
LA COMPASIÓN DE DIOS

JESUCRISTO EL SALVADOR
PREDICANDO A CRISTO PÚBLICAMENTE Y POR LAS CASAS
Texto Principal: Juan 13:15; Hechos 5:52; Hechos 20:17-21.
Introducción: El deseo del corazón de nuestro Padre Dios es que todos los seres humanos sean salvos, sanos, prosperados y redimidos del reino de Satanás. Nosotros podemos satisfacer el deseo divino si cooperamos con Él predicando el Evangelio a toda criatura, sanando a los enfermos y liberando a los cautivos en el nombre del Señor Jesucristo (Marcos 16:17-18).
I. EL SEÑOR JESÚS PREDICÓ Y ENSEÑÓ EN LUGARES PÚBLICOS Y EN LAS CASAS.
El Señor ministró a las multitudes en lugares públicos y en las casas e hizo muchos milagros entre ellos. Prediquemos el evangelio públicamente y por las casas, vayamos a donde está la gente necesitada. Así lo hizo el Señor, hagámoslo de la misma manera. El Señor Jesús dijo: (Juan 13:15) “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”; (Juan 20:21) “…Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío”.
- El ministerio público del Señor Jesucristo. Él les predicó a las multitudes, los sanó y suplió sus necesidades físicas: (Mateo 4:23-25) “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, los lunáticos y paralíticos y los sanó. Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán”.
- El Señor predicó y enseñó el Evangelio e hizo milagros en los lugares cerrados. En la casa de Capernaum, (Marcos 2:1-2) “Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra”.
II. LA IGLESIA PRIMITIVA Y LA PASIÓN POR LA EVANGELIZACIÓN MUNDIAL.
Los hermanos de la iglesia primitiva predicaron a Jesucristo “públicamente y por las casas” (Hechos 20:20) “Y como nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas”. Como resultado, la iglesia creció espiritualmente y en número.
- Los cristianos de la iglesia del primer siglo tenían un celo y una pasión insaciables para persuadir a los hombres acerca de Cristo. Ellos recordaban la promesa del Señor Jesús de que su regreso sería cuando el Evangelio fuera predicado a “toda criatura”, y para “testimonio a todas las naciones” (Mateo 24:14) “Y Será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin”.
- La iglesia inició con un pequeño grupo de doce personas -los doce apóstoles-, luego en el día de Pentecostés en el Aposento Alto la Biblia habla de ciento veinte hermanos recibiendo la llenura del Espíritu Santo.
- En el primer sermón que predicó Pedro se convirtieron tres mil personas (Hechos 2:41).
- (Hechos 4:4) “Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil”.
- La iglesia se acrecentaba fortalecida por el Espíritu Santo (Hechos 9:31) “y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.
III. LA OBEDIENCIA AL MANDATO DEL SEÑOR JESUCRISTO.
La iglesia obedeció el mandato del Señor de ir y predicar el evangelio a toda criatura; el resultado fue que grandes multitudes recibieron la Palabra y creyeron en el Señor Jesucristo.
- En sólo dos años llevaron la Palabra del Señor a todos aquellos que moraban en Asia. (Hechos 19:9) “Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la Palabra del Señor Jesús”. La iglesia ganó almas de manera continua.
- Predicaron a Cristo públicamente.
- Predicaron el evangelio de casa en casa, y funcionó. (Hechos 5:42) “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo”.
Conclusión: El Señor Jesucristo antes de ascender al cielo nos mandó predicar el evangelio a toda criatura y en todo el mundo. Obedezcamos la orden de Nuestro Señor y Salvador. Si los seres humanos no aceptan a Jesús como su nuevo Señor y Salvador personal, irán al infierno. Nosotros somos responsables de su sangre si no les predicamos a Cristo, las buenas nuevas de salvación.

