
Mas bienaventurado es dar que recibir

Al que cree todo le es posible
El más alto amor se demostró en el sacrificio de Cristo
El más alto amor de Dios para con el hombre se demostró en el sacrificio de Cristo. La iglesia vino a la existencia por medio de ese sacrificio. Entre la iglesia y Cristo existe un vínculo de amor más santo, tierno y firme que cualesquiera que jamás haya existido entre Dios y el hombre. En el cristianismo está colocada ante el hombre y su esposa la tarea de representar sobre la tierra la imagen de esta unión entre Cristo y su iglesia- una imagen de auto sacrificio, devoción, fidelidad. En los tiempos antiguos el matrimonio había sido en el mejor de los casos una vinculación moral. En el matrimonio cristiano vemos algo más alto todavía- un misterio (Efesios 5:32).
Los filósofos neoplatónicos miraban al matrimonio con sombría severidad -como una contradicción a la naturaleza espiritual del hombre. La más rígida secta de los tiempos de Jesús- los esenios veían al matrimonio como una traba para la preparación para el reino de los cielos. Pero la familia cristiana ha sido formada para ser la imagen misma del reino de Dios en la tierra. No es simplemente una escuela que nos prepara para el cielo; en cierto sentido es el mismo reino de Dios anticipado. En la familia cristiana debiera verse en pequeña escala, la sabiduría y suavidad de mando, la buena disposición para la obediencia, la unidad y la firmeza de la confianza mutua que habrá de caracterizar el reino perfecto de Dios.
En sentido exacto, esto puede decirse únicamente de la iglesia cristiana; la iglesia está por encima de la familia. Sin embargo, no hay una edificación de la iglesia sin la edificación de la vida familiar. En las familias cristianas los hombres debieran reconocer con gozo la bendición que Dios derrama a través de la iglesia. Por otra parte, la fortaleza de la iglesia debiera estar fundada en las familias cristianas.
El orden y desarrollo que sigue el apóstol Pablo en la Epístola a los Efesios no es accidental. Comienza con el más elevado consejo que podríamos encontrar en cualquier parte del Nuevo Testamento, concerniente a Dios y a la iglesia. Luego prosigue hasta el orden de la vida familiar, pues es en la vida familiar de los cristianos donde puede encontrarse el incremento de la Iglesia y su aproximación a la perfección.

