
El poder ver esto es una revelación del Espíritu Santo.

LA VERDADERA CIRCUNCISIÓN SE LLEVA A CABO EN NUESTRO ESPÍRITU
LAS ARMAS DE NUESTRA MILICIA NO SON CARNALES
Texto Principal: 2 Corintios 10:3-5; Isaías 30:31-32
Introducción: No batallamos contra carne y sangre, por lo que no necesitamos armas carnales, sino las que nos proporciona Dios. su propósito es la destrucción de todo lo que se levanta contra la voluntad de Dios. (Efesios 6:12) “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
- ESTAMOS EN GUERRA
La batalla que estamos peleando es diferente a todas las demás no solo por su magnitud y alcance, sino también porque se pelea en un lugar que no hemos visto. La guerra espiritual se libra en el reino espiritual invisible, pero simultáneamente se manifiesta en el reino físico visible.
- La raíz de la guerra no la podemos ver con nuestros ojos físicos; pero los efectos de la guerra espiritual los podemos ver en el mundo físico.
- Todo lo espiritual influencia el mundo físico. Detrás de toda adversidad, problema físico o dolencia que enfrentamos, hay una raíz espiritual.
- Nuestras batallas se originan en el reino espiritual, las regiones celestes; la única manera de pelearlas y ganarlas es con las armas que funcionen en el reino espiritual. (2 de Corintios 10:3-5) “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas…”.
II. LAS ARMAS DE NUESTRA MILICIA
¿Cuáles son las armas que Dios nos dio para combatir en la guerra espiritual que estamos enfrentando?
- La espada del Espíritu, la Palabra de Dios. (Efesios 6:17) “… la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”; (Hebreos 4:12) El poder de la Palabra de Dios se libera cuando la declaramos con fe, la palabra del testimonio.
- La Sangre del Señor Jesucristo. El diablo y los demonios no pueden resistir ante el poder de la Sangre de Jesús. (Apocalipsis 12:11) “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero…”.
- El nombre de Jesús es la máxima autoridad que rige el universo; ante el nombre del Señor Jesucristo se dobla toda rodilla. (Filipenses 2:9-11) “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. (Marcos 16:17) “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios…”.
- La oración de combate. En la oración de combate atamos a los demonios que estamos enfrentando y le exigimos que salga de las personas que han estado oprimiendo. En esta clase de oración no nos dirigimos al Padre; nos dirigimos al enemigo en el nombre del Señor Jesús (Juan 14:14).
- La alabanza a Dios. La alabanza tiene una parte importante en la batalla espiritual (Salmo 149:6-9) “Exalten a Dios con sus gargantas, y con espada de dos filos en sus manos, para tomar venganza de las naciones y dar castigo a los pueblos, para aprisionar a los reyes con grilletes y a sus nobles con cadenas de hierro, para ejecutar en ellos la sentencia escrita. El será esplendor para todos sus fieles. ¡Aleluya!”.
- La autoridad espiritual y el poder son liberados con expresiones de alabanza a Dios. Pablo y Silas cantaron canciones de alabanza y fueron liberados por el poder de Dios. (Hechos 16:25-26) “Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron”. (Isaías 30:31-32) “Porque Asiria será hecha pedazos a causa de la voz de Jehová; con un palo la golpeará. Y sucederá que cada pasada de la vara de corrección que Jehová descargará sobre ella será al son de panderos y de liras. Blandiendo el brazo combatirá contra ella”.
Conclusión: Las armas espirituales que Dios nos dio para pelear y resistir al enemigo en la batalla espiritual que estamos librando las activamos por medio de la fe. Lo que el Señor nos pide es que nos mantengamos firmes. No estamos peleando por la victoria, sino desde una posición de victoria. La victoria la ganó el Señor Jesucristo hace dos mil años. (Hebreos 2:14) “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de los mismo, para destruir al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”.

