Texto Principal: Filipenses 3:20; Colosenses 3:1-3; Marcos 10:27-31;  2 Corintios 9:8.

Predicación Domingo 9 de Junio de 2019 – Apóstol Enrique Torra

Introducción: Resucitamos con Cristo y estamos sentados con Él en los lugares celestiales. Ya estamos en el cielo ahora. Y Dios nos dio a Su Santo Espíritu como un guía para vivir como en el cielo. Pongamos nuestra mirada y nuestra mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra. La Biblia dice que “Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes” 2 Corintios 9:8  NVI

I. LOS PRIVILEGIOS DE LOS CIUDADANOS

Ciudadanía, del griego  ‘politeuma’ es la condición que le reconoce a una persona los derechos civiles y políticos. ‘Politeúomai’, derivada de la palabra ‘polis’ significa comportarse y vivir como ciudadano.

  1. La ciudadanía romana. El padre del apóstol Pablo pudo haber obtenido la ciudadanía por: (1) nacimiento; (2) por manumisión (en Roma era el proceso de liberar a un esclavo, tras lo cual se convertía en liberto); (3) como recompensa a un mérito; (4) comparándola (Hechos 22:28).
  2. El apóstol Pablo tenía doble ciudadanía: era ciudadano de Tarso (Hechos 21:39) y también ciudadano romano por nacimiento (Hechos 22:28). El apóstol hizo uso de sus derechos de ciudadano que incluían: i) la exención de todo tipo de castigos denigrantes; ii) el derecho de apelar ante el emperador después de ser sentenciado; iii) el derecho de ser enviado a Roma para ser juzgado ante el emperador si había una acusación capital.

II. SOMOS CIUDADANOS DEL CIELO Filipenses 3:20

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. La palabra ciudadanía que se usa en este texto es ‘Politeuma’, que significa la condición o la vida, de un ciudadano. Esta es la posición celestial de todos los creyentes; también indica el estado al que pertenece. Un ciudadano, “polités”, es el que disfruta de los derechos y deberes del estado y de la protección de las leyes.

Los creyentes gentiles ya no somos extraños a los privilegios del pueblo de Dios, somos, ‘conciudadanos’ con los santos Efesios 2:19. La ciudadanía cristiana no es ‘politeuma’, no es terrenal, sino que está en el cielo.

  1. Si buscamos la voluntad de Dios nuestra calidad de vida en la tierra cambiará significativamente.
  2. La Biblia dice que lo que entrar en por ojos, los oídos y la boca van al alma. Si nos enfocamos en lo malo, terminaremos dominando el espíritu. 2 Corintios 10:3-5 “Pues aunque andamos en la carne no militamos según la carne porque las armas de nuestra milicia nos son carnales sino poderosas en Dios…”. Dios nos dice derribemos estas fortalezas.
  3. Nosotros fuimos creados por Dios para ser fuertes y perseverar. Esta habilidad fue creada y está en el espíritu humano y el cuerpo permitirlo.

III. BUSCAD LAS COSAS DE ARRIBA, EL CIELO

La Biblia dice en Colosenses 3:1-3 “Si pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado con Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida en Dios”.

  1. Enfoquemos y fijemos toda la nuestra atención en el cielo. “Pongan la mira en las cosas de arriba donde está Cristo sentado con Dios. Pongan la mente en lo celestial o las cosas de arriba, no en las cosas de esta tierra, porque en lo que a este mundo concierne, ustedes han muerto y su vida real nueva, está escondida con Cristo en Dios”. Colosenses 3:2-3 Versión Amplificada.
  2. Podemos dejarnos llevar por los problemas de esta vida y centrarnos en sus afanes, pero no tendremos éxito, así la fe no funciona como debe. Si nos enfocamos en el cielo sin apartarnos de Dios, comenzaremos a funcionar como en el cielo.
  3. Pues Dios suple todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria. Jesús dijo: “Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo” Mateo 6:10. “Buscad primero el Reino de Dios” Mateo 6:33. Somos ciudadanos de Su Reino. Somos coherederos con Cristo Jesús de todo ese Reino. Si buscamos primero este reino, todas estas cosas vendrán y viviremos como si ya estuviéramos allá.

Conclusión. ¿Se ha sentido entre la espada y la pared pensando en su corazón de las cosas que son buenas y que le gustaría hacer? Hay buenas noticias, no importa cuanto dinero gane, usted puede hacer las cosas que ha deseado hacer. Ordénese en el nombre del Señor Jesús al muro que lo ha limitado que se quite. Así se hará.

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