
EL SEÑOR NOS LIMPIA DE TODO PECADO

DIOS DESEA PROSPERARNOS
LA GRATITUD ES ADORACIÓN
LECTURA BÍBLICA (Salmo 1)
VERSÍCULO DE LA SEMANA ANTERIOR: “Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies” (Nehemías 9:21)
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Venid a mí todos lo que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar” (Mateo 11:28)
PREGUNTAS INTRODUCTORIAS
Según (1 Corintios 14:16) ¿Por qué si bendecimos solo con el espíritu, el oyente no dice amén?
R/ PORQUE NO SABE LO QUE DECIMOS
¿Cuándo bendecimos con el espíritu, que estamos dando?
(1 Corintios 14:17)
R/ DAMOS GRACIAS
Cuando bendecimos con el espíritu, damos gracias a Dios, ¿Pero, que pasa con el otro? (1 Corintios 14:17)
R/ NO ES EDIFICADO
¿Por qué el apóstol Pablo le daba gracias a Dios? (1 Corintios 14:18)
R/ PORQUE HABLABA EN LENGUAS MAS QUE TODOS
Según (1 Corintios 14:19) ¿Qué prefería Pablo hacer en la iglesia?
R/ HABLAR CINCO PALABRAS CON EL ENTENDIMIENTO
¿Por qué prefería el apóstol Pablo hablar cinco palabras con el entendimiento en la iglesia que diez mil palabras en lengua desconocida? (1 Corintios 14:19)
R/ PARA ENSEÑAR PARA ENSEÑAR A OTROS
LA GRATITUD ES ADORACIÓN
Introducción: El Señor nos sana, nos responde, nos bendice, sin embargo, si somos sinceros, seguimos nuestro camino sin mirar atrás. Nos gozamos del milagro, pero nos olvidamos del autor del milagro. El pasaje que El Señor nos entrega en esta célula, no solo cuenta una historia de sanidad, sino un retrato de la condición humana: diez fueron bendecidos, solo uno volvió
Nueve se conformaron con recibir algo de Jesús, solo uno quiso estar con Jesús. Eso marca toda la diferencia entre una vida religiosa y una vida transformada. Entre conocer de Dios, y conocer a Dios verdaderamente. Hoy abundan los creyentes agradecidos por lo que Dios da, pero escasean los que anhelan conocer su corazón. Muchos oran para recibir, pocos oran para permanecer en él. Debemos ser como este ex-leproso samaritano que no se conformó con la limpieza de su piel, quería intimidad con el Señor. “No te quedes en el milagro. Disfrutemos de su presencia”
I. EL AMOR DE DIOS ES DISPONIBLE PARA TODOS, PERO NO TODOS RESPONDEN A SU AMOR.
Lucas 17:11-19 NTV: Mientras Jesús seguía camino a Jerusalén, llegó a la frontera entre Galilea y Samaria. Al entrar en una aldea, diez hombres con lepra se quedaron a la distancia, gritando: —¡Jesús! ¡Maestro! ¡Ten compasión de nosotros! Jesús los miró y dijo: —Vayan y preséntense a los sacerdotes. Y, mientras ellos iban, quedaron limpios de la lepra. Uno de ellos, cuando vio que estaba sano, volvió a Jesús, y exclamó: «¡Alaben a Dios!». Y cayó al suelo, a los pies de Jesús, y le agradeció por lo que había hecho. Ese hombre era samaritano. Jesús preguntó: «¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve?. ¿Ninguno volvió para darle gloria a Dios excepto este extranjero?». Y Jesús le dijo al hombre: «Levántate y sigue tu camino. Tu fe te ha sanado».
Jesús caminaba entre dos fronteras: Samaria y Galilea. Es un detalle importante, porque él siempre se mueve entre los límites, en los lugares donde nadie más quiere entrar. Donde están los marginados, los excluidos, los que debían gritar “¡ Soy Inmundo!” cuando se acercaba alguien a ellos. Cuando los diez leprosos gritaron “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”, Jesús no los reprendió, no los examinó, no los clasificó…Solo dio la Palabra: “Id, mostraos a los sacerdotes. “Y mientras iban, fueron limpiados.
