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LA SEMILLA 25 DE ENERO DE 2015

APUNTE PASTORAL

La Biblia es la Palabra de Dios, son Sus pensamientos revelados acerca de nosotros. Estos pensamientos son los principios que Dios nos ha dado para que los apliquemos constantemente en todas las áreas de nuestra vida para que nos vaya bien en todas las cosas. Todas las personas que pongan en práctica estos principios de fe, serán movidas a una nueva esfera de la vida sobrenatural, ya sea nivel familiar, físico, profesional o financiero.

Estoy seguro que la unción y el poder que existen en estos principios establecidos por Dios funcionarán en todos los que se atrevan a obedecerlos, cosas extraordinarias sucederán, porque la Palabra de Dios no volverá vacía. Respecto a las finanzas, es necesario que tengamos en cuenta lo que la Biblia dice acerca de la avaricia. Dios no tiene ningún problema en darnos a nosotros la sobreabundancia, pero que las riquezas no se conviertan en nuestro amo, que no estemos dominados por ella, es decir que no las amemos. Nuestro amor primeramente es para Dios.

La avaricia es un deseo incontrolado por adquirir bienes y dinero por mero placer de poseerlos y atesorarlos. A través de los siglos satanás ha utilizado dos armas para evitar que los recursos económicos creados por Dios lleguen a manos de la iglesia. Una de esas armas es la pobreza, pues el diablo entiende que si todos los cristianos e iglesias del mundo viven pobres y arruinados, nunca habrá fondos suficientes para hacer la obra del Señor aquí en la tierra.

Cuando los hijos de Dios ponen a funcionar los principios de la prosperidad, le está arrebatando a satanás el arma de la miseria. Ahora hay dinero en nuestras manos y fondos abundantes en las iglesias, y el Reino de Dios es establecido en todo el mundo. Entonces es cuando satanás ataca con la segunda arma, que es la avaricia. La avaricia es el deseo de no soltar el dinero abundante que Dios nos ha confiado. El avaro está tan enamorado de sus posesiones que se aterroriza solo de pensar en desprenderse de un millón, de una casa, de un automóvil, o de cualquier otra de sus pertenencias.

Hay una inmensa cantidad de riquezas en manos de cristianos, la cual no está fluyendo hacia el Reino de Dios porque satanás las ha inmovilizado a través de la avaricia de sus administradores.

Usted ha llegado a un punto en el que ya debe estar siendo prosperado. Dios ha ordenado que recursos y dinero lleguen hasta sus manos porque usted ha creído y obedecido los principios bíblicos que hemos estado estudiando cada semana en la SEMILLA que tiene en sus manos.

Recordemos las palabras del Señor Jesús en Lucas 12:15 “Mirad, guardaos de toda avaricia”. Dios aborrece la avaricia, y por eso Jesús dijo que nos guardáramos de ella. El Padre celestial abomina tanto la avaricia que desea que sus hijos ni siquiera mencionen esa palabra, mucho menos que sean avaros. Efesios 5:3 dice: “fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aún se nombre entre vosotros, como conviene a santos”.

Pablo escribió en 1 de Corintios 5:11 que no deberíamos juntarnos con alguien que sea avaro y esté dentro de la iglesia: “Os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra”.

Como vimos antes, el Señor Jesucristo enseñó que las riquezas se pueden convertir en un dios para algunas personas. Pablo repitió esa verdad al igualar en el texto anterior a los avaros con los idolatras; y terminó de confirmarlo en Colosenses 5:5 al ordenar “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: avaricia, que es idolatría”. En efesios 5:5 dice que quienes se han dejado controlar por un espíritu de avaricia no podrán heredar el Reino de Dios: “Ningún fornicario, o inmundo, o avaro que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios”. Ahora ya podemos notar la clase de compañía en que el Espíritu Santo coloca a los avaros en las Escrituras. En 1 de Corintios 6:10 leemos: “Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”. Dios quiere que nos mantengamos libres de toda avaricia, sólo de esa manera podremos participar de la plenitud del Reino de Dios y sus riquezas.

No le tenga miedo a las riquezas, Dios quiere que usted se convierta en su administrador aquí en la tierra, administrador de todas las riquezas que le pertenecen a Él, pero que no nos dejemos dominar por el espíritu de avaricia, y caigamos en el lazo del diablo, en la trampa que el enemigo tiende para hacernos tropezar. Administre lo que Dios ha puesto en sus manos, sea fiel en lo poco, porque Dios lo pondrá en lo mucho. Esta es una buena semana, los bendigo.

