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LA SEMILLA 24 DE MAYO DE 2015

APUNTE PASTORAL

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” Malaquías 3:10; “Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová” Levíticos 27:30; “Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Lucas 6:38.

Cuando nosotros pagamos los diezmos, la verdad es que aunque sumen millones, todavía no hemos dado ni un centavo de lo nuestro. Lo único que hicimos fue devolverle a Dios lo que Él nos reclama como suyo.

Los diezmos no son ofrendas, es el 10 % que le pertenece a Dios de todo lo que recibimos como pago por nuestro trabajo, esa parte le pertenece a Dios, no es nuestra.

A causa de esta obediencia, Él abrirá sobre nuestra vida las ventanas celestiales y nos prosperará sobreabundantemente. Es de esta sobreabundancia que debemos ofrendar.

La ofrenda es lo que nosotros le ofrecemos a Dios voluntariamente y a través de ella reconocemos que Dios es el propietario de todo y que lo que le ofrecemos es de lo que hemos recibido de Su mano. “…pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano de eso te damos… Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo” 1 Crónicas 29:14,16.

El diezmo mide nuestra obediencia, mientras que la ofrenda expresa nuestra fe y generosidad. Algunos dicen que ellos prefieren darle sus diezmos a los pobres, a una iglesia necesitada o a alguna otra causa noble.

Eso es una muestra de ignorancia o de rebelión, pues para suplir esas necesidades no deben emplearse los diezmos.

Dios, que es el dueño de los diezmos, dice que debemos pagarlos en Su casa, en el lugar donde somos alimentados espiritualmente.

Si usted quiere bendecir a los pobres o a otros ministerios, eso está muy bien. Puede ofrendarles todo el noventa por ciento que le queda para hacerlo.

Lo que nunca debe hacer es destinar la parte de Dios para un propósito diferente al que Él la dedicó.

La Biblia dice: “Ninguno se presentará delante de Dios con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado”. Deuteronomio 16:16-17.

Nuestras ofrendas, se convierten en la semilla que sembramos para cosechar al ciento por uno, como lo disfrutó Isaac. Génesis 26:12 “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová”.

En el nombre de Jesucristo declaro que todos los diezmadores andarán siempre con los cielos abiertos y no les faltará ninguna cosa buena. Declaro en el nombre de Jesús que todo el que ha ofrendado generosamente según su capacidad, esa semilla dinero, se multiplicará cien veces más, activo el poder para hacer las riquezas sobre sus vidas Deuteronomio 8:18. Esta es una buena semana. Los bendigo.

LA FAMILIA

Los tan ponderados métodos modernos sobre la crianza de los hijos conceden una gran importancia al sentido intuitivo de bien y mal, de justicia e injusticia en los niños. Sobre los padres se coloca una gran carga como es la de tratar siempre con el niño, con el fin de darle el mandato “correcto”, lo que lleva en sí la implicación de que un niño puede y decide y aun hasta llega a rebelarse contra un mandato “equivocado”. Sin embargo, la Biblia no dice, “Hijos, obedeced a vuestros padres cuando tienen la razón”. Lo que en verdad dice es: “Obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo”- ¡aun si ellos están equivocados! Ef. 6:1. El hijo que obedece un mandato “erróneo” aun permanecerá bajo la luz de la aprobación de Dios. A la larga, será un niño más feliz y mejor adaptado que uno a quien se le ha dado la libertad de desafiar y poner en tela de juicio la autoridad de los padres.

Es cierto que un padre debe buscar por todos los medios tratar en justicia, correctamente, y en el más tierno amor con sus hijos. Pero los padres son humanos y falibles. Aun más, la mayor parte de la gente se convierte en padres mientras todavía son bastante jóvenes. No han alcanzado mucha sabiduría, y esto es particularmente cierto en lo referente a la crianza de los hijos. No se puede esperar que algo tan importante como la obediencia de un hijo dependa de la perfección del juicio de un padre ante cada situación. La responsabilidad del niño no es la pasar y evaluar las decisiones de los padres obedeciendo aquellas que a él le parecen correctas, y rechazando aquellas con las cuales no esta de acuerdo. Los padres son quienes tienen la responsabilidad de las decisiones. La responsabilidad del hijo es simplemente obedecer.

