
Anímese y camine por encima de la situación

Somos de gran valor
A los hijos que son la herencia de Dios
Muchos padres de familia piensan que a los hijos no se les debe disciplinar por causa del amor hacia ellos. Pero, la Palabra de Dios dice lo contrario: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24). Es el sentimentalismo, y no el amor, lo que detiene la disciplina.
La Biblia usa un lenguaje todavía más fuerte. Lo denomina aborrecimiento. La enseñanza que no está respaldada con la disciplina bíblica no le comunica amor y comprensión a un niño. Lo que le comunica es una falta de preocupación.
Un psiquiatra le contó una vez a un grupo de personas creyentes acerca de una pequeña de siete años que le había tocado tratar en calidad de paciente. En cierto punto del tratamiento la niña hizo una declaración que le sorprendió y lo hizo escuchar con atención. “Mi mamá no me quiere, dijo la niña, nunca me castiga”.
La Biblia usa las expresiones más fuertes con respecto a la necesidad de la disciplina. ¿Cuál es entonces el significado de esa suavidad que demanda una crianza sin disciplina? Solamente puede explicarse como una rebelión interna contra la disciplina y la ley, que no cree ni en el juicio ni en el Juez eterno, que rehúsa al gobierno y el deber de la retribución, que priva a todo castigo judicial de seriedad judicial, y entonces, como una consecuencia necesaria, le niega al padre el poder de castigar.
Algunos alegan que mediante el castigo corporal no se produce ningún efecto moral, pues éste actúa únicamente sobre los sentidos. Sostienen que en el futuro la persona evitará el mal por temor al castigo corporal. De esta manera el niño sería conducido por estos mismos medios disciplinarios a actuar por motivos físicos y no por aquellos que son más altos, lo opuesto de toda moralidad, lo opuesto de todo lo que debiera ser efecto de nuestra instrucción.
Debemos como hijos de Dios, a quienes el Señor nos ha confiado este gran privilegio de cuidar y formar, es decir, a los hijos que son la herencia de Dios, y, tomar en serio la Palabra que está en (Proverbios 3:11-12) “No menosprecies , hijo mío el castigo de Jehová, ni te fatiguen en su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quién quiere”; (Hebreos 12:5-6) “y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”. Esta Palabra debe ser el marco de referencia que todos los padres de familia debemos establecer en la crianza y formación de nuestros hijos.

