
El papel del sexo

La acción produce el rico fruto
EL RAPTO DE LA IGLESIA
Texto Principal: 1 Tesalonicenses 4:16-17; 1 Corintios 15:50-55
Introducción: El rapto de la iglesia es el ascenso al cielo de los creyentes en Cristo que murieron y los que vivimos y mantenemos la esperanza del pronto regreso de nuestro amado Salvador Jesucristo. La palabra griega harpazo, “arrebatados”, indica un acto poderoso y decisivo de Dios que nadie puede resistir. Significa un “tomar por la fuerza”. Este término se emplea en (Mateo 11:12): “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”.
I. ¿CÓMO SERÁ EL RAPTO?
El verbo “arrebatar” en su segunda acepción significa: “llevar tras sí o consigo con fuerza irresistible”. Equivale al verbo griego traducido “arrebatados”. Este acontecimiento se describe en (1 Tesalonicenses 4:17) y en (1 Corintios 15).
- El Espíritu Santo nos revela lo que sucederá cuando Cristo regrese por su iglesia; esto nos afectará a todos los miembros del Cuerpo de Cristo, ya sea que estemos con el Señor o estemos vivos esperando su regreso (1 Tesalonicenses 4:15-17).
- Nuestro Señor Jesucristo, que ascendió al cielo después de su resurrección, “descenderá del cielo con aclamación”. Todo creyente que viva escuchará esa aclamación. Los incrédulos no tienen parte en esto; y la aclamación será una señal para la resurrección de los cuerpos de los que murieron en Cristo.
- Los cuerpos de los muertos en Cristo se levantarán primero. Ellos, juntamente con todos los creyentes que vivamos, seremos arrebatados, para encontrar al Señor en el aire. La resurrección de los cuerpos de los muertos en Cristo será la que tendrá lugar en el Rapto. No es el espíritu el que resucitará; los espíritus de los santos que se han ido ya están con Cristo en el Cielo.
- El espíritu del creyente en Cristo Jesús no puede morir nunca y, por consiguiente, nunca necesita la resurrección. Los muertos en Cristo no están en el sepulcro, sino que viven con Cristo. (Juan 5:24).
- Los que murieron en Cristo vendrán con Él en el rapto a recibir sus cuerpos inmortales y glorificados. (1 Tesalonicenses 4:14) “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”.
- Los que vivimos experimentaremos un cambio en nuestros cuerpos, porque ni la carne ni la sangre pueden heredar al reino de Dios. (1 Corintios 15:50-52) “Por esto digo, hermanos; que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”; (Filipenses 3:20-21) “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.
- Recibiremos realmente un cuerpo inmortal, glorificado, como el de nuestro Señor. El Espíritu Santo nos dice en (1 Juan 3:2): “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es”.
- Nuestro espíritu ya fue conformado a la imagen de Cristo, ahora esperamos la redención de nuestros cuerpos; Dios nos entregará un cuerpo glorificado como el de nuestro Señor (Romanos 8:29).
- Esta es nuestra esperanza (Tito 2:13): “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”.
II. ES EL ESPÍRITU SANTO QUIEN NOS TRASLADARÁ
El Espíritu Santo vino en el tiempo señalado para cumplir una misión definida, y cuando haya realizado su ministerio en la tierra regresará al Padre como lo hizo Cristo. Hay un tiempo señalado para que Él se ausente de este mundo. (2 Tesalonicenses 2:7): “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que Él a su vez sea quitado de en medio”. Quien está impidiendo la obra de Satanás es el Espíritu Santo, pero llegará el momento en que sea quitado de en medio.
- Cuando el Espíritu Santo entró en el mundo, fue encarnado en el cuerpo místico de Cristo, su Iglesia. Desde entonces, el cuerpo de Cristo ha sido su morada. (Efesios 2:22).
- Cuando el Espíritu Santo deje el mundo, no se separará del cuerpo, sino que seguirá morando en el Cuerpo de Cristo.
- En el Rapto, la Iglesia será arrebatada por el Espíritu para ser unida en gloria en Cristo, quien es la cabeza de la iglesia.
- El Espíritu Santo actualmente está formando el cuerpo de Cristo y Él lo presentará delante del Salvador como una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga (Efesios 5:27).
Conclusión: El Espíritu Santo, que en el Día de Pentecostés descendió para formar el Cuerpo de Cristo, en el Rapto regresará al cielo en ese Cuerpo” (Romanos 8:11).

