
Nuestro Padre Dios nos ha revelado Su voluntad

El papel del sexo
Durante treinta y tres años
Durante treinta y tres años el Verbo de Dios puso Su Tabernáculo entre nosotros. Así como durante la construcción del Tabernáculo en el desierto y el Templo de Salomón hubo tanta abundancia; también en el ministerio de Jesús la hubo.
Recuerde que Jesús era carpintero. Antes de regresar al cielo Él le habló a sus discípulos una vez más de construcción. Él dijo: “… y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). En la actualidad la iglesia es el templo de Dios, es la habitación del Espíritu Santo en este planeta.
Hoy se necesitan mayores recursos y tesoros más grandes que los requeridos por el tabernáculo, el templo y el ministerio de Jesús. No se trata ahora de construir un edificio lujoso, o de mantener a setenta y dos predicadores.
La obra que se nos ha encomendado es nada menos que ir a las naciones y predicarle a toda criatura.
Para alcanzar esa meta se necesitan imprentas gigantescas que produzcan Biblias. En más de dos mil idiomas diferentes, se ocupan muchos traductores, un gran ejército de misioneros, y cientos de miles de pastores y evangelistas.
Hay que establecer escuelas y hospitales, desarrollar programas para los necesitados, operar estaciones de radio y televisión, hay que lanzar satélites para transmitir el Evangelio a los países donde no permiten la entrada a obreros cristianos.
Debemos comprar terrenos y vehículos, hay que edificar capillas. Hay que grabar videos con mensajes y música cristiana, es necesario equipar oficinas y comprar toneladas de papelería.
Se requiere de instrumentos musicales, sillas y materiales de enseñanza para niños y adultos. Se necesitan comedores, como podemos ver, la lista es casi infinita.
La mente no renovada se desanima ante el enorme costo de la evangelización mundial. Pero la mente renovada se alegra porque sabe que Dios al que servimos nunca nos encomendaría una tarea tan grande sin darnos los recursos espirituales y materiales para llevarla a cabo.
Los cristianos somos los banqueros del Señor. Con nuestro trabajo, nuestra profesión o nuestros negocios estamos extrayendo el dinero del mundo para extender el reino de Dios.
Otra vez estamos despojando a Egipto. Quizá su jefe, su socio o su cliente son ateos, o indiferentes ante el evangelio, o satanistas. Pero cada vez que recibe de ellos un cheque, un billete o una moneda y lo invierte en la extensión del Evangelio, usted está logrando hacer que satanás pague por su propia destrucción.
El enemigo no puede evitar que esto ocurra, porque es el sistema inventado por Dios. Funcionó para Israel en el Antiguo Testamento. Funcionó para Jesús en el Nuevo Testamento. Y funcionará para nosotros cada día de nuestra vida.
La iglesia de Cristo es la obra de Dios. Es la empresa más grande que hay en este planeta y es la única en la que realmente vale la pena invertir. Todos los bancos y entidades financieras quebrarán, y las grandes empresas transnacionales desaparecerán algún día; pero la iglesia de Cristo es eterna porque el Señor la está edificando, y las puertas del Hades nada pueden hacer para detenerla.
Dios va a hacer una gran transferencia de las riquezas que hay en el mundo a las manos de Sus hijos. Seremos sorprendidos por las cosas que Dios hará en los próximos meses en cada uno de nosotros.
Usted y yo debemos prepararnos para administrar estos recursos e invertir los diezmos y ofrendas para la expansión del reino de Dios. Usted está en los planes de Dios en este día profético, prepárese. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

