
La nueva visión del nuevo usted

LA GRATITUD ES ADORACIÓN
EL SEÑOR NOS LIMPIA DE TODO PECADO
LECTURA BÍBLICA (Deuteronomio 30:1-10)
VERSÍCULO DE LA SEMANA ANTERIOR: “Venid a mí todos lo que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar” (Mateo 11:28)
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre” (Salmo 112:2-3).
PREGUNTAS INTRODUCTORIAS
- ¿En qué debemos ser niños? (1 Corintios 14:20)
R/ EN LA MALICIA
- ¿En qué debemos ser maduros? (1 Corintios 14:20)
R/ EN EL MODO DE PENSAR
- ¿Qué está escrito en la ley de Dios? (1 Corintios 14:21)
R/ QUE EN OTRAS LENGUAS Y CON OTROS LABIOS LE HABLARIA AL PUEBLO
- Dios ha hablado en otras lenguas y con otros labios a su pueblo ¿Cuál es la actitud del pueblo? (1 Corintios 14:21)
R/ NO OÍR LA VOZ DE DIOS
- ¿Qué son las lenguas? (1 Corintios 14:22)
R/ SON SEÑAL
- ¿Para quienes son señal las lenguas? (1 Corintios 14:22)
R/ PARA LOS INCREDULOS
- ¿Para quienes es señal la profecía? (1 Corintios 14:22)
R/ A LOS CREYENTES
EL SEÑOR NOS LIMPIA DE TODO PECADO
INTRODUCCIÓN: En días pasados, en mi casa, lavando los platos, como cualquier día. Observando en el lavaplatos había un pocillo que tenía tinto, y yo simplemente lo puse debajo del chorro del agua. Mientras lavaba la demás loza y el agua caía, pero el pocillo aún se veía sucio. Pero seguí dejando el pocillo debajo de la llave… y mientras más agua caía, el tinto se iba yendo, hasta que el agua salió completamente transparente y el pocillo quedó limpio, sin una gota de tinto.
Y ahí el Señor me hizo pensar en esto: así como ese pocillo estaba manchado por el tinto, nuestra vida también se mancha ya sea por pecado, por decisiones, pensamientos, palabras, heridas. Y así como el agua fue despejando todo hasta dejarlo limpio, la Biblia dice que Dios también nos limpia. Habla de que Él lava nuestros pecados (Isaías 1:18), de que nos da un corazón nuevo (Ezequiel 36:26) y de que hay un “lavamiento de la regeneración y la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).
I. NUESTRO CORAZÓN ESTA MANCHADO POR EL PECADO
La Biblia dice en Romanos 3:23 TLA 23 Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios. Entendemos que no hay excepción: todos hemos pecado, todos nos hemos alejado de la voluntad de Dios. El problema no es solo lo que hacemos, sino lo que somos sin el Señor Jesús, tenemos un corazón que se engaña a sí mismo, que se justifica, que se acostumbra a la mancha.
En Isaías 1:18 el Señor nos muestra como es tan fuerte el pecado: “Vengan ya, vamos a discutir en serio, a ver si nos ponemos de acuerdo. Si ustedes me obedecen, yo los perdonaré. Sus pecados los han manchado como con tinta roja; pero yo los limpiaré. ¡Los dejaré blancos como la nieve! ”Entonces comerán de lo mejor de la tierra;”
El pecar deja una mancha en nuestro espíritu, es como el tinto que estaba en el pocillo, el pecado empieza a adherirse en nuestra vida convirtiéndose en culpabilidad, condenación, hábitos, formas de pensar y demás maneras que sabemos que no agradan a Dios
Cuando leemos lo salmos, vemos con David reconoce su pecado y ora: Salmos 51:2 NTV Lávame de la culpa hasta que quede limpio y purifícame de mis pecados. Y más adelante en el verso 10 dice: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí.
Así como el pocillo no se limpió solo, tampoco nuestro corazón se limpia solo con fuerza de voluntad. La Palabra nos habla de un corazón “de piedra” que necesita ser cambiado por un corazón de carne Ezequiel 36:26 NTV Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo.
