
El proceso de la renovación

El problema no está de parte de su marido
Desee más allá de lo que satisfaga a la persona común
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe es del tiempo presente, no del futuro. La fe se apropia de las cosas que aún no vemos; es decir, está plenamente convencida de que será así, como la Palabra de Dios lo dice.
La esperanza pertenece al tiempo futuro; son las cosas que anhelamos, las cosas que están en el ámbito de los deseos. Para que los deseos se materialicen, deben estar fundamentados en la fe. Recuerde que la fe llama las cosas que no son como si fuesen.
Dios hace nacer en nosotros los buenos deseos, los anhelos y las ambiciones. (Filipenses 2:13, DHH) “Pues Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo”. Todos los seres humanos tenemos la capacidad para imaginar, desear y anhelar las cosas que necesitamos para vivir bien. Usted tiene el poder para soñar, desear y anhelar.
Su poder para anhelar es más importante que su poder para devengar un salario. La gente que triunfa en la vida se concentra en lo que desea e ignora cualquier limitación que pueda enfrentar. Sueñe más allá de lo que parezca posible. Desee aquello que ha soñado tener. Actúe para hacer esos sueños realidad.
Desee más allá de lo que satisfaga a la persona común; una característica de toda persona triunfadora es que posee un deseo profundo de triunfar. El poder intenso del deseo que hay en usted tiene una manera milagrosa de liberar energía poderosa, la creatividad y una casi sobrenatural atracción para lograr lo que anhela.
¿Qué es lo que usted quiere de la vida con todo su corazón? ¿Acaso es malo desear hacer cosas, ser alguien o tener algo? Helen Keller dice: “Podemos hacer cualquier cosa, si tenemos suficientes deseos de hacerlo y persistimos hasta lograrlo”.
Las religiones han enfatizado el sometimiento, la humildad, el sufrimiento y la pobreza; han santificado la resignación, la sumisión, la concesión y el abandono, y han descuidado las virtudes del positivismo, el desarrollo, la fe, la productividad, el éxito y la obtención de logros.
El sentido común nos dice que Dios no pudo haber creado las riquezas que creó en este mundo para ser monopolizadas por gente que lo ignora. Él creó esas riquezas para el placer, la utilidad y la autorrealización de quienes lo honran y caminan con Él.

