
El Poder Espiritual de la Generosidad

El plan de amor de Dios: Vida abundante para sus hijos
El poder de la sumisión y la fe en el orden divino
Una vez, un grupo de hombres estudiaba juntos la Biblia; se trataba de un pasaje sobre la relación matrimonial. Cada uno escribió los pensamientos que tuvo durante un tiempo de meditación silenciosa. Luego compartieron unos con otros lo que habían escrito. Mientras estudiaba el pasaje, uno de los hombres fue impulsado a pensar en su propio matrimonio. Vertió sus pensamientos en forma de una oración. Esto fue lo que escribió:
“Señor, te estoy agradecido por mi esposa Cristina. Alabo tu plan y providencia divinos que me guiaron hasta ella. Te agradezco, Señor, por su paciencia, perseverancia y oraciones a través de doce años de matrimonio en que yo no te conocía. Te alabo, Señor, por tu salvación que finalmente me alcanzó, por medio de su paciencia, perseverancia y oraciones. Señor, envía tus ángeles guardianes sobre ella y protégela. Gracias, Señor.”
Este es un bello tributo a una paciente esposa. Pero es más que eso: es también un testimonio al poder de Dios obrando a través de sus cauces designados de orden divino.
La esposa desempeñaba en su vida el papel de quieta sumisión a su esposo, confiando en que Dios obraría en la vida de él. Dios premió su fe, salvó a su esposo, pero hizo todavía más que eso: el esposo pasó a asumir el papel que ella, en fe, había mantenido cubierto para él. Él llegó a ser, en efecto, la “cabeza”, su escudo y protector. Es con verdadera autoridad espiritual que él invoca sobre ella la bendición del cielo, la protección de los ángeles. Ese es el orden divino en acción, para la bendición de la familia, de la iglesia y de la nación.
Esposas, regocíjense en la autoridad que sus maridos tienen sobre ustedes. Sujétense a ellos en todas las cosas. Es un especial privilegio moverse bajo la protección de la autoridad de ellos. Dentro de ese patrón de orden divino es que el Señor quiere bendecirlas y hacer de ustedes una bendición para sus maridos, para sus hijos, para la iglesia y para la comunidad.
Dios quiere cumplir su propósito en nuestras familias si nosotros nos sometemos a Su Santa Palabra y obedecemos todo lo que Él ha establecido para el orden familiar.
El (Salmo 112:1-3) dice:
“Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre.”
Esta es la bendición del Señor en el hogar de cada uno de sus hijos; este es el sueño de Dios para nuestras familias.

