
EL SEÑOR ESCUCHA Y RESPONDE TUS ORACIONES

SEÑOR, SI QUIERES PUEDES SANARME; JESÚS LE DIJO: QUIERO; SÉ SANO
EDIFIQUEMOS NUESTRA PROPIA VIDA DE FE
Texto Principal: Romanos 10:8; Juan 11:38-40; Lucas 8:50; Romanos 10:17; Mateo 8:13; Mateo 9:29
Introducción: No deberíamos confiar los grandes problemas de nuestra vida a la fe de otro. Debemos tener nuestra propia fe para encarar cualquier crisis que pueda surgir. Nuestro caso es de vital importancia para nosotros; posiblemente para la persona a la que le procuramos su fe, no lo sea. Es posible que esa persona este pasando por dificultades que no haya podido resolver y que esté en un nivel bajo de fe en el momento que acudimos a él para que nos auxilie con su fe.
I. TENGAMOS NUESTRA PROPIA FE.
Edifiquemos nuestra propia vida de fe. Muchos buscan apoyo en las personas que gimen, lloran y gritan para que intercedan por ellos cuando se enfrentan a algún problema financiero, familiar o de salud.
- Los gritos, los gemidos y el lloro no son las características de la oración de fe. La característica de la oración de fe es el gozo por la respuesta de Dios. (Juan 16:24) “… Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido”.
- La clave en la oración es la fe. (Santiago 5:15) “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”. La condición para recibir la respuesta a la oración es creer. (Mateo 21:22) “Y todo lo que pidieres en oración, creyendo, lo recibiréis”.
II. ¿CÓMO EDIFICAMOS NUESTRA PROPIA FE?
¿Cómo edificamos la fe?
- La fe de Dios en nosotros se fundamenta en Su Palabra. (Romanos 10:17) “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”.
- La Palabra de Dios es nuestra, es como si no hubiera habido en el mundo otra persona sino usted y yo. Nadie tiene mayor derecho a la Palabra de Dios que el que tenemos nosotros. Cada afirmación que Dios ha hecho en Su Palabra es nuestra.
- El Señor Jesús nos estaba hablando personalmente cuando dijo en (Juan 16:23) “De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará”. Declarémoslo ahora: Él me está hablando a mí.
- ¿Cómo edificamos nuestra fe? A través de la lectura, memorización, meditación y declaración de la Palabra de Dios.
- El Padre nos dice: si permanecen en Cristo y Sus palabras permanecen en ustedes, pidan todo lo que quieran y les será hecho.
III. QUE LA PALABRA DEL PADRE MORE EN NOSOTROS.
Que la Palabra de Cristo more en abundancia en nuestro espíritu regenerado. (Colosenses 3:16) “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales”.
- Cuando hablemos la Palabra de Dios con fe, llevaremos mucho fruto. (Juan 15:7) “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”.
- Confesemos que la capacidad del Padre que nos pertenece. Alabemos al Padre por las respuestas a las peticiones que le hemos hecho. Cuando alabamos a Dios la fe crece a pasos gigantescos.
IV. LA VIDA DE ORACIÓN SE EDIFICA SOBRE LA PALABRA DE DIOS.
No puede haber una verdadera vida de oración que no sea edificada sobre la Palabra. (1 Juan 5:14-15) “Y está es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.
- La Palabra es la fuente de toda nuestra fe. La fe tiene que ser una seguridad confiada, en lo que ni siquiera pensamos. El Señor Jesús nunca se dijo a sí mismo: “Si solo tuviese fe”.
- Los hombres y mujeres que realmente han hecho grandes cosas son aquellos que jamás pensaron si tenían fe o no. La Palabra fue para ellos una realidad. (Hebreos 11:1-2) “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos”.
- Lo que Dios dice en Su Palabra resuelve nuestros problemas. (Salmo 107:19-20) “Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Envió su Palabra, y los sanó, y los libró de su ruina”. (Mateo 8:8) “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la Palabra, y mi criado sanará”.
Conclusión: Podemos disfrutar de la comunión con nuestro Padre Dios a través de la oración; tenemos la seguridad que Él está dispuesto a escucharnos y a respondernos en todo lo que le pidamos. Porque la Palabra está en nosotros, todo nos será concedido.

