
BENDECIDOS CON TODA BENDICIÓN EN CRISTO
LO QUE DIOS DICE QUE SOMOS EN CRISTO.
Texto Principal: Santiago 1:18; 1 Pedro 1:23; Juan 1:13; Romanos 3:21-26.
Introducción: La fe es la convicción de lo que no vemos; la fe es certeza, es dar por cierto aquello que no vemos. (Hebreos 11:1) “Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.
¡Si Dios lo dice, así es! Él cumple su palabra. ¡Somos lo que Dios dice que somos; tenemos lo que Dios dice que tenemos; podemos hacer lo que Dios dice que podemos hacer!
I. SOMOS LA NUEVA CREACIÓN.
La Nueva Creación se fundamenta sobre bases legales. El fundamento de la nueva creación es el sacrificio en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
En el momento que aceptamos al Señor Jesús como nuestro nuevo Señor y Salvador, no solo recibimos el perdón de pecados; también recibimos la vida de Dios por el Espíritu Santo que él imparte a nuestro espíritu que estaba muerto en pecados (Efesios 2:1) “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”.
- “Es necesario nacer de nuevo”. (Juan 3:7) “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”. Tuvimos que ser recreados mediante la Palabra del Padre: (Santiago 1:18) “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” y (1 Pedro 1:23) “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre”.
- Somos miembros de la familia del Padre porque respondimos a su llamado. Jamás podríamos haber entrado allí por nuestros propios esfuerzos. (Efesios 2:19) “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”.
- La voluntad del Padre se efectúo por Su Palabra. Él, de su voluntad nos engendró. No fue por nuestros méritos ni por nuestra voluntad; fue por la voluntad de nuestro propio Padre (Juan 1:13) “Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
II.SOMOS LA JUSTICIA DE DIOS.
La redención nos otorga la justicia de Dios sobre la base de la fe en el Señor Jesucristo (Romanos 3:21-26).
- Redimidos por la Gracia de Dios. La gracia es el amor de Dios en acción. Es el amor haciendo algo para nosotros. Fue el amor lo que originó la Encarnación. El amor hizo al Señor Jesús ir a la cruz y hacerse pecado con nuestro pecado; identificándose absolutamente con nosotros, no sólo como hombre (lo cual hizo en la Encarnación y durante su vida terrenal), sino que se identificó con nuestra naturaleza pecaminosa en la cruz.
- Dios cargó sobre el Señor Jesús nuestras iniquidades. (Isaías 53:6) “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Nosotros éramos pecadores pero Él fue hecho pecado. (2 Corintios 5:21) “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
- El Señor Jesucristo siendo pecado fue juzgado como pecado. Fue condenado como pecado. Fue enviado al lugar del sufrimiento donde el pecado le correspondía ir. Allí, Él sufrió hasta que las demandas de la justicia contra nosotros fueron completamente satisfechas.
- El Señor Jesucristo fue “justificado en espíritu” y “Fue vivificado en espíritu”. El fue hecho tan justo como lo fue antes de ser hecho pecado (1 Timoteo 3:16; 1 Pedro 3:18).
- Él fue hecho justo por el Padre, Él es tan justo que se sentó en la presencia del Padre como si jamás hubiese pecado, y se convirtió en la justicia de Dios en nosotros. Ahora podemos permanecer en la presencia del Padre como si el pecado jamás hubiese existido. (Romanos 3:26) “Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él (Dios) sea el justo, y el que justifica al que es de la fe en Jesús.”
- Fuimos justificados en el momento que aceptamos a Cristo como nuestro Salvador y lo confesamos como nuestro Señor. (Romanos 10:9-10) “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.
Conclusión: porque somos la nueva Creación, podemos acercarnos a la presencia del Padre como se acercó el Señor Jesús durante su vida aquí en la tierra. Nuestra redención es obra de Dios, nuestra Justicia es Dios mismo. El Señor Jesús pagó el castigo de todos los seres humanos sobre bases legales y satisfizo las demandas de la justicia divina en forma absoluta. Este no es un problema de lástima. No es un problema de amor maternal que pase por alto la desobediencia y la rebeldía del hijo, sino que es la Suprema Corte del Universo encarándose con nuestra rebelión y con nuestro pecado, en forma tan efectiva que jamás se volverá a convertir en un problema.

