
LAS OBRAS DE LA CARNE

Los hijos deben aprovechar los recursos del hogar
Nada es imposible ni demasiado bueno para usted y Dios
“Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rio, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo” (Génesis 18:11-14).
Nada es imposible ni demasiado bueno para usted y Dios.
La escasez existe solamente en la mente suya; las limitaciones existen solamente en sus pensamientos. Dios no tiene límites. Usted fue creado para ser uno con Dios y participar de todo lo que Dios es y tiene.
Usted es un miembro de la familia del linaje real de Dios. Él le ha dado a usted la herencia de todas Sus abundantes riquezas. Esto puede sonar demasiado bueno para ser verdad, pero es una realidad.
Usted puede estar como los seguidores de Cristo cuando la barca donde estaban se encontró en medio de una tormenta amenazadora. Dice la Biblia: “Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba, y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:36-40).
Mientras ellos tenían miedo y se sentían impotentes, Cristo estaba allí dormido en la barca. Él está también presente en su vida, pero no lo evidenciará a menos que lo invoque, que clame, que ore con fe.
Aterrados los discípulos despertaron a Cristo y Él se puso en pie en medio de la barca. Cuando se puso de pie, la tormenta se calmó y ellos llegaron a su destino.
De la misma manera, usted y yo, debemos Permitirle al Señor Jesucristo, el que vive por siempre, que se ponga de pie en nuestro interior y actúe poderosamente. Para el Señor Jesucristo morando en nosotros, no hay nada que le sea imposible. Recuerde, con Dios todo es posible.

