
LAS MISIONES TRANSCULTURALES

Recuerde: usted no tiene competencia
Los padres consideran a sus hijos como básicamente “buenos”
Desde el tiempo de la Revolución Francesa ha ganado amplia aceptación la idea de que la naturaleza humana es básicamente buena. El “mal” que irrumpe de tiempo en tiempo se debe a la falta de educación y de comprensión, o tal vez a patrones psicológicos infligidos por la cultura y el medio ambiente de uno. Lo que se necesita, dicen, es educación y tal vez algún ajuste en el medio ambiente, de lo económico, social, político, psicológico. Una vez que una persona “comprende”, y una vez que se remueven las restricciones artificiales, florecerá la bondad innata de la naturaleza humana.
Dos guerras mundiales, seguidas por una generación de guerras frías y calientes, han atemperado de algún modo ese optimismo ingenuo referente a la naturaleza humana. Sin embargo, muchas de nuestras presuposiciones y de nuestros juicios están basados todavía en la idea de que la naturaleza humana es básicamente buena, pues esta idea ha penetrado en toda nuestra cultura y pensamiento. ¡Y en no menor grado en la zona de la crianza de los niños! Gran parte de la pesadumbre en las relaciones entre el padre y el hijo tiene sus raíces en esta falsa comprensión de la naturaleza humana.
Los padres consideran a sus hijos como básicamente “buenos”. Cuando se muestran “malos” en una situación particular, el padre comienza a indagar frenéticamente la razón: ¿Qué está estorbando y restringiendo a mi hijo, para que haga una cosa semejante? Primero se emplea la razón. Por su puesto que simplemente él no comprende. Una vez que comprenda, su bondad y lógica innatas habrán de manifestarse.
Recordemos lo que dice la Biblia respecto a nuestra naturaleza humana: “De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el pecado está en mí” (Romanos 7:17-21).
Es por eso por lo que la enseñanza que los padres le imparten a sus hijos desde la temprana edad, basada en los principios y valores espirituales y morales es esencial para el desarrollo de la personalidad de ellos. La Biblia dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Si los niños son instruidos por sus padres desde temprana edad, y la instrucción está fundamentada en la Palabra de Dios, ellos crecerán no solo en estatura sino también en sabiduría e inteligencia; serán hombres y mujeres y bien y tendrán éxito en todo lo que emprendan.
La Palabra de Dios dice en (Proverbios 3:1-6) “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón; y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová y apártate del mal”.

