
SE CREE CON EL CORAZÓN

LA LEY DEL ESPÍRITU DE VIDA
DEL DESIERTO A LA VIDA ETERNA
LECTURA BÍBLICA (Colosenses 1:3-13)
VERSÍCULO DE LA SEMANA ANTERIOR: “No los temáis; porque Jehová vuestro Dios, él es que pelea por vosotros”
(Deuteronomio 3:22)
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18)
PREGUNTAS INTRODUCTORIAS
Todos los cristianos somos miembros del Cuerpo de Cristo que es la iglesia, ¿Cuántos Cuerpos de Cristo hay en el mundo? (1 Corintios 12:12).
R/ UNO SOLO
Según (1 Corintios 12:13) ¿Quién nos bautizó en el Cuerpo de Cristo?
R/ EL ESPÍRITU SANTO. A TODOS SE NOS DIO A BEBER DE UN MISMO ESPÍRITU
¿El Cuerpo de Cristo es un solo miembro? (1 Corintios 12:14)
R/ NO, EL CUERPO DE CRISTO LO CONFORMAN MUCHOS MIEMBROS
Todos los miembros del Cuerpo de Cristo tenemos una función específica, ¿Quién nos colocó en el Cuerpo de Cristo y nos esa la función específica?
(1 Corintios 12:15-18)
R/ DIOS
¿Cuáles son los miembros del Cuerpo de Cristo son más necesarios?
(1 Corintios 12:19-22)
R/ LOS MIEMBROS QUE PARECEN MAS DEBILES
¿A cuales miembros del cuerpo vestimos más dignamente y tratamos con más decoro? (1 Corintios 12:13)
R/ A LOS QUE PARECEN MENOS DIGNOS Y MENOS DECOROSOS
DEL DESIERTO A LA VIDA ETERNA
INTRODUCCIÓN: El pueblo de Israel había sido liberado por el poder de Dios de la esclavitud de Egipto. El milagro consistió en ver con sus propios ojos muchos milagros que Dios había hecho, como lo fue el mar rojo abrirse, habían experimentado la provisión del maná y Dios dio su palabra que recibirán la tierra prometida, donde fluye la leche y la miel. Aunque físicamente Dios los saco de esta tierra de esclavitud y de desierto, muchas personas seguían en su mente siendo esclavos, tenían una mentalidad de desierto. Dudaban de la palabra de Dios, se quejaban, dice la palabra que preferían volverse a Egipto, no sabían y dudaban si podían confiar en Dios. ¿Cuántas veces hemos tenido nosotros esa mente, esa mentalidad del desierto? Hemos visto milagros, hemos estado sirviendo por años y al mismo tiempo congregándonos en la iglesia, Dios ha respondido oraciones, pero seguimos, quejándonos, dudando de su poder y sin experimentar lo que el Señor puede hacer a través de nosotros. Pero, como cambiamos está mentalidad.
I. LA MENTALIDAD DEL DESIERTO NOS AFERRA AL PASADO
El pueblo de Israel, en medio de las dificultades del camino, se quejaba, leamos Números 14:3-4 NTV 3 ¿Por qué el Señor nos está llevando a esta tierra solo para que muramos en batalla? ¡A nuestras esposas y a nuestros hijos se llevarán como botín! ¿No sería mejor volvernos a Egipto?». 4 entonces conspiraron entre ellos: «¡Escojamos a un nuevo líder y regresemos a Egipto!». Es sorprendente pensar que preferían la esclavitud conocida antes que la libertad que implicaba fe y obediencia, cuántos de nosotros nos podemos llegar a sentir identificados.
La esencia de la mentalidad del desierto es mirar hacia atrás, aferrarse al pasado, dejar que los recuerdos de dolor, pecado o fracaso nos impidan avanzar e ir a la meta que el Señor nos quiere dar. En ocasiones volvemos mentalmente a lo que ya nos destruyó: pecado, desórdenes, relaciones interpersonales que nos rompieron, viejas cadenas de opresión, etc. Sin embargo, la Palabra nos recuerda que en el Señor Jesús hay libertad verdadera. Juan 8:36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Jesús nos invita a no seguir presos del ayer, ni a aferrarnos al pasado, sino a caminar hacia adelante confiando en lo que Él ya ganó para nosotros en la cruz. Recuerda somos la NUEVA creación.
II. LA MENTALIDAD DE DESIERTO NOS HACE CONFORMISTAS
Otra característica de la mentalidad del desierto es el conformismo, y si nos ponemos a pensar muchas veces lo hemos sido. El pueblo de Israel se acostumbró a lo mínimo, al maná diario, a dar vueltas alrededor de la misma montaña, a vivir de lo justo para sobrevivir, pero no vieron más allá. Nunca reclamaron en fe la tierra prometida, porque ya estaban “asentados” en su mediocridad espiritual. Lo mismo ocurre cuando nuestra mente se acostumbra a sobrevivir espiritualmente, hacemos oraciones rápidas e incluso repetitivas, una vida cristiana sin pasión, una fe que se conforma con lo mínimo.
El asentimiento mental nos dice “quédate en lo mismo” “confórmate con tu vida” “para que hacerlo si nada mejora” “será que, si lo lograré”, pero el Señor Jesús nos impulsa a crecer, a ser más como Él, a dar pasos de fe y a salir de la rutina para vivir su plenitud.
III. JESÚS NOS SACA DEL DESIERTO
Pero el Señor Jesús declaró en Juan 10:10 Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Esa abundancia no es solamente material o en lo que podamos llegar a conseguir, también se refiere a que tengamos una vida plena en su presencia, con propósito, paz y gozo, todo esto solo nos lo puede dar el Señor.
Recuerdas cuando Josué y Caleb fueron los únicos que miraron la tierra prometida con los ojos de la fe, los demás veían obstáculos y gigantes y aunque ellos no negaron que había gigantes, creyeron que Dios era más grande que la circunstancia y el problema.
Mientras la mayoría del pueblo se quedó atrapado en su desierto mental, ellos entraron en la herencia de Dios. De la misma manera, nosotros no podemos salir del desierto por nuestras propias fuerzas. Necesitamos y debemos depender plenamente del Señor porque solo Él puede transformar nuestra mente, darnos un corazón nuevo y hacernos caminar en victoria.
La Palabra nos enseña que debemos ser renovados en el espíritu de nuestra mente Romanos 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Esta renovación sólo ocurre cuando reconocemos a Cristo como nuestro nuevo Señor y Salvador de nuestra vida y dejamos que su Espíritu obre en nosotros, también meditando de su exquisita palabra. El Señor Jesús es el verdadero camino de salida del desierto, y con Él entramos a la verdadera libertad y a la vida eterna.
CONCLUSIÓN: El desierto nunca fue el destino final del pueblo de Dios, sino un lugar de paso. Pero la mentalidad de desierto hizo que muchos se quedarán estancados y no disfrutaran de la promesa. Hoy podemos caer en el mismo error si dejamos que la queja, el conformismo y el miedo nos controlen. Pero en Jesús tenemos algo mejor que es la vida eterna. Él rompe las cadenas del pasado, nos libera de la mediocridad y nos abre el camino hacia la vida abundante. No te quedes en el desierto, no te conformes con sobrevivir.

