
La Disciplína

JEHOVÁ JIREH- EL SEÑOR LO PROVEERÁ
La frustración y los fracasos
¿La frustración y los fracasos ante las adversidades que enfrentamos en la vida son situaciones inevitables para los que amamos al Señor?
“Claro que no, a pesar de todas estas cosas, nuestra victoria es absoluta por medio de Cristo, quien nos amó” (Romanos 8:37 NTV).
Los fracasos son, sencillamente, resultados trágicos del mundo de los pensamientos. Usted fracasa sólo cuando piensa en fracasos y decide aceptar los fracasos. Para fracasar, primero tendrá que darse por vencido; para darse por vencido necesita tomar la decisión de no seguir adelante.
Usted es mucho más grande que cualquier cosa o cualquier persona que trate de detenerlo. La Palabra de Dios dice: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). Jamás preste atención a situaciones imposibles, a problemas ni a obstáculos.
Tan pronto las dificultades aparezcan en su camino, transforme esos problemas difíciles en oportunidades que le den la idea de cómo resolverlos. Nada le podrá ofrecer mejores ventajas en la vida que un problema, una vez usted comience a recurrir a Dios y a su sabiduría. Entonces tendrá experiencia y conocimientos que puede poner al servicio de otros para obtener ingresos nuevos.
Como la mayoría de la gente no trata de resolver sus problemas, recurren a especialistas para hacerlo. Usted puede ser uno de esos especialistas. Es más, podrá cobrar un buen precio por sus servicios y la gente se lo pagará gustosamente.
Así que, comience a actuar; suba hasta la cumbre a hacer lo que durante siglos ha producido millonarios: encuentre un problema y resuélvalo. Encuentre una necesidad y súplala. Encuentre una persona lastimada y sánela.
No importan las circunstancias por las que esté pasando en este momento, con la ayuda de Dios usted podrá superar cualquier cosa y convertirá esa adversidad en bendición.
La Biblia dice:
“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por todos nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:31-37).

