
Tened paciencia…

La buena vida
La vara y la corrección dan sabiduría
En lo que se refiere al proceso de disciplinar a los hijos, la mayoría de los padres cometen el error de usar la paliza como un último recurso. Cuando los razonamientos, alegatos, lisonjas, sarcasmo y amenazas fracasan, el padre airado y desesperado le da una paliza a su hijo.
No ha sido la intención de Dios de que la paliza fuera la última línea de defensa de un padre acorralado. Debe ser la primera acción que tome un padre, en obediencia a Dios, para corregir la desobediencia de un hijo. Es el medio correctivo positivo designado por Dios para librar y proteger a un niño de las garras de su propia terquedad. La Biblia dice: “La vara y la corrección dan sabiduría; más el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Proverbios 29:15).
Los padres deben recordar este hecho simple: Los padres son una autoridad para su hijo. Dios lo ha establecido. No deben discutir con su hijo para que le obedezca. Ni debe amenazarle – ¡Haz esto o te castigo! No, el padre pronuncia una palabra de autoridad. Una palabra correcta, una palabra bien considerada, una palabra que el niño pueda entender y llevar a cabo, una palabra que Dios pueda aprobar y respaldar. Su hijo debe ser enseñado a obedecer su palabra.
Si un niño rehúsa obedecer, debe llevarlo aparte y administrarle la disciplina cabal y bíblica, luego conducirlo de vuelta y repetirle la palabra. Cuando se hace temprano en la vida y de manera consistente, pronto el niño aprenderá que la autoridad de su padre no es cosa de poca monta.
Un niño disciplinado de esta manera requerirá con muy poca frecuencia una paliza. Será un niño feliz, seguro y obediente viviendo bajo la autoridad de su padre y viviendo también de acuerdo con el orden divino.