Muy pronto llega a la vida el tiempo en que el hijo crece y llega a ser responsable por los juicios y decisiones. Pero Dios ha estructurado la familia de tal manera que un niño es relevado de la responsabilidad de emitir juicios y tomar decisiones, teniendo únicamente ante sí el sencillo mandamiento de obedecer a sus padres. Solamente de esta manera puede él quedar a cubierto de vagar o transitar los innumerables desvíos de necesidad, ignorancia y perversidad.

PRINCIPIOS PARA UNA VIDA TRIUNFANTE

Es una necedad creer que las riquezas de Dios en esta tierra han sido puestas para que los no creyentes las controlen; Dios las creó para que nosotros las disfrutemos y usemos en Su plan de amor para la gente. Pero como Dios no va a ir en contra de la voluntad de cada persona, debe esperar hasta que usted se atreva a desear tener esas bendiciones.

Hace un tiempo aprendí que si yo quiero lo que Dios quiere, entonces ese deseo es santo y bueno y tendré lo deseado. ¿Qué quiere Dios?

1. El quiere lo que quiso en el principio; Él quiso que Adán y Eva fueran felices, saludables, productivos y vivieran en abundancia.

2. Entonces, satanás tentó a Adán y a Eva y ellos rechazaron la integridad de Dios y perdieron el derecho a poseer el estilo de vida y las riquezas que Dios había creado para ellos y toda su descendencia.

3. Pero Dios nos ama demasiado y no quiere ver al ser humano languidecer en la pobreza, la soledad, la culpabilidad y el deterioro.

4. Por ese grande Amor, Dios nos dio a Jesucristo, Su Hijo, para que viniera y asumiera el castigo que nuestros pecados merecían, y estableció una sola condición para el ser humano: Que creyera en Él.

5. Si usted cree en Él, será justificado y quedará como si jamás hubiera pecado. Entonces Dios podrá vivir en usted de nuevo y todos los derechos que perdió en Adán le serán restaurados y usted será restaurado a Dios.

Abra sus ojos espirituales y vea el valor que usted tiene porque fue creado a imagen de Dios. Identifíquese con lo que Cristo hizo por usted y crea que ya recibió de nuevo la vida de Dios.

Desee lo que Dios ha restaurado para usted. Actúe para hacerlo suyo y obtenga el éxito y la prosperidad integral.

No es malo desear aquello que Cristo proveyó cuando murió. Si Cristo pagó por ello, es porque Él desea que lo tenga. Eso hace que sea legal que usted desee este nuevo estilo de vida y actúe para obtenerlo.

Reconozca que sus deseos son realmente los deseos de Dios expresados por medio de usted. La medida con la que le permita a Dios ser, hacer o tener en y a través de usted, depende de la intensidad de los deseos que tenga para ser, hacer o tener en la vida.

EL MENSAJE DOMINICAL

Tema Principal: JUSTIFICADOS POR LA FE TENEMOS PAZ PARA CON DIOS.

Texto Principal: Romanos 3:24; 5:1.

Introducción: Más que una doctrina, la justificación es una forma de vida, es el más alto honor, la más alta posición que nosotros podamos disfrutar como hijos de Dios. La justicia de Dios en nosotros nos liberó de la conciencia de pecado y de condenación, por eso ahora podemos vivir saludables, prosperados y con una nueva identidad.

I. QUÉ ES LA JUSTICIA DE DIOS.

La justicia es un atributo de Dios -Dios es justo Romanos 3:21-25-. Por el contrario, todos los seres humanos sin Cristo, por naturaleza están bajo pecado y condenación.

1. La justicia de Dios no la recibimos por nuestros méritos. La justicia de Dios es un regalo gratis de Dios para todo aquel que cree en Jesucristo.

