cielo y la tierra y se desvanecerán como humo (Isaías 51:6): “Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá”. Los cielos y la tierra serán deshechos por el fuego. (2 Pedro 3:7): “Pero los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos”.
4. Cuando esto haya ocurrido, vendrán un cielo nuevo y una tierra nueva (Apocalipsis 21:1).
II. UN CIELO NUEVO Y UNA NUEVA TIERRA
La meta y la esperanza final de la fe del Nuevo Testamento es un mundo nuevo, transformado y redimido, donde Cristo viva con su pueblo y la justicia habite en santa perfección (Salmo 102:25-26): “Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permanecerás; y todos ellos como una vestidura se envejecerán; y como un vestido los mudarás, y serán mudados”. (Isaías 65:17): “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento”. (Isaías 66:22): “Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre”. (Hebreos 1:10-12): “Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos envejecerán como una vestidura, y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán”. (2 Pedro 3:11-13): “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.
Conclusión: La nueva tierra se convertirá en la morada de la humanidad y de Dios (Apocalipsis 21:2-3): “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”.