Es de valientes admitir que necesitamos que Dios intervenga, que Él sea el que lave, el que transforme, el que limpie de raíz y que no lo podemos hacer con nuestras propias fuerzas. Sin el Señor, nuestro corazón está manchado y no puede limpiarse a sí mismo. Solo así entendemos por qué necesitamos tanto lo que Él hizo y con la obra del Espíritu que continua haciendo.
II. JESÚS NOS LIMPIA DE TODO PECADO
Nuestro Padre no solo nos muestra la mancha, también nos da la solución. La limpieza empieza con Nuestro amado Señor Jesús.
1 Juan 1:7 en la versión Peshitta dice: pero si andamos en luz, así como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todos nuestros pecados. Y Hebreos 9:14 en la versión peshitta dice: ¿cuánto más, pues, la sangre del Cristo, que por el espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo!.
Eso significa que Jesús no vino solo a enseñarnos cosas bonitas. Él vino a cargar con nuestro pecado, con toda esa “mancha” que estaba pegada en nuestro corazón. En la cruz, Él tomó nuestra suciedad, nuestro pecado, nuestra culpa, para que nosotros pudiéramos ser lavados, perdonados y para podernos presentar delante de nuestro Dios.
Recuerdas al pocillo del inicio, el agua no habría limpiado nada si la llave estuviera cerrada. Alguien tuvo que abrir la llave para que el agua corriera. Espiritualmente, la cruz es esa llave que se abrió, recuerda lo que el Señor Jesús hizo: 1. Abrió la puerta camino al Padre. 2. Abrió el acceso a la Gracia. 3. Jesús abrió la posibilidad de ser limpios de adentro hacia afuera.
Tito 3:5 NTV dice: él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo.
No empieza por “yo puedo hacer esto con mi propia fuerza”, no. Empieza por lo que Él ya hizo. Sin el Señor, intentar limpiarnos solos es como pasar el dedo por el pocillo lleno de tinto, lo haremos regar más.
III. EL ESPÍRITU SANTO ES EL RÍO DE AGUA VIVA
Pero Dios no solo se queda en el pasado, es el Dios vivo y Jesús murió y resucitó, y ahora Él ha enviado al Espíritu Santo para trabajar en nosotros, día a día.
Juan 7:37–39 NTV: 37 El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! 38 ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”» 39 (Con la expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en él; pero el Espíritu aún no había sido dado,[b] porque Jesús todavía no había entrado en su gloria).
El Espíritu Santo es como ese agua que sigue corriendo sobre el pocillo de tinto
Cuando puse el pocillo bajo el chorro, no cayó una sola gota y ya. Fue un flujo constante, al principio el agua salía café, luego menos, hasta que terminó clara, transparente. Y de esa manera trabaja el Espíritu en nosotros, Él nos convence de pecado, nos muestra cosas que debemos rendir al Señor, nos recuerda la Palabra, nos da fuerza para cambiar y obedecer.
Leamos nuevamente Ezequiel 36:26 NTV 26 Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo. Eso no suena a algo de inmediato, suena a proceso.
Cada vez que vamos a la presencia de Dios, cada vez que leemos la Palabra, cada vez que oramos con sinceridad, es como volver a poner el pocillo debajo del agua. A veces todavía vemos “tinto” en nuestra vida ero si permanecemos bajo el chorro de la gracia, el Espíritu Santo sigue limpiando, sigue transformando, sigue renovando.
CONCLUSIÓN: Todos somos como ese pocillo con tinto: nuestra vida ha sido manchada por el pecado, pero Dios, por amor, abrió la “llave” de la gracia en la cruz de Cristo, y hoy el Espíritu Santo puede seguir corriendo como agua viva para limpiarnos por dentro.
No es por nuestras fuerzas que estamos limpios, sino al venir a Jesús una y otra vez, Él va limpiando y transformando la manera en que pensamos y vivimos.
Pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9

