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LA SEMILLA 26 DE FEBRERO DE 2017

APUNTE PASTORAL

Después de haber escudriñado las Sagradas Escrituras acerca de la avaricia, ahora tenemos la convicción de no querer se avaros. Sabemos que Dios quiere que sembremos una buena parte de nuestras posesiones para que Él nos devuelva una cosecha abundante y así tener más semilla de fe para plantar en Su obra. ¿Qué se debe hacer si usted en este momento siente la convicción por el Espíritu Santo de que en su vida hay un problema de avaricia?

1. Confiéselo como pecado. Recordemos que Dios coloca a la avaricia entre los pecados más abominables.

2. Ore. En el Salmo 119:36 el rey David que era un hombre inmensamente rico, notó que se estaba enamorando de sus posesiones y le hizo esta oración a Dios. “Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la avaricia”.

3. Llénese con la Palabra de Dios. Vuelva a leer todos los textos bíblicos que hemos estudiado en las semillas anteriores y deje que su mente se sature con la Palabra de Dios. Recuerde que David le pidió en oración a Dios “inclina mi corazón a tus testimonios”.

4. Dé. No basta con confesar, orar y leer. Para romper el espíritu de avaricia hay que dar en abundancia. Aunque al principio sufra, aunque le duela, usted debe empezar a dar con generosidad ahora mismo.

Uno de los más poderosos principios en la vida espiritual es que cuando somos atacados por un espíritu demoniaco debemos responderle con el espíritu opuesto, pues solamente así ganaremos la victoria. Si usted es atacado por la concupiscencia, respóndale con un espíritu de pureza; si es enfrentado por alguien violento, contéstele con espíritu de mansedumbre; si satanás quiere poner su vida bajo temor, enfréntelo con espíritu de autoridad.

Pero si el problema es la avaricia, debe atacarlo con un espíritu generoso. En Mateo 5:40 Jesús dio una de las órdenes más extrañas que aparecen en la Biblia: “Al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa”. En este versículo el Señor no estaba enseñando que si usted llega a la casa y ve a un ladrón llevándose el televisor, debería corres tras él y darle el automóvil para que el pobre ladrón no tenga que irse a pie y cargando el pesado televisor. Si hiciera esto, al día siguiente todos los ladrones de la ciudad estarían visitando su casa, y la de todos los cristianos. Lo que Jesús hizo fue ilustrar un poderoso principio espiritual: cuando alguien movido por un espíritu de avaricia lo esté atacando, usted debe vencerlo con un espíritu de generosidad. Esa es la única manera de quebrantar la maldición de la avaricia en la vida de los creyentes.

La avaricia causa afanes, tensión, insomnio. Cuando estos síntomas los sufre una persona pobre, los médicos lo llaman preocupación o ansiedad; pero cuando lo sufre un rico lo llaman estrés. Pero sin importar como le llamen, la medicina moderna sabe que los afanes y las tensiones, como los que causan la avaricia, son el origen de la mayor parte de las enfermedades modernas. Dios ya sabía esto hace más de tres mil años. Proverbios 28:16 dice: “El que aborrece la avaricia prolonga sus días”.

Si su sistema nervioso está alterado, si padece de úlcera gástrica, de insomnio, irritabilidad, depresión y neuralgias; entonces usted no esta disfrutando de sus riquezas, y tampoco va a vivir mucho tiempo para gozar de ellas. Pero Dios promete que, si usted empieza ahora mismo a destruir el espíritu de avaricia con un espíritu de generosidad, sus días serán alargados sobre la tierra. Dios dice: “Amado, yo deseo que seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” 3 Juan 2.

La prosperidad que viene del Señor no le causa angustias ni enfermedades a nadie. La avaricia es una maldición, pero la generosidad la destruye y la extirpa de nuestras vidas. La generosidad trae sanidad a nuestro cuerpo y vida a nuestras almas. Proverbios 11:25 “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado”. Tal ves se haya preguntado ¿Cómo puede prosperar el alma? Según este texto bíblico es mediante la generosidad.

Dios va a honrar a las almas generosas que se limpien de la avaricia y se dediquen a pensar que pueden hacer para bendecir la obra del Señor. Isaías 32:8 dice: “Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado”. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

LA FAMILIA

La carga del hombre y de la mujer ha sido escogida de manera que caiga más pesadamente sobre las inclinaciones naturales de cada uno. En el estado natural, el hombre y la mujer encuentran que la carga es verdaderamente una maldición. Si es inaguantable, no es de sorprenderse, porque debiera ser así. El yugo debiera ser tan pesado para ellos que no pudieran sobrellevarlo sin la ayuda de Dios. La carga de esta vida debiera compelerles a buscar a Dios.

