
¿Cómo curar la soledad?

«Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés»
NO SUBESTIMEMOS AL DIOS TODOPODEROSO
Texto Principal: Romanos 4:21; 2 Corintios 9:8; 2 Corintios 13:3; Efesios 3:20; Hebreos 11:19
Introducción: Dios es Todopoderoso e ilimitado. La palabra poderoso en el idioma griego significa, capaz, fuerte, todo es posible. Dios es Ilimitado, Omnipotente, Fuerte, Capaz de hacer todas las cosas.
I. NO SUBESTIMEMOS A DIOS
Subestimar es estimar a alguien o algo por debajo de su valor. No se puede concebir algo que estropee la fe y esclavice al creyente tan rápido que subestimar lo que el Señor Cristo es, y lo que somos en Él. Si se subestima al Señor Jesucristo, se subestima la Palabra de Dios.
- Por lo general afirmamos: «Yo creo que la Biblia es la Palabra de Dios». Y sin embargo buscamos ayuda en el brazo del hombre (Jeremías 17:5) “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová”.
- Oramos a Dios pero no tenemos la seguridad que recibiremos las peticiones que le estamos haciendo. Si un banquero nos diera su palabra respondiendo positivamente nuestra solicitud, iríamos a él confiados en su palabra.
- Inconscientemente subestimamos la Palabra de Dios y la integridad del Gran Maestro, el Señor Todopoderoso que es el Autor de la Palabra de vida.
- Subestimar la Palabra de Dios, al Señor Jesucristo y al poderoso Espíritu Santo nos conduce a la debilidad, a la duda y al temor. Esto produce un tipo de fe vacilante. Nos convertimos como dice la Biblia en (Santiago 1:8) «el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”.
- ¿Cómo podremos cambiar esa situación? Reconociendo y creyendo en lo que Él ha hecho por nosotros en Su gran Substitución por nosotros y en lo que somos, la nueva creación (2 Corintios 5:17).
II. MEDITEMOS EN LA REALIDAD DE QUE SOMOS PARTICIPANTES DE LA NATURALEZA DIVINA
Meditemos en el hecho de que somos participantes de la naturaleza divina. Meditar es pensar, inquirir, repetir constantemente. Si nos decimos una y otra vez: «Soy participante de la propia naturaleza de Dios. Tengo dentro de mí su naturaleza de fe. Esto me hace un hijo de fe.
- Tenemos la vida de Dios (1 Juan 5-13) «Estas cosas he escrito a vosotros que creéis en el Nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna y para que creáis en el Nombre del Hijo de Dios».
- Nuestro verdadero ‘yo’ fue recreado por la Palabra de Dios. Declare: Yo fui engendrado por la Palabra Viviente por el Espíritu Santo. El verdadero yo fue recreado en Cristo. Tengo la propia naturaleza del Padre y El Padre es amor, entonces llevo dentro de mí la naturaleza amorosa del Padre».
- Repitamos constantemente la afirmación de que somos lo que Dios dice que somos: Participantes de Su misma naturaleza como Él lo ha declarado.
- Pensemos en que: «Mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo». El mayor es el Espíritu Santo (1 Juan 4:4).
III. EL ESPÍRITU SANTO ESTÁ OBRANDO EN NOSOTROS
El Espíritu Santo, es el mismo Espíritu que en la creación le dio el color, la belleza y la fragancia a las flores, a la vegetación y a los árboles, está obrando en nosotros (Génesis 1:2) “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las faz de las aguas”.
- El Espíritu Santo toma de la naturaleza del Padre, y por medio de la Palabra la hace penetrar en nuestro ser.
- El Espíritu Santo imprime la belleza de Cristo en nuestra conducta. El afina nuestras facultades de raciocinio de modo que disfrutemos de su fragancia como jamás lo habíamos hecho.
- En el momento de nuestra conversión el Espíritu Santo tomó posesión de nuestro ser y comenzó a revelarnos las maravillas de Su gracia.
- Cuando reconocemos al Señor Jesucristo como nuestro Señor, como el Poderoso a la diestra del Padre que vive para interceder por nosotros (Romanos 8:34) “… el que también intercede por nosotros”; como nuestro gran abogado que atiende a todos nuestros asuntos legales y necesidades, ya no seremos dominados por el temor y la duda. (1 Juan 2:1) “… abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.
- Debemos conocer la realidad de la presencia del Espíritu Santo, la cual nos es manifestada en su totalidad en la Revelación de las Sagradas Escrituras.
Conclusión: Subestimar al Espíritu Santo, al Señor Jesucristo y a la Palabra de Dios, nos mantendrá en un estado de incertidumbre. El temor nos dominará, la duda nos cegará y nos mantendrá en una esfera de debilidad. Leamos la Biblia diariamente y meditemos en ella hasta que seamos elevados de la esfera de los sentidos a la esfera del nuevo hombre en Cristo Jesús. ¡Nos subestimemos a Dios y Su Palabra!

