LEER, PENSAR, CREER, MEMORIZAR, HABLAR Y ACTUAR SOBRE LA PALABRA DE DIOS

El Señor Jesucristo jamás careció de cosas
EL SECRETO DE LA ORACIÓN- DIOS ANHELA NUESTRO COMPAÑERISMO
Texto Principal: Juan 14:23; Hebreos 4:16; 1 Pedro 2:3-5
Introducción: Si no entendemos el significado del anhelo en el corazón del Padre para con sus hijos, estamos fracasados. El Padre anhela nuestro compañerismo.
I. EL LLAMADO A LA ORACIÓN
El corazón del Padre está ansioso de compañerismo con Sus hijos. A través de la oración entramos en la sala del Trono de Dios para disfrutar del compañerismo con Él. El secreto de la oración es entrar en Su presencia.
- El anhelo del Corazón de Dios es la razón de nuestra redención (Juan 3:16.
- El amor de Dios nos llama a tener compañerismo a través de la oración. Este llamado es la prueba de nuestra habilidad para permanecer en Su Presencia.
- Dios nos hizo lo bastante justos para estar en Su Presencia sin reproche o condenación; esto significa que somos bienvenidos a la Sala del Trono.
II. ¿QUE SIGNIFICA ACERCARSE A SU PRESENCIA?
“Acercarse” gr. ‘prosérjomai’: abordar, venir, presentar, adorar. Nos acercamos a la presencia como hijos de Dios (Hebreos 4:16). Nuestro padre Dios no está lejos de nosotros, ya que nuestros cuerpos son su residencia. El acercarnos a Él implica estar en comunión con Él, sin reserva, con franqueza y confiadamente.
- El Trono de la gracia. Nos presentamos ante el trono de la gracias, no del castigo.
- Para alcanzar misericordia por los pecados que cometimos y Su gracia para el presente y el futuro.
(1 Pedro 2:3-5)
III. EL ANHELO DEL PADRE ES NUESTRO COMPAÑERISMO
Compañerismo significa: “beber de la misma copa”.
- Dios podría convertir al hombre en su hijo, pero si ese hijo no tiene compañerismo con el Padre, entonces no habrá gozo en el corazón para ninguno de los dos.
- El Padre ya no está en el Lugar Santísimo. El problema del pecado ya fue resuelto, nosotros recibimos la vida eterna, somos hijos de Dios. El corazón grande y amoroso del Padre dice: “Yo quiero venir y hacer mi morada contigo”. (Juan 14:23) “Respondió Jesús y le dijo: Él que me ama, mi palabra guardará, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”.
IV. ENTREMOS EN SU PRESENCIA CON LA MISMA LIBERTAD CON QUE JESÚS ENTRÓ
Entramos en Su presencia no como los judíos se acercaban a la Presencia de Jehová, o como un pecador podría acercarse; nos acercamos como hijos e hijas de Dios.
- Nuestra justicia fue restaurada, Dios nos justificó. Ahora podemos estar en la presencia del Padre sin sentido de culpabilidad, condenación o inferioridad; y sobre la base de esta justicia tenemos compañerismo con Él.
- La última barrera -el velo- entre el Padre y los hijos fue derribada. Ahora podemos entrar en su presencia con la misma libertad con que Jesús entró.
- La oración no es postrarnos simplemente de rodillas, clamar y mendigar. Ahora como hijos de Dios entramos a la presencia del Padre en plenitud de compañerismo y gozo para obtener la respuesta.
- Podemos acercarnos con nuestras peticiones y angustias y El participa del fruto de nuestros labios. ¡Oh, cuan preciosas son para El nuestras palabras!
- Esto es entrar por el camino nuevo y vivo. Esto es acercarse confiadamente al Trono de la Gracia. Esto es tener compañerismo con el Padre.
V. SOMOS REAL SACERDOCIO
La amorosa invitación a acercarnos con confianza al Trono de la Gracia significa que ahora entramos por el camino nuevo y vivo que Jesús abrió por medio de su gran sacrificio; mediante Su victoria sobre el adversario, la cual hizo posible el nuevo nacimiento y que nuestra posición de hijos sea una realidad.
- Nuestro sacerdocio es un sacerdocio doble no sólo somos un sacerdocio, sino un sacerdocio Real.
(1 Pedro 2:9-10)
- Nuestro sacerdocio Santo consiste en ofrecer sacrificios espirituales aceptables al Padre por medio de Jesucristo. Este es nuestro culto y compañerismo diario con Él. Nosotros siempre nos acercamos a nuestro Padre en el Nombre de su amado Hijo. Nos acercamos con acción de gracias, con adoración, con amor. Le traemos el fruto de nuestros labios. (Hebreos 13:15) “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”.
- Él real sacerdocio es nuestro ministerio público como hijos de Dios; tenemos que demostrar con nuestra conducta y conversación diaria los frutos de ese Sacerdocio Real.
- Pertenecemos al Trono, pertenecemos a la realeza, y estamos manifestando su excelencia y además anunciando su amor, su gracia, su paciencia, la vida eterna, y su misma naturaleza. Pertenecemos a la Realeza.
Conclusión: ¡Qué maravilla! Tenemos acceso al Trono de Dios. Ahora podemos acercarnos confiadamente al Trono de la Gracia a través de la oración, la alabanza y la adoración, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre. ¡Estamos caminando por el Camino Nuevo y Vivo!

