
¿CUÁNDO SERÁN ESTAS COSAS, Y QUE SEÑAL HABRÁ DE TU VENIDA, Y DEL FIN DEL SIGLO?

Durante treinta y tres años
Nuestro Padre Dios nos ha revelado Su voluntad
Nuestro Padre Dios nos ha revelado Su voluntad respecto a nuestra prosperidad financiera; la voluntad de Dios es que prosperemos en todo lo que emprendamos siempre y cuando apliquemos en nuestra vida diaria los principios para la prosperidad que el Señor nos dejó expresos en las Sagradas Escrituras. El propósito de Dios para Josué, es el mismo para cada uno de nosotros; Dios no ha cambiado. A Josué le dijo: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas” (Josué 1:7). Nuestra prosperidad, produce gozo en el corazón de Dios, la Biblia dice: “Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres” (Deuteronomio 30:9). Practique los siguientes principios para la prosperidad financiera:
- Tome el control de su vida. Sea una persona de acción.
- Jamás espere que las circunstancias sean perfectas.
- Recuerde que el conocimiento, los sueños y la fe solos no son suficientes. Se requiere la acción que es la fuerza que las pone en marcha.
- Si usted tiene temores, haga deliberadamente lo que teme y destruya la fuerza negativa del temor.
- ¡Póngase en marcha! ¡Avance! Jamás espere a ser movido por una oleada especial de emociones.
- Piense en términos de ¡Ahora! No de mañana ni de la semana que viene ni del año que viene.
- Rompa las garras de la inacción que lo inmovilizan; haga algo; dele todo lo que tiene a la vida y la vida le dará todo lo que ella tiene; la vida de Dios tiene abundancia.
Dígase a sí mismo:
A mí me ha puesto Dios aquí para ser feliz y saludable, para vivir en abundancia y tener éxito en la vida. Jamás daré disculpas por tener felicidad, salud, éxito o abundancia.
Pondré mis talentos y habilidades en acción y me pondré en la mejor posición posible para lograr la plenitud de la vida de Dios en mí. No tengo porque sufrir ahora para luego ser digno de tener felicidad en el cielo. Tengo plenitud de vida ahora en el presente. Dios está ya activo obrando en mí.
Cuando vivimos la vida plena, abundante, prospera, saludable y llena de felicidad le causamos deleite al corazón de Dios.