El Señor responde a todos los que claman, aun a quienes no lo conocen en profundidad. Su amor alcanza antes de que nosotros respondamos. Dios nos bendice, no para conformarnos, sino para que lo busquemos profundamente. Muchos oran pidiendo un toque, una solución, una salida…
pero solo unos pocos se preguntan: “¿Qué quiere enseñarme el Señor con esto?” La sanidad de los diez fue real; pero solo uno recibió una transformación eterna, porque conoció al Dador de la vida. Aquí La diferencia no fue la fe para recibir, sino la fe para regresar a adorar al Señor.
II. VOLVER AL SEÑOR ES RECONOCER QUE EL ES LA FUENTE DE TODA PROVISIÓN.
Volver a Jesús es recordar de dónde viene todo. Es volver al origen, a la fuente de la gracia, al inmutable, así nosotros le demos la espalda. El milagro de los diez comenzó con un mismo clamor, pero terminó con un solo adorador. Hay personas que buscan a Dios por lo que Él hace, pero muy pocos lo buscan por quién Él es. Cuando el samaritano volvió, no lo hizo por obligación. Lo hizo porque su gratitud lo empujó de regreso. Su cuerpo estaba limpio, pero su alma quería ser llena. A veces el creyente se acostumbra al milagro y se queda ahí, ora por trabajo pero se queja del salario y del jefe, oró por un hogar y se queja de la esposa o del esposo. Oró por sanidad y se olvidó del sanador.
Jesús no busca adoradores “bendecidos”; busca adoradores agradecidos. Porque el agradecido no se aleja cuando las cosas van mal, sino que regresa una y otra vez, no a pedir más, sino a entregar el corazón.
Los nueve recibieron limpieza externa. El que volvió recibió sanidad interna. Jesús le dijo algo diferente a lo que dijo a los demás. Lucas 17:19: Y Jesús le dijo al hombre: «Levántate y sigue tu camino. Tu fe te ha sanado[». “Tu fe te ha salvado.”
Fue sanado y fue salvado. Muchos solo quieren ser sanos y se conforman con la sanidad, pero no quieren disfrutar de la salvación. Cuando vuelves a los brazos del Padre, Dios no solo arregla tu circunstancia, sino que te renueva por completo. El samaritano no regresó a cumplir un requisito. Volvió porque entendió algo que los otros no entendieron: que el milagro era solo la puerta, pero la presencia de Jesús era el objetivo. Cada vez que tú vuelves en oración, en adoración, en arrepentimiento, en gratitud vuelves a la fuente de tu vida.
No importa cuánto te hayas alejado, no importa cuánto hayas perdido el rumbo. El valor de volver está en reconocer que Él nunca te cerró la puerta. Volver es decir con el corazón: “Señor, no quiero solo tu bendición… quiero tu corazón.”
III. CONOCER A DIOS ES EL PROPÓSITO FINAL DEL AMOR
Lucas 17:17 NTV: Jesús preguntó: «¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve?. Esa misma pregunta El Señor la hace hoy, no porque Dios no sepa dónde estamos, sino porque quiere que nosotros sepamos dónde nos hemos quedado. El Señor busca corazones que no se alejen tras el milagro, sino que sigan caminando con Él día tras día.
El apóstol Pablo, a pesar de sus años en el ministerio, decía: “Quiero conocerle.” Filipenses 3:10: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos.” Eso es lo que mantiene viva la fe: la sed constante de su presencia. Conocer a Dios verdaderamente implica dejar de verlo solo como un recurso y comenzar a amarlo como una persona viva que nos transforma. Es permanecer, aunque no entendamos todo. Es seguir adorando, aun cuando no haya milagros y cuando volvemos como este samaritano, algo sucede en el alma: Dios deja de ser un concepto y se convierte en una presencia real.
Conclusión: Esta historia nos enseña que muchos caminan lejos después de haber sido bendecidos. Pero Dios no quiere solo darnos milagros, quiere darnos comunión, intimidad y plenitud en su presencia. Él no busca adoradores ocasionales, sino corazones que permanezcan. Si alguna vez el milagro te distrajo, si en algún momento el afán te alejó, el Señor te dice hoy:
“Vuelve. Yo sigo en el mismo lugar. Mis brazos siguen abiertos.” Jesús no preguntó “¿dónde están?” por curiosidad, sino con ternura. Es su corazón que sigue esperando el regreso de sus amados hijos.