LA FAMILIA

Sumisión: San Pablo escribió: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” Gálatas. 3:27-28.

Algunas personas han tomado este texto aislado como base para enseñar una indiscriminada “igualdad” social entre hombres y mujeres. Pero esto está lejos de lo que el apóstol quiso decir.

En su relación con Dios como sus hijos, en la comunión espiritual con Cristo, en la posesión del Espíritu Santo y en la vida ministerial y con el mundo superior, los hombres y las mujeres están en un pie de igualdad.

Sin embargo ni una de las relaciones que Dios ha ordenado para este mundo entre el hombre y la mujer ha sido removida de su lugar. Pablo estaba ciertamente lejos de predicar una igualdad política de todos los hombres, o una división de las posesiones terrenales a la manera del comunismo. Tampoco pensó en hablar una palabra a favor de los planes modernos para introducir igualdad entre el hombre y la mujer.

Hay un decreto firme e inalterable de Dios en la posición de hombres y mujeres. Fue establecido cuando fueron creados, y se encuentra en la naturaleza de ambos. No fue alterado por el cristianismo; está confirmado en el Nuevo Testamento. Sobre él descansa la armonía de un matrimonio cristiano. El reconocerlo parece bastante fácil. Sin embargo, es un problema que pocas parejas pueden resolver satisfactoriamente, y el fracaso en resolverlo es la causa de mucha infelicidad en la relación matrimonial. El, nuestro Padre Dios, nos ayude iluminándonos acerca de este principio de la sumisión y que nuestras voluntades estén dispuestas a aceptarlo.

PRINCIPIOS PARA UNA VIDA TRIUNFANTE

Cuando Dios creo al hombre y a la mujer, les dio una sola restricción para medir la fe y la confianza que tenían en Su ideal, Su sueño, hacia ellos; El les dijo:

De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Gen. 2:16-17. Se esperaba que ellos tuvieran confianza en lo que Dios dijo y eso es todo lo que Él espera de usted y de mí.

Si Adán y Eva confiaban en la integridad de Dios, vivirían y prosperarían con Él para siempre. Pero si abusaban de Su confianza y desobedecían su Palabra, el proceso de deterioro comenzaría y morirían.

La falta de confianza de ellos en la integridad de lo que Dios dijo fue llamado más tarde pecado.

La regla sencilla que Dios estableció fue: “La persona que pecare, esa morirá” Ezequiel. 18:4 y 20 Más tarde la repitió de otra manera: La paga del pecado es muerte. Rom. 6:23.

Nuestros primeros padres pecaron. Ahora nos toca a nosotros creer en la integridad de la Palabra del Padre y caminar sobre ella en obediencia. Esta es la clave para vivir la vida próspera y abundante.

EL MENSAJE DOMINICAL

Tema Principal: RESTAURE LA COMUNIÓN QUEBRANTADA CON DIOS.

Texto Principal: Jueces 6:17-28; Efesios 5:2; Levítico 1:9.

Introducción: Por aquellos días el compañerismo entre Dios y el pueblo de Israel estaba deteriorado por causa del pecado. Los hijos de Israel se habían apartado de Dios, ahora ellos adoraban a los dioses paganos y por esa razón ellos estaban sometidos bajo el yugo de los madianitas y amalecitas.

El amor de Dios es inagotable, es eterno e inmutable. Él siempre está dispuesto a responder al clamor de todo aquel que lo invoca; cuando los hijos de Israel clamaron al Señor a causa de los madianitas, el Señor les respondió conforme a Su misericordia.

La liberación de la esclavitud, dependía de que ellos se volvieran a Dios, que Gedeón aceptara el llamado de Dios para cortar la influencia de esas potestades que prevalecían contra el pueblo de Israel.

 

I. DIOS PERSUADE A GEDEÓN.

El concepto que tenía Gedeón respecto a Dios, era que Él los había desamparado y que por esta causa la mano de Madián prevalecía contra su pueblo.

1. Gedeón no podía creer que Dios estuviera hablando con él.

2. Gedeón estaba bajo el sentimiento de indignidad, menosprecio y culpa por causa del pecado de su pueblo.

 

II. GEDEÓN PIDE SEÑAL.

La señal que Gedeón pedía era una evidencia de que realmente era Dios quien estaba hablando con él. Las señales por lo general se perciben a través de los cinco sentidos.

