
SEÑOR, AVIVA TU PALABRA EN MÍ

CONOZCAMOS A NUESTRO PADRE DIOS
ES NECESARIO NACER DE NUEVO
Texto Principal: Juan 3:1-9.
Introducción: Cuando Jesús habló con Nicodemo, expresó que debemos nacer de nuevo. Él dijo en (Juan 3:7) “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.
I. NO ES EL CUERPO NI EL ALMA LOS QUE NACEN DE NUEVO; ES EL ESPÍRITU HUMANO.
Al principio, Nicodemo pensó que Jesús estaba hablando acerca de que su cuerpo necesitaba nacer de nuevo.
- Entonces Jesús aclaró que la parte de la humanidad que necesita nacer de nuevo no es el cuerpo o el alma; es el espíritu humano. (Juan 3:5-6) “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
- El nuevo nacimiento del espíritu humano se da en el momento que aceptamos al Señor Jesucristo como nuestro Salvador y Señor de nuestras vidas. (Juan 1:12-13) “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
II. UN ESPÍRITU NUEVO.
El espíritu es la parte de nosotros que vivirá para siempre. Es la parte que está consciente de la presencia de Dios. El espíritu del creyente es la parte que puede tener comunión con Dios porque es tan justo como Dios.
- En el momento de nuestra salvación, nuestro espíritu fue creado por Dios y hecho perfecto. Nunca será más perfecto o justo que en ese momento.
- Dios quitó el corazón de piedra. La Biblia dice en (Ezequiel 11:19) “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne”.
- Nuestros espíritus ahora son perfectos en Jesús.
III. LA RESTAURACIÓN DE NUESTRA ALMA Y NUESTRO CUERPO.
Dios quiere restaurar nuestras almas a través de la renovación de nuestras mentes; lo mismo que nuestros cuerpos con salud perfecta.
- En el instante de la salvación, llegamos a ser una nueva creación. El cuerpo (hueso, carne y sangre) y el alma (intelecto, voluntad y emoción) no fueron cambiados, pero el espíritu fue hecho completamente nuevo y perfecto cuando Dios nos salvó por Su gracia.
- Nuestro espíritu y el Espíritu Santo están obrando para conformar nuestra mente y nuestro cuerpo a la imagen del Señor Jesucristo. (Filipenses 2:12) dice: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”.
- Dios está produciendo en nosotros. (Filipenses 2:13) “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
IV. LA PROSPERIDAD DEL ALMA, LA SALUD Y LAS FINANZAS VIENEN POR LA RENOVACIÓN DE LA MENTE.
Es importante que tengamos una revelación de quiénes somos espiritualmente en Jesucristo. Comprendamos que nuestro espíritu recreado es perfecto y justo delante de Dios.
- Con esta revelación y con un entendimiento de la obra redentora del Señor Jesucristo en nosotros, empezaremos a caminar en salud en nuestras almas y nuestros cuerpos.
- Nuestras almas prosperarán a medida que nuestras mentes sean renovadas por leer, escuchar, meditar, creer, hablar la Palabra de Dios y por actuar con base en ella.
- (Romanos 12:2) dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
- A medida que nuestras almas sean transformadas, conformadas a la imagen de nuestro Señor Jesucristo, prosperaremos y nuestros cuerpos disfrutarán de salud.
- La Biblia dice en (3 Juan 2) “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.
Conclusión. Porque la vida de Dios está y se manifiesta en nosotros, todas las cosas que emprendamos prosperarán. Ahora en Cristo somos “como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:3).

