
Casadas, estad sujetas a vuestros maridos

LA PALABRA DE DIOS ESTÁ SIEMPRE EN EL “AHORA”
Tener más semilla de fe para plantar en Su obra
Después de haber escudriñado las Sagradas Escrituras acerca de la avaricia, ahora tenemos la convicción de no querer se avaros. Sabemos que Dios quiere que sembremos una buena parte de nuestras posesiones para que Él nos devuelva una cosecha abundante y así tener más semilla de fe para plantar en Su obra. ¿Qué se debe hacer si usted en este momento tiene la convicción por el Espíritu Santo de que en su vida hay un problema de avaricia?
- Confiéselo como pecado. Recordemos que Dios coloca a la avaricia entre los pecados más abominables.
- Ore. En el (Salmo 119:36) el rey David que era un hombre inmensamente rico, él se estaba enamorando de sus posesiones, por lo que le hizo esta oración a Dios. “Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la avaricia”.
- Llénese con la Palabra de Dios. Vuelva a leer todos los textos bíblicos que hemos estudiado en las semillas anteriores y deje que su mente se sature con la Palabra de Dios. Recuerde que David le pidió en oración a Dios “inclina mi corazón a tus testimonios”.
- Dé. No basta con confesar, orar y leer. Para romper el espíritu de avaricia hay que dar en abundancia. Aunque al principio sufra, aunque le duela, usted debe empezar a dar con generosidad ahora mismo.
Uno de los más poderosos principios en la vida espiritual es que cuando somos atacados por un espíritu demoniaco debemos responderle con el espíritu opuesto, pues solamente así ganaremos la victoria. Si usted es atacado por la concupiscencia, respóndale con un espíritu de pureza; si es enfrentado por alguien violento, contéstele con espíritu de mansedumbre; si satanás quiere poner su vida bajo temor, enfréntelo con autoridad.
Pero si el problema es la avaricia, debe atacarlo con un espíritu generoso. En (Mateo 5:40) Jesús dio una de las órdenes más extrañas que aparecen en la Biblia: “Al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa”. En este versículo el Señor no estaba enseñando que si usted llega a la casa y ve a un ladrón llevándose el televisor, debería corres tras él y darle el automóvil para que el pobre ladrón no tenga que irse a pie y cargando el pesado televisor. Si hiciera esto, al día siguiente todos los ladrones de la ciudad estarían visitando su casa, y la de todos los cristianos. Lo que Jesús hizo fue ilustrar un poderoso principio espiritual: cuando alguien movido por un espíritu de avaricia lo esté atacando, usted debe vencerlo con un espíritu de generosidad. Esa es la única manera de quebrantar la maldición de la avaricia en la vida de los creyentes.
La avaricia causa afanes, tensión, insomnio. Cuando estos síntomas los sufre una persona pobre, los médicos lo llaman preocupación o ansiedad; pero cuando lo sufre un rico lo llaman estrés. Pero sin importar como le llamen, la medicina moderna sabe que los afanes y las tensiones, como los que causan la avaricia, son el origen de la mayor parte de las enfermedades modernas. Dios ya sabía esto hace más de tres mil años. (Proverbios 28:16) dice: “El que aborrece la avaricia prolonga sus días”.
Si su sistema nervioso está alterado, si padece de úlcera gástrica, de insomnio, irritabilidad, depresión y neuralgias; entonces usted no está disfrutando de sus riquezas, y tampoco va a vivir mucho tiempo para gozar de ellas. Pero Dios promete que si usted empieza ahora mismo a destruir el espíritu de avaricia con un espíritu de generosidad, sus días serán alargados sobre la tierra. Dios dice: “Amado, yo deseo que seas prosperados en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).
La prosperidad que viene del Señor no le causa angustias ni enfermedades a nadie. La avaricia es una maldición, pero la generosidad la destruye y la extirpa de nuestras vidas. La generosidad trae sanidad a nuestro cuerpo y vida a nuestras almas. (Proverbios 11:25) “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado”. ¿Cómo puede prosperar el alma? Según este texto es mediante la generosidad.
Dios va a honrar a las almas generosas que se limpien de la avaricia y se dediquen a pensar que pueden hacer para bendecir la obra del Señor. (Isaías 32:8) dice: “Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado”. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

