
Fe para hacer las riquezas

Las riquezas que Dios creó pueden ponerse a trabajar para el bien
Alcances de la vocación de un padre
El sumario más sucinto, y sin embargo de más amplios alcances de la vocación de un padre, se encuentra en una sencilla declaración en la Epístola a los Efesios: “No provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).
De esta manera resume la Biblia el Orden de Dios para los padres bajo el aspecto de tres mandamientos básicos: Ama, disciplina, enseña. Este bosquejo simple de la responsabilidad de los padres toma a Dios mismo como modelo.
Algunas escuelas de filosofía reducen la religión a una “proyección de imagen paterna”; el hombre se siente aterrado por el universo en el cual se encuentra, de cómo se proyecta ese deseo de seguridad y protección de “un padre celestial”.
La Biblia, sin embargo, invierte precisamente este orden. Es Dios quien proyecta una imagen -su propia imagen- sobre el hombre. La Biblia dice: “Creó al hombre a su propia imagen” (Génesis 1:26), y parte de la imagen de Dios en el hombre se descubre en el hecho de que compartimos su paternidad. Dios es el Padre. Todo padre terrenal deriva su calidad paternal de Él. Y Él trata con nosotros, sus hijos aquí en la tierra de acuerdo a este mismo modelo triple. (Hebreos 10:26,27,30,31).
Él comienza con la enseñanza: Nos da un “conocimiento de la verdad”. Cuando la enseñanza es rechazada o ignorada, Él aplica disciplina. Sin embargo esta disciplina no se aparta de Su amor, Él disciplina sobre la base de Su amor. Mire lo que dice la Escritura: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo… Dios os trata como a hijos; porque ¿Qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos” (Hebreos 12:5-9).
En estos versículos vemos que se ha invertido el orden, pero sin embargo el triple molde básico permanece claramente evidente: enseña, disciplina, ama. De este modo expresa su paternidad el Dios eterno, nuestro Padre.
Él es el Padre perfecto. Es el modelo para todos aquellos que tienen el privilegio de reflejar aquí en la tierra la imagen de Su calidad de Padre.