2. Jesucristo en la cruz del Calvario nos redimió y a la vez hizo la provisión de la justicia de Dios para el que cree en Él.

3. No es nuestra propia justicia. Isaías 64:6 Porque todos nosotros participamos de la transgresión de Adán, quedamos bajo el dominio del pecado, la muerte y la condenación.

4. “No hay justo ni aún uno” Romanos 3:10.

5. No confunda la justicia con la santidad. La santidad esta relacionada con la conducta; la justicia es lo que usted es. La justificación tiene que ver con la posición que tenemos en Cristo.

II. QUÉ ES SER JUSTIFICADO.

La palabra traducida por justicia literalmente significa estar justificado con Dios. Ser justificado es: “Tener la habilidad de estar en la presencia de Dios Padre sin sentimiento de culpa, pecado, condenación ni inferioridad”.

1. La palabra justificado y justicia son traducciones de palabras griegas similares (el verbo dikaioó, declarar justo, justificar; el sustantivo dikaiosuné, justicia; el adjetivo dikaios, justo).

2. El pecador que cree es justificado, es tratado como justo en razón de que Cristo, “el que no conoció pecado”, llevó nuestros pecados en la cruz y por nosotros fue hecho pecado, “para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. 2 Corintios 5:21.

3. La justificación es un acto jurídico divino en que al pecador se lo declara justo, pero no significa hacer justa a una persona.

4. Se puede definir como un acto judicial de Dios por el cual Él justamente declara y trata como justo al que cree en Jesucristo.

5. La justificación tiene su origen en la gracia Rom. 3:24; Tito 3:4-5; Se realiza a través de la obra redentora y propiciatoria de Cristo. Rom. 3:24-25; 5:9.

6. Es una condición posicional. “Fuimos trasladados al Reino del Amado Hijo” Colosenses 1:13 desde el momento que aceptamos al Señor Jesús como nuestro Salvador Juan 1:12.

7. Cuando aceptamos al Señor Jesucristo en nuestro corazón, nacimos de nuevo, entramos en el Reino de Dios en calidad de hijos legítimos de Dios con todos los derechos legales.

8. Esto fue posible gracias a la justicia de Dios en nosotros.

III. PORQUE DIOS NOS DECLARÓ JUSTOS.

Dios no nos impartió Su Justicia porque nosotros fuéramos buenos o porque nos portáramos bien. Nosotros recibimos la justicia de Dios por la fe en el Señor Jesucristo. Es por fe, no por obras Rom. 3:28-30; 4:5; 5:1; Gálatas. 2:16; 3:8, 24.

1. El Juez mismo ha declarado Rom. 3:31 que no existen cargos en contra del creyente justificado Romanos 8:1, 31-34.

2. Acepte por la fe la justificación en su vida y libere su conciencia de pecado y condenación.

IV. LA JUSTIFICACIÓN ES EL REGALO DE DIOS PARA TODO AQUEL QUE CREE EN CRISTO.

La justificación no procede de la ley ni de los esfuerzos humanos, tampoco de las penitencias que las religiones les imponen a sus miembros para tratar de encontrar la posición delante de Dios.

1. La justicia de Dios es un regalo gratis Romanos 3:24.

2. Disfrute de la posición de justicia que tiene delante de Dios, esta es una bendición presente.

Conclusión: Porque usted ha hecho a Jesucristo el Señor de su vida, Dios lo declaró justo. Usted ha sido justificado delante de Dios. Ahora debe desarrollar la conciencia de justicia para que disfrute de su posición en Cristo y desarrolle exitosamente su vida de oración.

LA MÁXIMA

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece Apóstol Pablo. Filipenses 4:13.

LA CONFESIÓN DIARIA

Cristo me redimió de la maldición de la ley y por Su Sangre mis pecados ya fueron perdonados y borrados. Por Creer en Cristo, mi Padre Dios me declaró justo. Ahora soy libre de la conciencia de pecado, culpa y condenación. No me acordaré más de mi pasado, soy una nueva criatura. Cosas tremendas hará Dios conmigo. SOY BENDECIDO.

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