
CONCIBIENDO LOS MILAGROS EN NUESTRO ESPÍRITU POR EL ESPÍRITU SANTO

La Disciplína
La mejor manera de vivir para sí mismo es vivir para los demás
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él” (Juan 3:16-17).
El secreto de la vida es dar. Una manera de ver cómo es una persona es por medio de lo que dice, pero la mejor manera es por lo que da.
Elizabeth Bibesco dijo: “Felices son los que pueden dar sin recordar y recibir sin olvidar”. El gran problema no son los que tienen y los que no tienen; son los que no dan. El Señor ama al dador alegre; y también lo ama todo el mundo.
Charles Spurgeon exhortó: “Sienta por los demás en su billetera”. Un proverbio indio dice: “La gente buena, al igual que las nubes, solamente recibe para dar”.
La mejor generosidad es la que es rápida. Cuando usted da con rapidez, es como si diera dos veces. Cuando da solo después de que le piden, ha esperado demasiado tiempo.
Todo lo bueno que sucede en su vida no es para que se lo guarde para sí mismo. Parte de eso es para que lo dé a otros. E. V. Hill dijo: “Lo que sea que Dios pueda pasar a través suyo, Él se lo dará”.
El libro de los Hechos dice: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). El dar es siempre el termómetro de nuestro amor por la obra del Señor.
Eleanor Roosevelt observó: “Cuando usted deja de hacer una contribución, comienza a morir”. Los que siempre reciben no son felices; los que dan, son felices.
La mejor manera de vivir para sí mismo es vivir para los demás. John Wesley aconsejó: “Gane todo lo que más pueda, ahorre todo lo que más pueda, dé todo lo que más pueda”. Esa es una fórmula excelente para una vida de éxito.
Cuando se trata de dar, a alguna gente nada los detiene. El problema con las personas que dan hasta que les duele es que son demasiado sensibles al dolor. La codicia siempre disminuye lo que se ha ganado. Mike Murdock declara: “Dar es prueba de que usted ha conquistado la codicia”. Si usted tiene, dé. Si no tiene, dé.
G. D. Bordman dijo: “La ley de la cosecha es recoger más de lo que se siembra”. Es verdad: la gente que da siempre recibe. El egoísmo continuamente termina en la autodestrucción.
La Biblia dice en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.
Y en 2 Corintios 9:6-7: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, también segará generosamente. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.
Henry Drummond dijo: “No hay felicidad en tener o recibir, sino solamente en dar”. La prueba de la generosidad no es necesariamente cuánto da usted, sino cuánto le queda. Henry David Thoreau dijo: “Si usted da dinero, gástese a sí mismo con él. Lo que usted da, vive”.
Cuando Dios nos motiva a dar para Su obra, es porque sus pensamientos para nosotros son de multiplicación, prosperidad y éxito en todas las áreas de nuestra vida.
El Señor Jesucristo dijo: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).
Recuerde: el mayor dador es Dios. Él nos dio a Su unigénito Hijo para que como ofrenda se entregara por nosotros con el fin de redimirnos.
La Biblia dice: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1-2).
ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

