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LA UNCIÓN Y EL SEÑORÍO DEL ESPÍRITU SANTO
Texto principal: 2 Corintios 3:17; Lucas 24:49; Hechos 1:4-8.
Introducción: El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Trinidad. Dios es uno en esencia y trino en personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada Persona es distinta de las otras dos, pero las tres comparten la misma naturaleza divina.
La primera referencia al Espíritu Santo en la Biblia se encuentra en Génesis 1:2:
«Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas».
I. LA PERSONA DEL ESPÍRITU SANTO
El Espíritu Santo no es una simple fuerza ni una energía impersonal. Él es una Persona, porque posee voluntad, intelecto y emociones. Además, realiza acciones propias de una persona, como enseñar, guiar, interceder y consolar.
1. El Espíritu Santo posee intelecto, voluntad y emociones.
- Tiene intelecto: «Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1 Corintios 2:11).
- Tiene voluntad: «Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere» (1 Corintios 12:11).
- Tiene emociones: «…por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios» (Romanos 15:30).
2. El Espíritu Santo es el Comandante Supremo del ejército de Cristo, que es la Iglesia.
Él es el Señor de la cosecha (Mateo 9:37-38). Es quien dirige el avivamiento, la evangelización y la obra misionera.
3. Sin la dirección y el respaldo del Espíritu Santo, nuestros planes fracasarán.
II. EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO HOY
El propósito del ministerio del Espíritu Santo sobre la tierra no es el mismo que el ministerio terrenal del Señor Jesucristo. Cristo vino como el sustituto del hombre para pagar la pena del pecado introducido por Adán. Para ello fue necesario que se identificara plenamente con la humanidad, haciéndose verdaderamente hombre.
El Espíritu Santo no vino con un cuerpo físico. Él vino para habitar en todos aquellos que han nacido de nuevo y han llegado a ser una nueva creación en Cristo.
1. El ministerio del Espíritu Santo comenzó el Día de Pentecostés y continuará hasta la segunda venida de Cristo.
2. En el tiempo señalado por Dios, el Espíritu Santo vino para manifestarse en los hijos de Dios. Actualmente ejerce su ministerio en nosotros y por medio de nosotros.
3. El advenimiento del Espíritu Santo al mundo y el ministerio que desarrolla son tan reales y definidos como lo fueron la encarnación y el ministerio terrenal del Señor Jesucristo.
III. EL SEÑOR JESUCRISTO FUE UNGIDO CON EL ESPÍRITU SANTO Y CON PODER
Jesús, el Ungido de Dios. «Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hechos 10:38).
1. El ungido es la persona consagrada por Dios para ejercer un oficio, como rey o sacerdote.
2. La llenura del Espíritu Santo es el revestimiento del poder de lo alto.
- El Señor Jesús fue lleno del Espíritu Santo: «Jesús, lleno del Espíritu Santo…» (Lucas 4:1).
- También declaró: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor» (Lucas 4:18-19).
3. El Espíritu Santo es la fuente del poder de Dios. «Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar» (Lucas 5:17).
IV. LO QUE HACE LA UNCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN NOSOTROS
La unción es la manifestación de la presencia del poderoso Espíritu Santo en nosotros. Él nos revela los pensamientos de Dios, nos guía, nos capacita para hacer su obra y nos libera de las cargas y de la opresión.
1. La unción trae liberación. «Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción» (Isaías 10:27).
2. La unción del Espíritu Santo nos fortalece y nos llena de su favor. «Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando» (Salmo 23:5).
Conclusión: La tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, nos anhela celosamente. Anhelemos también nosotros su presencia y su plenitud cada día. La Escritura dice: «¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?» (Santiago 4:5). Busquemos diariamente su presencia. La unción del Espíritu Santo hace la diferencia en nuestra vida, en nuestro ministerio y en todo aquello que Dios nos ha llamado a realizar.

