
SOMOS LO QUE DIOS DICE QUE SOMOS, PODEMOS HACER LO QUE DIOS DICE QUE PODEMOS HACER

Despierte de su sueño y comience a trabajar
LA PALABRA DIOS ES ESPÍRITU Y ES VIDA
Texto Principal: Juan 6:63; Hebreos 4:12; 1 Pedro 1:23
Introducción: El Señor Jesús conocía el valor y la autoridad de sus propias Palabras, Él dijo: (Juan 6:63) “… las palabras que os he hablado son espíritu y son vida». Él sabía que Su Palabras es viva.
Él Señor sabía que Sus Palabras comunicaban la vida y la muerte. Cuando Él le habló a la higuera estéril ésta se secó inmediatamente desde las raíces (Mateo 21:19). Cuando le habló al hijo de la viuda que había muerto, este revivió instantáneamente (Lucas 7:14-15) “Y acercándose, tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre”.
I. EL LOGOS DE DIOS ES VIDA
El Espíritu Santo dice que «El logos de Dios es la Palabra viva». (Hebreos 4:12) “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
El Espíritu Santo está repitiendo en diferentes palabras lo que el Señor Jesús dijo: «Las palabras que yo os hablo son Espíritu y son vida».
- La Palabra de Dios nos recreó y nos dio vida (1 de Pedro 1:23).
- Lo que nos hizo nacer dentro del Reino de Dios y nos dio vida eterna, fue la incorruptible Palabra de Dios.
- En el principio la Palabra era el Hijo de Dios, el LOGOS, ahora la conocemos por el Nombre Jesús. (Juan 1:1-3,14).
II. LA PALABRA PARA DARNOS VIDA ETERNA, SALUD FISICA Y EDIFICARNOS EN LA FE
- El Verbo de Dios (la Palabra) nos trajo vida eterna. (Juan 10:10) “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
- El Verbo de Dios (la Palabra hecha carne nos trajo sanidad). (Salmo 107:20) Dios «Envió su palabra y los sanó».
- La Palabra de Dios nos edifica en la fe. (Hechos 20:32) «… os encomiendo a Dios, y a la Palabra de su gracia, la cual es poderosa para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados».
III. NO HAY LÍMITES PARA LA HABILIDAD DE LA PALABRA DE DIOS
No hay absolutamente ningún límite a la habilidad de Dios que nos es manifestada en Su Palabra. (Juan 8:31-32) «Si vosotros permaneciereis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”; (Juan 15:7) «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, podéis reclamar vuestros derechos y se harán realidad para vosotros» (Trad. literal).
- El pensamiento en el griego da la idea de algo que llega a existir o que nace; de modo que la cosa que deseamos, si las Palabras de Jesús se quedan en nuestro espíritu, Dios hará que exista para nuestro provecho.
- La Palabra es de Dios es el aliento de Dios, la mente de Dios, la voluntad de Dios. Es Dios hablando. Es una parte de Dios. Dios y Su Palabra son Uno. Él es la Palabra viviente. Permanece para siempre. Dios está tras Su Palabra. (Jeremías 1”12) «Yo vigilo mi palabra». (Isaías 55:11) «Ninguna palabra de Dios está desprovista de poder».
IV. LA PALABRA DE DIOS EN NUESTRO CORAZON
El poder de la Palabra de Dios en nuestro corazón obra milagros cuando la confesamos con nuestra boca.
- La Palabra de Dios vive en nosotros. Ella es salud y mi fortaleza para nuestros cuerpos. Es el pan de vida. Es la fuerza, la habilidad de Dios en nosotros.
- La Palabra debe ser nuestro confesión. Ella es nuestra luz y nuestra salvación. es nuestro descanso. La Palabra nos da paz en medio de la confusión; nos da victoria en medio de los conflictos. nos da gozo en la desolación. La Palabra en nuestros labios se convierte en la viviente e inspirada voz de Dios.
Conclusión: Todas las grandes hazañas realizadas por los hombres de Dios han sido logradas por la fe en la Palabra de Dios. En la Palabra hecha carne. El Señor Jesucristo es la Palabra viviente. Ahora es nuestra fe en la Palabra Viviente, en la Palabra escrita. Esta Palabra en nuestros labios es la que sana a los enfermos y la que quebranta el poder de los demonios sobre los hombres.

