
CÉLULA PAI EN CASA: confíe en la bondad de Dios

LA FE ES LA SUSTANCIA DE LO QUE ESPERAMOS
SOLAMENTE DI LA PALABRA
Texto Principal: Mateo 8:8; Proverbios 18:21.
Introducción: El Señor Jesucristo es nuestro Sanador, no hay enfermedad que Él no pueda sanar. El Señor Jesús ministró la sanidad a los enfermos imponiendo sus manos sobre la parte afectada y declaró la Palabra.
I. PODER SALIA DE ÉL Y SANABA A TODOS.
El Señor Jesucristo fue ungido con el Espíritu Santo y con poder. (Hechos 10:38).
- En el río Jordán el Espíritu Santo vino sobre Él y lo llenó con Su poder (Mateo 3:16) “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”; (Juan 1:32) “También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él”.
- Jesús lleno del Espíritu Santo (Lucas 4:1) “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto”; (Lucas 4:14) “Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor”.
- ¿Por qué el Señor Jesucristo imponía sus manos sobre los enfermos? Para que Su poder fluyera hacia los enfermos a través de sus manos.
- (Mateo 14:35-36) “Cuando le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos; y le rogaban que les dejase solamente tocar el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos”.
- (Lucas 6:19) “Toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos”.
II. LA PALABRA SANADORA.
El Señor Jesucristo sanó a los enfermos con la Palabra.
- El centurión romano. Su criado estaba gravemente atormentado. (Mateo 8:8) “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará”.
- Jehová Rapha -Nuestro sanador-. (Éxodo 15:26) “… porque yo soy Jehová tu sanador”.
- La Palabra de Dios es medicina para nuestro cuerpo. (Proverbios 4:20-22) “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”.
- Sanando a los enfermos con la Palabra (Salmos 107:20) “Envió su palabra y los sanó; los libró de su ruina”.
- Las palabras que hablamos tienen el poder de destruir o de traer vida y salud. (Proverbios 18:21) “La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y los que la aman comerán de sus frutos”.
- Cuando declaramos la Palabra de Dios en la vida de una persona, suceden milagros poderosos. El apóstol Pablo y en milagro en Listra. (Hechos 14:8-10) “Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él los ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo”.
- La Palabra de Dios no vuelve vacía (Isaías 55:11).
III. ACTUANDO SOBRE LA PALABRA DE DIOS.
El Señor Jesús dijo, “Yo sólo hago lo que veo a mi Padre hacer.” (Juan 5:19) “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravillareis”.
- Seamos sensibles al Espíritu Santo y actuemos con confianza sobre lo que el Señor nos ha revelado y ministrémosles la sanidad a los enfermos sin temor (2 Timoteo 1:7) “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
- El Señor Jesús dijo: (Marcos 16:18) “Tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”.
- Inmediatamente después que liberamos el poder sanador de Dios en el cuerpo de una persona, instémosla a que ponga su fe en acción. Que haga lo que no podía hacer antes, y actúe sobre la Palabra.
- Jesús le dijo al hombre con la mano seca: “¡Extiende tu mano!” y al paralítico le dijo: “¡Toma tu lecho y vete a tu casa!”
Conclusión: Como hijos de Dios llenos del Espíritu Santo, tenemos el mismo poder de sanidad que estaba en el Señor Jesús. Al imponer nuestras manos sobre los enfermos, por la fe liberamos el poder sanador en los cuerpos de aquellos que necesitan sanidad. A medida que hablemos en el nombre de Jesús, echemos fuera espíritus de enfermedad y hablemos milagros creativos a las personas, Dios confirmará Su Palabra con grandes milagros de sanidad. Cada vez que las personas sean sanadas, la Palabra de Dios será confirmada y las personas vendrán a conocer a Jesús.