1. La fe de Dios no viene a través de los sentidos.

2. La fe viene como resultado de oír el mensaje de la Palabra de Dios. Romanos 10:17.

3. Gedeón no le dio credibilidad a la Palabra de Dios, por eso pidio señal.

4. “Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo” Jueces 6:17. Gedeón quería estar seguro de que era Dios el que estaba hablando con él.

5. Gedeón no cree que la gracia de Dios lo haya favorecido. Gedeón era consciente de su pecaminosidad y de lo deteriorada que estaba su comunión con Dios. “Son las iniquidades de ustedes las que los separan de Dios. “…Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar”. Isaías 59:2 N.V.I.

6. Gedeón le pide a Dios es que no se vaya de ahí, del lugar donde estaba hablando con él. Jueces 6:18.

7. La Gracia: “Si he hallado gracia delante de ti…” Jueces 6:17. La palabra gracia en hebreo es kjanán, que significa “doblar o inclinarse en bondad hacia un inferior; favorecer, conceder”. Por ejemplo: moverse a favor mediante petición –amigablemente, apiadarse, compadecerse.

 

III. LA OFRENDA DE PAZ PARA RESTAURAR LA COMUNIÓN CON DIOS.

“Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti…” Jueces 6:18.

La ofrenda es aquello por lo que el hombre se acerca a Dios. La palabra hebrea ‘corbán’- ofrenda-, quiere decir, “algo acercado al altar”. Por ejemplo: presente u ofrenda sacrificial. La raíz de la palabra ofrenda significa acercarse.

1. Gedeón preparó un cabrito y panes sin levadura y presentó su ofrenda a Dios. Jueces 6:19.

a. Cuando Jacob buscó la bendición del primogénito, preparó un cabrito y se lo presentó a su padre Isaac. Génesis 27:8, 9, 10.

b. Los panes sin levadura representa la sinceridad y la verdad. Jueces 6:19; 1 Cor. 5:8 La levadura estaba prohibida en las ofrendas. “Por los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado, ni levadura en todo tu territorio” Éxodo 13:7 La levadura en sentido espiritual es el agente de corrupción, el emblema de las doctrinas erróneas Mateo 16:11. También significa maldad. 1 Cor. 5:6-8.

2. La ofrenda sobre la peña: Jueces 6:20.

3. La Peña es Cristo. 1 Corintios 10:4 El Ángel de Jehová extendió el báculo que tenía en su mano y tocó la punta de la carne y los panes sin levadura;…” Jueces 6:21.

4. Dios acepta la ofrenda. “…y subió fuego de la peña…” Jueces 6:21.

5. La ofrenda que Gedeón le presentó a Dios, fue la ofrenda para la restauración del compañerismo, fue la ofrenda de paz.

 

IV. LOS TIPOS DE OFRENDAS.

Hay dos tipos distintos de ofrendas. Un tipo incluye la ofrenda relacionada con el Gran Día de la Expiación. Levítico 16. En Levítico capítulo 1 al 7 se mencionan cinco ofrendas. Las primeras tres eran ofrendas de adoración o de compañerismo Capítulo 1 al 4. Y las otras dos ofrecidas por el compañerismo quebratado Levítico 4 al 7. En ambos casos el objeto es el compañerismo.

1. La ofrenda del todo quemada, era una ofrenda de compañerismo, era una ofrenda de amor, era ofrecida por la espontánea voluntad del individuo. Era la ofrenda para la expiación. Lev. 1:1-4.

2. El israelita espiritualmente muerto no podía entrar en compañerismo con Dios, sin que primero se le proveyera protección.

Conclusión. Dios es el primero y más grande ofrendador. Cuando Adán pecó, Dios hizo una ofrenda, un sacrificio de un animal para cubrir con la piel del inmolado al hombre que acababa de perder la gracia, la naturaleza de Dios y su relación con Dios se había roto. Luego Él Padre nos regaló a Su Unigénito Hijo, Cristo como ofrenda de olor fragante se ofreció para la redención de la humanidad. Juan 3:16; Efesio 5:2. Con nuestras ofrendas a Dios, lo honramos, lo exaltamos y le expresamos nuestra gratitud por habernos ofrendado a Su Hijo Jesucristo. Nuestras ofrendas son olor fragante para nuestro Padre Dios. Lev. 1:9.

LA MÁXIMA

“Sin fe es imposible agradar a Dios” PABLO APÓSTOL.

LA CONFESIÓN DIARIA

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Con tremendas cosas me responderá Dios. Este es un buen día. SOY BENDECIDO.

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