Muchas personas que en otros casos manifestarían sensibilidad, tratan de forzar al matrimonio a funcionar de modo contrario a su naturaleza. Una persona que condujera su automóvil más allá de un barranco, esperando que éste volara, presentaría un cuadro ridículo, si es que no trágico; el volar es totalmente contrario a la naturaleza de un automóvil. Dios le ha asignado un cierto papel en el matrimonio a cada uno de los cónyuges. Estos papeles respectivos son una parte de la naturaleza básica del matrimonio. Ignorarlos, o inventar nuestros propios sustitutos, es buscar el fracaso matrimonial.

¿Qué diremos si la decisión del esposo es llevar a la familia al desastre? ¿No debe la esposa hacer algo cuando existe la amenaza de una situación semejante? ¿No hay límites, cualesquiera que estos sean, para este asunto de la sumisión? La Biblia dice: “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” Colosenses 3:18. Con toda claridad, el apóstol muestra que es propio o adecuado que la esposa esté sujeta a su marido. Sin embargo, aparece la implicación de que su obediencia debe ser en el Señor, esto quiere decir que no puede conducirla a algo que podría directamente denominarse pecado. Esto no quiere decir que la esposa deba ir contra la autoridad de su esposo cuando meramente se trata de una diferencia de

PRINCIPIOS PARA UNA VIDA TRIUNFANTE

El pecado entró a la raza humana y fue transmitido a todas las generaciones futuras. Romanos 5:12 dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. El pecado fundamental que rompió la relación de Dios con la humanidad no fue el asesinato, el adulterio, la mentira, el robo, el odio ni el maltrato. El pecado fue la suposición, la filosofía o la actitud de que Dios no quiso decir lo que dijo. Cuando una persona acepta esta suposición comienza a producir un deterioro que, como un cáncer, lo lleva a la muerte.

Cuando usted no confía en Dios, no confía en sí mismo, ni en nadie más. Cuando determina que Dios no tiene integridad, abandona su propia integridad. La conciencia se endurece; la dignidad pierde todo su valor; el ser humano se deteriora y muere; la luz se apaga. Solo quedan tinieblas. ¿Podrá ser ese el problema de la humanidad en el presente? Si el ser humano no confía en la integridad de Dios, se hunde en la desesperación, la desgracia, la degeneración, la enfermedad, la destrucción y la nada.

Nuestro Padre Dios es íntegro e inmutable; Su Palabra es íntegra e inmutable. La Biblia dice: “Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia y no será revocada: Que ante mí se doblará toda rodilla y jurará toda lengua” Isaías 45:23; Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” Marcos 13:31; “Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para lo cual la envíe” Isaías 55:11; “Juró Jehová por su mano derecha y por su poderoso brazo: Jamás daré tu trigo por comida a tus enemigos, ni beberán los extraños el vino que es el fruto de tu trabajo; sino que quienes lo cosechan lo comerán y alabarán a Jehová; y quienes lo vendimian lo beberán en los atrios de mi santuario. ¡Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón ante los pueblos! He aquí, Jehová lo hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sión que ya viene su Salvador; he aquí su recompensa con él y delante de él su obra. Y los llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová. Y a ti te llamarán Ciudad Deseada, No desamparada” Isaías 62:8-12.

EL MENSAJE DOMINICAL

Tema Principal: EL ORDEN DE DIOS PARA LOS ESPOSOS.

Texto Principal: Efesios 5:25; Colosenses 3:19.

Introducción: Hacerle esta pregunta a un esposo: ¿Ama usted a su esposa? Seguramente la respuesta será afirmativa ¡claro que si la amo! Posiblemente lo que el esposo quiere expresar es lo que siente hacia ella; o seguramente se refiere a lo que hace por ella en cuanto a cuidado, y provisión. Pero cuando Dios dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó así mismo por ella… maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas” Efesios 5:25; Colosenses 3:19, no se está refiriendo a lo que el esposo hace directamente por su esposa; se refiere al amor sacrificial.

