
ESTÉN SIEMPRE LLENOS DE ALEGRÍA EN EL SEÑOR

EL SEÑOR SANA A LOS QUEBRANTADOS DE CORAZÓN
LA PRECIOSA SANGRE DE JESÚS
Texto Principal: Levítico 17:11; Hebreos 9:22
Introducción: Cuando Dios creó a Adán, insufló en él Su propia vida. Esta vida no se limitó a una parte aislada del cuerpo de Adán. Dios puso Su vida en la sangre de Adán. La vida de Dios estaba siendo continuamente bombeada a cada parte del cuerpo de Adán.
I. LA VIDA ESTÁ EN LA SANGRE
La sangre representa la vida animal y humana. En el Antiguo Testamento se sacrificaron los animales para proveerle, a través de la sangre, la expiación a los seres humanos. El sacrificio implica cambiar una vida por otra. (Levítico 17:11)“Porque la vida de la carne en la sangre está…”.
- En el Antiguo Testamento, la sangre de los animales expiaba (cubría) los pecados del hombre.
- Cristo derramó Su sangre para la remisión (remover, desaparecer) de los pecados de la humanidad. (Hebreos 9:22)“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.
II. ¿POR QUÉ ADÁN PERDIÓ LA VIDA DE DIOS?
Adán perdió la vida de Dios que estaba en su sangre por el pecado. Esta vida solo podía ser restaurada al hombre por el plan de redención de Dios. Para que el hombre fuera restaurado a la imagen de Dios, debía tener una vez más la vida de Dios en su sangre.
- El castigo por el pecado tenía que ser pagado con la muerte de un Sustituto perfecto, que debía tener la vida de Dios en su sangre (2 Corintios 5:21). En el plan de redención de Dios, Su Hijo Jesús debía morir y derramar Su propia sangre.
- El Señor Jesucristo no heredó la sangre de Adán. El Espíritu Santo lo engendró en el vientre de María.
- El Señor Jesús fue el Sustituto perfecto que voluntariamente dio Su vida al derramar Su sangre.
III. LO QUE LA SANGRE DE CRISTO HIZO POR Y EN NOSOTROS
- La sangre de Cristo nos limpió de todo pecado. (1 Juan 1:7) “Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.
- A través de la sangre del Señor Jesucristo recibimos la vida de Dios. (Juan 6:53) “…De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”.
- Redimidos de la potestad de las tinieblas por la sangre de Cristo. (Efesios 1:7); (Colosenses 1:13-14)
- Perdonados por la sangre de Cristo. (Efesios 1:7) “En quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de Su gracia”.
- Justificados por la sangre de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 5:9) “Pues mucho más, estando ya justificados en Su sangre, por Él seremos salvos de la ira”.
- La sangre de Cristo limpió nuestras conciencias. (Hebreos 9:14) “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”.
- Por la sangre del Señor Jesucristo tenemos entrada al Padre. Como Adán caminó en comunión con Dios antes que pecara, así por la sangre de Jesús, el creyente, librado de toda culpa y condenación, puede entrar confiadamente en la presencia de Dios. (Hebreos 10:19) “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo”.
IV. NUESTRA COBERTURA ESTÁ EN LA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
La sangre de Cristo es nuestra cobertura. En el Antiguo Testamento, la sangre del cordero sacrificado se rociaba en el propiciatorio para la cobertura o expiación por los pecados del pueblo. De la misma manera, hoy, por la fe, la sangre del Cordero de Dios es nuestra cobertura de protección. Porque estamos bajo la cobertura de la sangre de Cristo, ninguna arma forjada contra nosotros prosperará. (Isaías 54:17) “Ninguna arma forjada contra ti prosperará…”.
- Al caminar en perdón, en obediencia a Dios y por fe, podemos decir y declarar con intrepidez:
- “¡Satanás, estoy cubierto por la sangre de Jesús!”
- “¡Mi familia y mis posesiones están cubiertas por la sangre de Jesús!”
- “¡Satanás, has sido vencido por la sangre de Jesús!”
- “¡Por causa de la sangre de Jesús, no puedes tocarme!”
- ¡Más que vencedores por la sangre de Jesús! ¡Porque Jesús, con Su sangre, venció a Satanás, somos más que vencedores! (Apocalipsis 12:11)
Conclusión: Por el plan de redención de Dios, por el derramamiento de la sangre de Su propio Hijo, fuimos completamente restaurados al estado original de creación y de relación con Dios. ¡Gracias, Padre, por tu amor! ¡Gracias, Señor Jesús, por derramar Tu preciosa sangre en la cruz para nuestra redención total!