I. ESPOSO, AMA A SU ESPOSA: SACRIFÍQUESE POR ELLA.

En el idioma griego, el idioma original del Nuevo Testamento, hay tres palabras que se traducen por la palabra en español “amor”.

1. Eros: significa amor en el sentido de la pasión, sentimiento, deseo.

2. Phileo: significa amor en el sentido de afecto y de la preocupación humana. De allí viene la palabra filantropía. Esta palabra se usa escasamente en el Nuevo Testamento.

3. Ágape: significa amor que se mide por el sacrificio. Esta palabra se usa abundantemente en el Nuevo testamento para describir el amor de Dios y el amor que Él engendra en los hombres. Juan 3:16; Romanos 5:5 y 1 de Corintios 13. Este es el fundamento espiritual de Dios para la familia.

II. ESPOSO, AMA A SU ESPOSA: PREOCÚPESE POR SU BIENESTAR ESPIRITUAL.

Un esposo que ama a su esposa de acuerdo con las Sagradas Escrituras, le da prioridad a la necesidad espiritual de ella. Su primera preocupación es que ella esté debidamente vinculada con el Señor. El esposo debe reconocer que la felicidad y el cumplimiento del papel como mujer, esposa y madre, debe estar fundamentado sobre la base sólida de su relación con Dios.

1. Esto no es religiosidad. No sólo el esposo debiera conducir a su esposa a una vida y conducta cristiana, sino que debe hacer lo que esté a su alcance para que la bendición de Dios se esté manifestando en ella.

2. Practique la oración y el estudio de la Palabra de Dios en el hogar, motívela por las cosas espirituales y hágala progresar en el conocimiento de la Palabra de Dios.

3. Así como Cristo es responsable por el desarrollo y crecimiento de la iglesia, el esposo es responsable por el cuidado y crecimiento espiritual de su esposa. Efesios 5:25-33.

III. ESPOSO, AMA A SU ESPOSA: RECORRE EL CAMINO DE LA CRUZ DELANTE DE ELLA.

Cómo es que el esposo ejerce su responsabilidad ante su esposa, ¿Enseñoreándose sobre ella? ¿Sermoneándola en cuanto a la vida espiritual y principios? No, el esposo debe darse a ella. Esto quiere decir practicar el amor sacrificial, como el amor de Cristo que lo llevó a la Cruz. ¿Cómo resulta esto en la práctica?

1. Cuando hay discrepancias en el matrimonio, el esposo debe reconocer sus errores y pedirle perdón por todo lo incorrecto. Si la culpa es de la esposa, no importa, su parte, esposo, es amar a su esposa así como Cristo amó a la iglesia. La Biblia dice: “Jesús se humilló así mismo” Filipenses 2:8.

2. Cristo en el camino a la Cruz, se negó así mismo, renunció a sus derechos.

3. Un ejemplo es el de Moisés, Dios lo había investido con gran autoridad, sin embargo, la Biblia dice que este varón era “muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” Números 12:3.

IV. ESPOSO, AMA A SU ESPOSA: EJERCE AUTORIDAD EN HUMILDAD.

El esposo debe considerar no como un derecho ejercer la autoridad delegada por Dios que le ha sido dada, sino como un deber. No debería pensar en el poder que se le ha confiado, sin recordad la responsabilidad que va pareja con él.

1. Refrene sus impulsos de hacer un despliegue excesivo de autoridad. Mantenga amable y prudentemente su posición como cabeza del hogar, con firmeza y decisión.

2. El esposo debe amar, honrar y reconocer los talentos de su esposa.

3. Cuando Dios dice que los esposos deben tratar a sus esposas con ternura, y honrarlas como coherederas de la gracia de la vida, añade: “para que sus oraciones no tengan estorbo” 1 Pedro 3:7.

4. La autoridad de un esposo sobre su esposa e hijos, es una autoridad espiritual, ordenada por Dios.

Conclusión: Esposo: amad a vuestras esposas, depongan su orgullo y su ego. Sigan a su Señor Jesús hasta la Cruz, y el amor de Cristo florecerá en su hogar.

LA MÁXIMA

“Separados de mi no pueden ustedes hacer nada” JESUCRISTO

LA CONFESIÓN DIARIA

Yo soy lo que la Biblia dice que soy, yo tengo lo que la Biblia dice que tengo, yo puedo hacer lo que la Biblia dice que puedo hacer. Con tremendas cosas me responderá Dios. Este es un buen día, SOY BENDECIDO.

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